Milagros de la nueva izquierda

Frecuentemente escucho a kirchneristas e izquierdistas hablar de la prensa hegemónica. De tanto en tanto cae en mis manos un ejemplar de alguno de los medios señalados. Cuando ello ocurre, quedo desconcertado.

Por Daniel Gentile

dyn80Frecuentemente escucho a kirchneristas e izquierdistas hablar de la prensa hegemónica. De tanto en tanto cae en mis manos un ejemplar de alguno de los medios señalados. Cuando ello ocurre, quedo desconcertado. Denunciadores y denunciados manejan el mismo idioma, la misma jerga, el mismo discurso. Comentarios periodísticos posteriores al paro nacional de mujeres del “miércoles negro”, abundan en palabras como flagelo, tragedia, machismo, víctimas… y casi no hace falta seguir. Pero los escritores de los medios acusados por la izquierda, luego de ornamentar debidamente su panegírico al “Ni una menos”, terminan con el consabido estribillo de que todo el peso de la responsabilidad de la violencia contra las mujeres debe caer sobre la milenaria cultura dominada por el paradigma de que la mujer es pertenencia del varón.
Con más límpida prosa marxista, el Secretario de Cultura del Partido Obrero o del MST podría escribir, a propósito del mismo episodio: “En la familia, el hombre es el burgués y la mujer el proletariado”.
Como el socialismo ha dejado de ser obrerista para ser feminista, el enemigo ya no es el capital sino el heteropatriarcado. Las palabras y consignas de esta nueva izquierda no molestan a los oídos burgueses.
El feminismo ha logrado el milagro de dibujar un arco que va desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha y poner en manos de los representantes de cada partido y cada respetable institución del establishment un cartelito con el famoso “ni una menos”, que parece dar un toque tan elegante, tan fashion. Brillante trabajo de infiltración ideológica, facilitado por la sencillez intelectual de una mayoría obediente diseminada entre todas las clases sociales y culturales, y por la cobardía de los que advierten la falacia argumental de esta ideología pero no se animan a remar contra la corriente.
Si fuera cierto que estamos dominados por una cultura machista y que “el machismo mata”, la mayoría de las mujeres morirían asesinadas por hombres.
La violencia no tiene género. Y si aceptamos el término “violencia de género”, sólo podría aplicarse a la que se ejerce contra una mujer por ser mujer o contra un varón por ser varón. Nada indica que las pobres chicas cuyos nombres se utilizan y manosean en cada marcha movilizada por la consigna “Ni una menos”, hayan sido asesinadas por ser mujeres.
Parafraseando al ensayista Agustín Laje, especialista en el apasionante fenómeno de la reconversión de la izquierda, puede afirmarse que enfocar la violencia a través del cristal del género es una infamia y además un grave error. Es una forma de no querer combatir la violencia.
El asesino es básicamente un psicópata, y la psicopatía tampoco tiene género. El que mata es un hombre. O una mujer. No un género, ni una cultura machista o sexista.
A los medios hegemónicos, que artesanalmente modelan el pensamiento y el sentimiento del ciudadano medio, en realidad no les importan las mujeres asesinadas, sino las mujeres asesinadas por hombres. No les importan los hombres asesinados por hombres, ni los hombres asesinados por mujeres, ni las mujeres asesinadas por mujeres. Y mucho menos los niños asesinados por sus madres, y los que serán legalmente asesinados antes de nacer si prosperan las consignas que se propalan en estos actos a los que dedican exaltados ditirambos.
La más grotesca de las escenas de la última marcha se vivió cuando los manifestantes coreaban “Macri, basura, vos sos la dictadura”, mientras dirigentes y militantes del Pro y sus aliados radicales se hacían fotografiar con el pintoresco cartelito. Unos días después, los medios que sostienen al gobierno injuriado en la calle editorializan con el discurso que les han impuesto los insultadores, que son los mismos que denuncian la hegemonía de esa prensa.