La mitad de los asalariados gana menos de $ 8000

El 30 por ciento que le sigue obtiene remuneraciones entre $ 8.000 y $ 15.000 mensuales y el 20 por ciento más alto gana más de $ 15.000 mensuales.

2016-10-31_obrero_un_pesoLa discusión sobre el alcance de Ganancias que tanto tiempo y reclamos lleva acumulando desde hace tiempo parece extemporánea cuando hay un tema clave sin resolver en la Argentina: la mitad de los asalariados no alcanza los 8000 pesos mensuales.
El sinceramiento de los datos del Indec confirma que la desigualdad en la distribución personal de los ingresos es persistente. Las políticas tradicionales como la reapertura de paritarias, el bono de fin de año o exenciones en el impuesto a las Ganancias -señala la consultora Idesa- “no aportan solución ya que la mitad de los ocupados cobran menos del salario mínimo legal y se desempeñan en la informalidad. La prioridad es crear un estatuto tributario y laboral especial para pequeños emprendimientos”.
Según datos oficiales,en el 30 por ciento de los hogares de menores ingresos, habita el 42 por ciento de la población recibiendo sólo el 16 por ciento de los ingresos urbanos totales. En el otro extremo, en el diez por ciento de los hogares de más altos ingresos, vive el seis por ciento de la población recibiendo el 23 por ciento del total de los ingresos urbanos
El fenómeno responde a múltiples factores. Uno, no trivial, es el tamaño de las familias.
Mientras que en un tercio de los hogares de menores ingresos el tamaño familiar promedio es de 4,3 miembros por hogar, en el diez por ciento de mayores ingresos es de apenas 1,9. Otro factor relevante es la capacidad de generación de ingresos laborales de sus miembros.
En este último apartado, el Indec también publica la distribución de los ingresos según la ocupación laboral principal de los miembros de estos hogares. Según esta fuente, se observa que la mitad de los ocupados obtiene en su ocupación principal remuneraciones inferiores a los $8.000 mensuales; el 30 por ciento que le sigue obtiene remuneraciones entre $8.000 y $15.000 mensuales y el 20 por ciento más alto gana más de $15.000 mensuales.
Estos datos muestran las enormes brechas que se presentan en el mercado laboral. La mitad de los ocupados no alcanza a generar en su ocupación principal remuneraciones que lleguen al nuevo salario mínimo legal (recientemente fijado en $8.060). Sólo un quinto de los ocupados tiene remuneraciones superiores a $15 mil, valor que es la mediana de remuneraciones de los trabajadores asalariados registrados lo que evidencia que gran parte de la desigualdad en la distribución de los ingresos se genera en las diferencias de remuneraciones entre los trabajadores formales e informales.
La informalidad está fuertemente asociada a muy bajos niveles de productividad. A esto contribuye la insuficiente formación de la gente y un entorno que discrimina a los pequeños emprendimientos. Para las empresas más chicas es difícil acceder al financiamiento productivo, sufren más intensamente las deficiencias de la infraestructura y tienen menos medios para lidiar con regulaciones complejas y burocráticas. Aquí se destaca la alta carga financiera y administrativa derivada de la superposición de impuestos que golpea peor a las empresas más chicas.
Un fenómeno análogo ocurre con la legislación laboral y los convenio colectivos. El resultado es que sólo las empresas grandes y modernas operan en la formalidad. El resto, por tener niveles de productividad bajos, usan el incumplimiento de las normas como principal estrategia de sobrevivencia.
Ante esta realidad, Idesa sostiene que es baja la eficacia de las políticas que priorizan los controles, como la policía del trabajo. “También es mezquino el impacto de las tradicionales negociaciones entre el Estado nacional, los grandes empleadores y los sindicatos centralizados. Al quedar excluidos los trabajadores informales y los pequeños emprendimientos, naturalmente sólo se generan beneficios para la elite formal. Testimonio de ello son las propuestas de reapertura de paritarias, bonos de fin de año y exenciones del impuesto a las ganancias que benefician sólo a los trabajadores de más altos salarios”, agrega.
La nueva Ley Pyme es un avance, pero para empresas de cierto porte, que no es donde se concentra la informalidad masiva. En igual sentido, el proyecto de ley de Primer Empleo -que sería muy positivo que el Congreso lo aprobara, para la consultora- también va en el sentido correcto, aunque limitado a empresas con cierta capacidad administrativa. Para aspirar a un proceso de formalización masiva se requiere mucha más innovación y audacia. Aquí aparece como el instrumento más apropiado un estatuto especial para micro-empleadores que los excluya de las normas tributarias y laborales generales.