EEUU y el Pacto de Olivos

Uno podría mirar el mapa teñido de rojo y preguntarse si es justo que acceda a la presidencia quien tiene sus votos concentrados en un puñado de grandes ciudades, en una pequeña cantidad de territorio y quede postergado quien domina en adhesiones el 90% del espacio nacional. Un tema que ciertamente tiene que ver con el federalismo y el concepto que de él se tenga en cada país.

Por Gonzalo Neidal
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mapaHillary no ganó porque no firmó el Pacto de Olivos, podría decirse como una broma. En efecto, ella sacó más votos que Donald Trump pero perdió en cantidad de representantes al colegio electoral. En rigor, los comicios arrojaron un virtual empate con apenas 300.000 votos de diferencia sobre un total de 120 millones. En Argentina el sistema de colegio electoral quedó suprimidopor la reforma constitucional de 1994, producto del acuerdo entre Menem y Alfonsín, conocido como Pacto de Olivos.
¿Es justo este sistema? Según cómo se mire. Apenas conocido el escrutinio apareció Michael Moore diciendo que se trata de un mecanismo arcaico y que no es justo que quien gane en cantidad de votos pierda la presidencia. Es un modo de ver las cosas. Pero si observamos el mapa que acompaña estas líneas, donde se ha coloreado con rojo y azul cada uno de los condados de cada uno de los estados, vemos que el predominio territorial de Trump sobre Clinton ha sido abrumador. En el TEG, Trump barrió. Hillary concentró sus votos en las grandes ciudades, en los condados costeros de California, en los del sur de Tejas, en los estados vecinos a Nueva York, en la propia ciudad cosmopolita y en los condados más poblados de Florida. En el resto, ganó Trump.
Entonces uno podría mirar el mapa teñido de rojo y preguntarse si es justo que acceda a la presidencia quien tiene sus votos concentrados en un puñado de grandes ciudades, en una pequeña cantidad de territorio y quede postergado quien domina en adhesiones el 90% del espacio nacional. Un tema que ciertamente tiene que ver con el federalismo y el concepto que de él se tenga en cada país.
Otro aspecto de los comicios del martes es la inevitable comparación que se establece entre Trump y Macri. Uno es empresario rico, el otro también. Uno es un outsider de la política, el otro casi. Ambos son considerados de derecha. Sin embargo, Macri expresó su apoyo a Hillary, lo cual fue una gran imprudencia, como puede verificarse ahora. La más empecinada en esa conducta ha sido sin duda la canciller Susana Malcorra que aún después de conocido el resultado se lamentó de que no hubiera ganado Clinton. Gran amateurismo. Macri debería reconsiderar la permanencia de Malcorra en su cargo ya que no ha demostrado especial aptitud ni solvencia para ocuparlo.
Pero ahí terminan las comparaciones posibles. En muchos otros aspectos, Trump se parece más a nuestro populismo que al movimiento que encabeza Macri.
La distribución del voto en la Argentina ha sido al revés: Cómo Hillary,Macri ganó en las grandes ciudades y el peronismo en el interior profundo. Trump se muestra como un enemigo de la globalización, al revés que Macri. Trump apela a las emociones del votante, realiza invocaciones patrióticas, toca la fibra nacionalista, enfoque mucho más afín al peronismo local. La extracción social del votante de Trump, con las singularidades de uno y otro país, se parece más a los votantes peronistas que a los de Macri. Pero se trata de países distintos, con psicologías diferentes.
Eso sí: en cada uno de ambos países, ganó el menos pensado.