La delgada línea entre arte y falsificación

El primer caricaturista político que tuvo Córdoba, el artista genovés Carlos Armanino, se vio enredado antes de llegar a esta ciudad en un episodio policial en Rosario.

Por Víctor Ramés
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El litógrafo y dibujante Carlo Ippolito Armanino (1834-1921).
El litógrafo y dibujante Carlo Ippolito Armanino (1834-1921).

En una entrega anterior, Córdobers echó un vistazo a la caricatura política local publicada por el diario La Carcajada entre 1874 y 1875, que incluía cada día una litografía a toda página. Fue este un importante aporte a la visualización de la vida pública en Córdoba –cierto que con filosa acritud-. La Carcajada introdujo a sus lectores en una nueva época. Ese adelanto en la comunicación gráfica local fue posible gracias al arribo a esta ciudad en 1872, llegado de Rosario, del dibujante, grabador y litógrafo italiano Carlos Armanino.
El artista procedía de una familia de tradición en la litografía y en la producción editorial, I Fratelli Armanino, cuyo taller estaba instalado en Génova desde la primera mitad del siglo XIX y gozaba de prestigio internacional. Según registro genealógico disponible en la web, Carlos Armanino “llegó a Bs. As. el 12 de noviembre de 1857 en el bergantín sardo Caterina procedente de Génova”. No fue el único litógrafo de la familia Armanino venido a Sudamérica, ya que hay registro de que un hermano mayor suyo, el grabador Leopoldo Armanino, trabajaba en 1856 en un importante taller tipográfico que producía partituras musicales en Bahía, Brasil.
El experto en numismática A.J. Cunietti-Ferrando provee detalles sobre los inicios de Carlos Armanino en Buenos Aires “donde se había especializado en la confección de planos y relevamientos topográficos que imprimía en la litografía de Jules Pelvilain. Hábil dibujante, realizó muy logrados retratos de los cantantes líricos de moda que actuaban por ese entonces en el recién inaugurado Teatro Colón, alguno de los cuales publicó Pilvilain en el semanario El Artista.”
Casado con una descendiente de italianos, Telésfora Dari Queretti, con quien tuvo varios hijos, el litógrafo se instaló en Rosario en 1869. En esa ciudad circulaban desde 1858 diarios y revistas ilustradas que salían de más de una docena de talleres litográficos instalados por artistas en su mayoría alemanes, y algunos italianos entre quienes se contaba el inmigrante genovés. En 1872, Armanino dejó Rosario y decidió trasladarse a Córdoba, donde vivió hasta fines de los años ’80, falleciendo en Buenos Aires en 1921.
Efraín Bischoff lo cita, cuando anota en su Periodismo Cordobés y los años ’80 que en 1883 “dos jóvenes rosarinos, Servando A. y Federico Gallegos, que por aquel tiempo se encontraban en Córdoba cursando sus estudios universitarios, tuvieron la iniciativa de publicar El Periódico, semanario en el que, además de las consiguientes litografías hechas por Carlos Armanino, que fue el primer artista de esa naturaleza llegado a Córdoba y que desarrolló una intensa labor, se reunían numerosas expresiones literarias.”
Entre los motivos que habrían movido a Armanino a dejar Rosario e instalarse en Córdoba con su familia, se cuenta un episodio narrado por Arnaldo José Cunietti-Ferrando en un breve trabajo publicado en los Cuadernos de Numismática y Ciencias Históricas. (Agradezco el auxilio bibliográfico prestado por la Comisión del Centro Numismático de Córdoba para acceder a ese texto.) En 1969, varios cambistas que introducían y pasaban billetes falsos de 20 pesos del Banco Mauá de Santa Fe caen a manos de la policía de Buenos Aires y confiesan que los mismos eran confeccionados en Rosario. Por esta causa “se allanaron y registraron todas las litografías existentes en esa ciudad y se detuvo a los artistas Federico Barruti, Carlos Armanino y Santiago Caccia.” Armanino, aunque liberado por falta de mérito, publica una carta el 21 de octubre de 1869 en el diario El Constitucional de Mendoza, bajo el título “Los Falsificadores”, que Cunietti rescata:
“Los diarios La Patria y El Federalista no han dicho nada más sobre el registro de talleres de litografía y gravados de esta ciudad que se ha hecho por la Policía en virtud de una petición de la de Buenos Aires, que habían sido presos varios artistas recomendando la brevedad en la justicia para que no sufrieran inocentes.
El diario La Capital con un celo exagerado, no solo dio cuenta del suceso, sino que ha presentado al que suscribe ante el público, como falsificador y negociador de billetes falsos, ensañándose la redacción contra mí de un modo tan cruel e injusto como falso, juzgándome y sentenciándome antes que los Jueces, por lo que tengo la necesidad de escribir estas líneas, para que el público suspenda su juicio hasta que los Tribunales fallen.
Soy un vecino de esta ciudad, establecido en ella con una litografía, casado con una hija del país y con hijos en él. He procurado y procuro adelantar en mi arte para ponerme a la altura de otros artistas a quien los Bancos y casas de comercio ocupan por su habilidad, y por eso en mi vida privada haciendo uso de un derecho legítimo, he procurado copiar e imitar todos los dibujos que he visto como adelantos en mi arte, haciendo ensayos y pruebas como hacen todos aquellos que estudian un arte, y estos ensayos, estas pruebas, es lo que la Policía ha encontrado en mi taller.
¿Por qué exista el papel moneda es un delito para los litógrafos y grabadores en un país estudiar las obras que se hagan de su arte en otra? Esto no es delito, no es falsificar. El delito de falsedad con escritos es fingir, o falsificar la firma de otro en perjuicio de aquel o de un tercero.
Es delito de falsedad con hechos, fabricar moneda falsa o adulterar la verdadera. El que firma esas líneas no ha falsificado ninguna firma, ni ha fabricado moneda no existiendo en poder de la Policía sino ensayos y pruebas de litógrafo y grabados algunos billetes; tres o cuatro buenos y legítimos inutilizados por las sustancias químicas y las operaciones del arte, el litógrafo al copiar una figura o una orla o adorno calcando. ¿Es esto delito? Si es así, bórrense los artículos 19 de la Constitución Nacional y 15 de la Provincia, que garanten los actos de la vida privada.
Los Tribunales han de fallar; de su rectitud espera la justicia el que ahora sufre como si fuera criminal, cárcel y grillos, viendo sufrir su familia y su nombre.
Carlos Armanino.”