Ascensión del aeronauta y su perrito

Entre los intrépidos viajeros en globo que tuvieron ocasión de saludar a los cordobeses con acrobacias desde el aire, los diarios recuerdan la visita de un tal Ceballos, mexicano, cuando casi se iniciaba el último cuarto del siglo diecinueve.

Por Víctor Ramés
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Ascenso de un globo aerostático en la Plaza Mayor de Medellín (Colombia) en 1875.
Ascenso de un globo aerostático en la Plaza Mayor de Medellín (Colombia) en 1875.

Precedido por noticias de una tragedia reciente, vino a Córdoba en 1874 desde Rosario, un aeronauta mexicano que hacía acrobacias en globo e involucraba en su número a un perro al que lanzaba en paracaídas. Menciones a este aeronauta lo sitúan en Montevideo, en 1873, donde se cita “la ascensión del aeronauta mexicano Teódulo Ceballos desde la Plaza de Cagancha”( La aerostación en el Uruguay durante el siglo XIX, por Juan Maruri). También registra Eloy Martín, al historiar el Parque Aerostático de Belgrano, que “el mejicano Teódulo (ó Teodoro) Cevallos (o Zeballos), llegó al país procedente de Montevideo en los primeros días de marzo de 1874 y traía un esférico que tenía una envoltura de 15 m de altura (18 varas) y 25 m de diámetro (30 varas) del cual pendía un trapecio en el que hacía todo tipo de ejercicios.” El aeronauta venía de protagonizar ascensiones en Rosario, Córdoba y Buenos Aires.
El arribo de Ceballos a Córdoba fue anticipado por una noticia trágica. Unos días antes, durante uno de sus ascensos en Rosario, había muerto un jovencito de 14 años, llegado de Fraile Muerto (hoy Bell Ville, Córdoba), al no haber soltado la cuerda al mismo tiempo que lo hacían los demás, para que el globo iniciase el ascenso. Este episodio enlutó el número de Ceballos, sin opacar su carrera ya que no hubo negligencia suya en lo ocurrido. Sobre el hecho informaba el diario El Progreso de Córdoba el 14 de marzo de 1874, tomando la noticia de hacía algunos días, de La Opinión de Rosario:
“Un suceso horrible, tanto más horrible cuando era inesperado, ha venido a conmover la población del Rosario, el domingo.
La plaza de López se hallaba llena de gente esperando la ascensión del intrépido aeronauta Zeballos.
Eran las de la tarde y el globo inflamado ya suficientemente iba a ser largado en los aires.
Zeballos se prepara, va a largarse en el especio y ordena a los que tenían las cuerdas que las suelten. Todos obedecen menos un niño de 14 años, llamado Nicacio Rosas, que desde el principio había estado allí al lado del globo.”
Según relata el diario rosarino, Ceballos había obligado un momento antes a Rosas a soltar la cuerda, llegando a pegarle en las manos, pero el pequeño imprudente se volvió a aferrar en cuanto pudo. Cuando a una orden del aeróstata se produce la suelta, el infortunado niño es arrastrado hacia la altura por la velocidad ascensional del globo. Esto dice el periódico citado en El Progreso:
“El globo sube rápidamente, llevando a Zeballos en el trapecio y a Rosas a un costado colgado de una cuerda,
Pronto llega a una altura, calculada de 4 a 5 cuadras de altura.
Los espectadores, cuya mayoría ignorábase que había sucedido, pero que dudaban si el otro que llevaba el globo era en realidad un ser vivo, seguían en profundo silencio,
Derrepente, y cuando este parecía llegar a su mayor altura, se ve desprenderse al desgraciado Rosas, y descender rápidamente en los aires.
Un grito unísono, de horror salió de toda la inmensa multitud.
Rosas bajaba primero en la posición natural, tomando después la posición horizontal, viniendo a caer como dos cuadras del sitio de partida, en una quinta.”
Pocos días más tarde, el domingo 15 de marzo, se produce la primera ascensión de Ceballos en Córdoba. Como ocurrirá en futuras levitaciones aerostáticas, el escenario de los Molinos Ducasse, a orillas del río, ofreció la amplitud adecuada para un espectáculo de esta naturaleza y allí se amontonó el público, ansioso por ver elevarse al mexicano. Una cita de El Progreso:
“A las 4 de la tarde una inmensa concurrencia como de dos mil personas, esperaba con ansia ver deslizarse por los aires a un hombre pendiente de un globo, haciendo mil pruebas en el trapecio según se anunciaba.
Efectivamente a la hora indicada poco más o menos, hizo su ascensión el Sr. Ceballos con arrojo indescriptible, pues el público se quedó absorto pasmado al ver aquel hombre lanzado en el espacio con todos los peligros consiguientes hasta los que traen los incidentes casuales.
Ceballos ascendió llamando la atención de todos los espectadores que por todas partes se encontraban anteojo en mano en las azoteas.
Desde el momento que se elevó hasta que se perdió de vista en el espacio, no dejó de hacer las más difíciles pruebas en un trapecio que llevaba pendiente de las cuerdas que sujetan al Globo.
Ya puede imaginarse el lector, la distancia que había de la tierra, cuando el célebre Ceballos no se veía sino como una pequeña golondrina entre las nubes.”
Y apenas concluida esa prueba aérea, ya se anunciaba una próxima, planeada en el centro mismo de la ciudad: “Se dice con generalidad que el Domingo tendrá lugar otra ascensión en el globo por el señor Ceballos y que esta vez partirá de la plaza pública.
Indudablemente el espectáculo será magnífico.
Para esto se dice que la Municipalidad y el gobierno van a dar una suma para costear los gastos de la ascensión.”
La última noticia de Ceballos es el relato de su último ascenso local en El Progreso. Provoca una sonrisa involuntaria el texto, cuando afirma que el acróbata había hecho “miles de pruebas de equitación”. Esto evoca la hazaña de otro mexicano, Don Joaquín de la Cantolla y Rico en 1863, sobre quien se afirma: “conocida es la sensación que causó en la sociedad de su época por la audacia de que hacía gala y ocurrencias tales como ascender con todo y el caballo en que estaba montado.” No era el caso de Ceballos, claro, quien en esta ocasión sufrió “un terrible golpe en una de las azoteas que tenía a un costado, resultando herido, según nos han dicho”. No obstante, el aeronauta y acróbata logró realizar su número y hacer parte de él a un animal al que lanzaba por la borda:
“Despreciando los terribles dolores que en aquel momento saliera, se lanzó en el espacio haciendo como siempre miles de pruebas de equitación.
Ceballos en aquel momento fue aclamado por todo el pueblo admirando el arrojo y decisión poco común en los hombres.
Pendiente de una cuerda iba también un perrito perfectamente bien acondicionado, que lo largó luego de elevarse, en un para-caída.”