La generación de trabajo

Desmontar el populismo en la Argentina puede llevar décadas.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

empleoDesmontar el populismo en la Argentina puede llevar décadas.
Macri no está logrando reducir los subsidios tal como pensaba cuando estaba fuera del gobierno. Más bien al contrario: ha extendido alguno de ellos, ha aumentado otros y ha creado algunos nuevos en su empeño de desmentir a los que dicen que él es un niño rico desentendido de los problemas de los pobres.
Y en los últimos días ha cedido a la presión de sindicatos e Iglesia, que le han propuesto una mesa de negociación que puede resultar una trampa, idea que ya hemos sostenido en esta misma columna.

Construir empleo no es una actividad mágica como la multiplicación bíblica de los panes y los peces. Ojalá lo fuera. Generar trabajo en forma abundante para los millones de desocupados que tiene el país es seguramente el objetivo central de este gobierno y, probablemente, de muchos de los gobiernos de la región. ¡Qué más podría desear un gobernante que eliminar completamente la desocupación! Si no lo logra, es porque enfrenta problemas de una dimensión tal que no resulta posible el acceso inmediato a semejante objetivo.

En tal sentido, resulta reveladora la breve carta enviada al Presidente Macri y firmada por José María Arancedo, presidente de la Comisión Episcopal Argentina y monseñor Carlos Malfa, secretario general. El texto tiene por objetivo apoyar la “Mesa de diálogo por la producción y el trabajo”. Su párrafo central encierra la idea que queremos destacar. Dice: “Consideramos que es un momento de responsabilidad en la clase dirigente, llamada a generar fuentes de trabajo que promuevan la libertad y la dignidad de las personas. No nos olvidemos que la mayor pobreza es no tener trabajo”.
Uno no puede dejar de coincidir en la búsqueda de tan elevados y nobles objetivos. Es el trabajo y no la limosna lo que saca de la pobreza a las personas y el que aporta a su mayor libertad y dignidad.
El llamado a la generación de fuentes de trabajo se ha constituido en un lugar común de todo reclamo, enunciado de objetivos y promesas de tipo electoral. Pero ¿cómo se hace para generar fuentes de trabajo? ¿Acaso se trata de una acción determinada por la simple voluntad de abordarla? Si fuera así, la propia Iglesia podría duplicar la cantidad de monaguillos o bien de personal de maestranza que posee, destinados al cuidado de sus preciados bienes, y de ese modo contribuiría a la mentada “generación de fuentes de trabajo”.
Pero todos sabemos que no es así como se crea empleo. Ni contratando desde el estado a personal que no cumpla funciones. Menos aún las empresas privadas pueden incorporar trabajadores a voluntad sin que eso ponga en serio riesgo la existencia misma de la empresa.
Construir empleo no es una actividad mágica como la multiplicación bíblica de los panes y los peces. Ojalá lo fuera. Generar trabajo en forma abundante para los millones de desocupados que tiene el país es seguramente el objetivo central de este gobierno y, probablemente, de muchos de los gobiernos de la región. ¡Qué más podría desear un gobernante que eliminar completamente la desocupación! Si no lo logra, es porque enfrenta problemas de una dimensión tal que no resulta posible el acceso inmediato a semejante objetivo.
Generar empleo es el resultado de una larga serie de aciertos que lleva a la generación de confianza en el país y en los sucesivos gobiernos para que luego los empresarios decidan expandir sus actividades industriales o comerciales y para ello decidan invertir su capital para lograr obtener ganancias. El resultado de todo ese proceso es la generación de puestos de trabajo, que tanto desvela a la Iglesia y a los gobernantes.
La intención de saltear estos pasos resulta siempre una ficción. Se obtienen efectos inmediatos que hacen pensar que uno se encuentra en la ruta correcta pero a los pocos meses o años se pagan las consecuencia con la involución que lleva todo al punto de partida o aún más atrás.
La tentación de caer en la búsqueda de soluciones fáciles y voluntaristas a un tema tan complejo es también una parte importante del problema de la desocupación.