Despidos en Ersa por camuflar “día de furia” de un chofer

Empleados y delegados que promovieron el paro en dos líneas, este miércoles, alegaron falta de seguridad. El motivo real: evitar el despido de un chofer que, en un rapto de ira, embistió los cajones de gaseosas que descargaba un camionero porque le impedían el paso. Cinco agentes serán despedidos.

Por Yanina Passero
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ersaPasa en las películas, también en la vida real. Son varias las piezas cinematográficas que muestran a sus protagonistas con explosivas descargas de estrés producto de injusticias típicas de vida cotidiana. Quién no recuerda a William Foster, un empleado de un buffet de abogados encarnado por Michael Douglas en Un día de Furia o a Simón “bombita” Fisher (Ricardo Darín) de Relatos Salvajes.
Ambos tienen en común la vivencia de situaciones ordinarias –aunque injustas- que, combinadas con sentimientos personales, pueden desatar el caos. Sus historias permiten la fácil identificación del espectador que pudo protagonizar o convertirse en testigo de episodios similares.
La fauna urbana ofrece un manantial de estos eventos donde un vecino colérico se descarga contra el cajero de un banco por la demora o un médico es agredido por los familiares de un paciente. Ni que decir de los cruces verbales y físicos entre automovilistas.
Un chofer de la empresa de transporte urbano Ersa estelarizó esta semana un hecho como el último comentado, cuando conducía una unidad de la línea 70. El conductor y ex secretario de la UTA Córdoba en tiempos de Alfredo “Cuchillo” Peñaloza habría tenido un mal día y descargó su ira contra un repartidor de una marca de gaseosa que, dicen, ofrece la felicidad embotellada.
Fuentes sindicales y empresarias coinciden con el relato que sigue: el colectivero apodado “El Dálmata” embistió con la unidad que conducía los cajones de bebidas que obstaculizaban su paso, cuando consideró que ya había esperado demasiado. Un acto poco civilizado, en especial en horas de trabajo y con pasajeros a bordo.
Cuando el directorio de la empresa correntina habría constatado la denuncia policial del camionero agredido, resolvió iniciar los trámites de despido del iracundo chofer. Sobraban las causales para poner un punto final al contrato de trabajo.
La UTA Córdoba se hizo de una fama que exigirá un arduo trabajo a los nuevos referentes para revertirla. La reputación del sindicato, que hasta hace poco estuvo a cargo del desplazado Ricardo Salerno, está fundada en la apelación a paros antojadizos para reclamar por asuntos que escapan a las agendas sindicales sensatas y serias.
Los usuarios del sistema de transporte cordobés han quedado en medio de rencillas propias de la política interna del gremio o paros patronales para torcer decisiones del poder concedente del servicio. La lista podría ser infinita y esta semana ofreció su ejemplo más insólito.
Fuentes sindicales admiten, sin ocultar su disgusto, que el paro de este miércoles en las líneas 70 y 74 obedeció a una jugada de un grupo reducido de delegados y choferes que intentaron detener la desvinculación del trabajador que estuvo involucrado en la rencilla callejera.
Se confirma una vez más la regla que indica que los argumentos esbozados por los choferes para acudir a herramientas de impacto serían falaces. Las voces cantantes de la protesta aseguraban que no estaban dadas las condiciones de seguridad e higiene para prestar el servicio.
Más tarde, el interventor de la seccional sindical afirmó que los delegados no informaron la medida ergo no estaba avalada por las autoridades máximas de la UTA. Voceros de Ersa rápidamente indicaron que despacharían telegramas de despidos para una veintena de empleados que no prestaron servicios.
Finalmente, los sindicalistas acordaron con las autoridades de la concesionaria que no serán sancionados los empleados que acataron las disposiciones inconsultas de los delegados. Lo cierto es que la carta blanca no fue entregada para todos. En la jornada de hoy, cinco agentes recibirán los telegramas de despido. En la nómina se encuentran los choferes y delegados que promovieron la protesta y, por supuesto, del chofer implicado en la denuncia.
Sucede que el gremio atraviesa una situación delicada. El interventor y secretario general de UTA Formosa, Luis Arcando, junto al secretario del Interior de UTA Nacional, Jorge Kiener, trabajan para recomponer las estructuras gremiales socavadas por la anarquía. El paro sin avales se presenta como un desafío a las nuevas autoridades, como una clara resistencia al nuevo código sindical que quieren imponer los hombres que responden a Roberto Fernández.
Si bien los flamantes referentes quieren poner paños fríos al conflicto, está claro que no dejarán pasar la tropelía de un grupo de representantes de base que insisten moverse en contra la corriente.