Francisco recargado

Cada semana, casi, nos ocupamos de Francisco. Sucede que Francisco no para de hacer política y de opinar sobre economía. Y su palabra tiene especial influencia en la Argentina.

Por Gonzalo Neidal
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francisco-recargadoCada semana, casi, nos ocupamos de Francisco.
Sucede que Francisco no para de hacer política y de opinar sobre economía. Y su palabra tiene especial influencia en la Argentina. Sus palabras, son hechos de la política local. Y no se trata de un efecto colateral de sus dichos sino de una acción deliberada, enderezada a tener influencia sobre la política local.
Aquí no hay ingenuidad. Hay intención.
Este sábado que pasó, el Papa reunió a miles de integrantes de movimientos llamados “populares” o “sociales” de más de sesenta países de todo el mundo, incluso de la Argentina. Y, por supuesto, dio un discurso a todos ellos.
Francisco juega con fuego en este tema. Alienta a estos movimientos a desbordar la democracia, a la que subestima porque él piensa que es “formal” y además ha sido capturada por “el dinero”.
Lo dice con estas palabras:
“La brecha entre los pueblos y nuestras formas actuales de democracia se agranda cada vez más como consecuencia del enorme poder de los grupos económicos y mediáticos que parecieran dominarlas. Los movimientos populares, lo sé, no son partidos políticos y déjenme decirles que, en gran medida, en eso radica su riqueza, porque expresan una forma distinta, dinámica y vital de participación social en la vida pública. Pero no tengan miedo de meterse en las grandes discusiones, en Política con mayúscula y cito de nuevo a Pablo VI: «La política ofrece un camino serio y difícil -aunque no el único- para cumplir el deber grave que cristianos y cristianas tienen de servir a los demás»
Francisco desprecia la democracia a la que atribuye ser manejada por “grupos económicos y mediáticos”. Inmediatamente dice que los movimientos populares son en cierto modo mejor que los partidos políticos ya que tienen mayor riqueza. Y alienta a estos movimientos para que participen en los grandes debates políticos. Pero –y Francisco lo sabe- nuestra democracia se funda y expresa mediante partidos políticos.Entonces, ¿cómo habrían de participar estos movimientos si, a la vez, Francisco degrada la democracia y la descalifica por no escuchar a los pobres? ¿Haciendo lío? ¿Con la movilización y el reclamo por fuera de las instituciones?
Francisco jamás pondera a la democracia. No lo hizo en Cuba, donde no la nombró ni una sola vez. No la pone en un primer plano en Venezuela, donde acepta los desplantes de Maduro, quien está utilizando a Su Santidad para dilatar y salirse con la suya.
¿Dónde radica la razón de la pobreza según la visión papal? En una suerte de egoísmo de los hombres. Pero no de todos. De los ricos. La dictadura del dinero que, nos dice, es la principal razón de la violencia que reina en el mundo. El dinero es la razón de todos los males. De ahí deriva la violencia social, la violencia étnica e incluso la derivada del narcotráfico. Todo el mal se origina en la dictadura del dinero.
¿A qué se refiere, concretamente, Francisco con esto? No lo aclara. Pero podríamos pensar que se refiere a los países poderosos. En el ámbito de influencia de la Iglesia católica, a los Estados Unidos y Europa Occidental. Curiosamente, en estos países rige la democracia. Con problemas, con limitaciones, incluso con exclusiones pero rige. Mucho más que en China, que en Rusia, que en Venezuela o Cuba. De tal modo, la vigencia de la democracia no tiene ningún valor para el Papa ya que convoca a los movimientos populares a hacer oír su voz “por fuera” de los partidos políticos.
Además, Francisco incita a sus fieles “a no dejarse encorsetar”. ¿Qué significa eso? Aquí lo dice con sus propias palabras:
“Primero, no dejarse encorsetar, porque algunos dicen: la cooperativa, el comedor, la huerta agroecológica, el microemprendimiento, el diseño de los planes asistenciales… hasta ahí está bien. Mientras se mantengan en el corsé de las «políticas sociales», mientras no cuestionen la política económica o la política con mayúscula, se los tolera”.
Incita a “luchar” sin hacer caso a las vías institucionales por las que se canaliza la lucha en un sistema democrático. Si los movimientos populares quieren entrar en el debate grande, como les propone Francisco, entonces deberían cumplir aquel reiterado mandato de Cristina: armen un partido, preséntense a elecciones y así accedan al poder o a parte de él. ¿O Francisco tiene en mente alguna otra forma de tener presencia en la política nacional? En ese caso ¿cómo sería?
El ansia de protagonismo va endureciendo día a día la propuesta social del Papa hasta niveles de gran peligro. No faltará quienes interpreten sus dichos como una virtual incitación a la rebelión.