La FAM, nuevo argumento de UCR para alejar a Schiaretti de Macri

A finales de la semana pasada, se conoció un duro comunicado de la alianza Cambiemos a raíz de la decisión de diferentes intendentes del peronismo provincial por apoyar a Verónica Magario, alcalde de La Matanza, al frente de la Federación Argentina de Municipios (FAM).

Por Pablo Esteban Dávila

ilustra3En Córdoba, Cambiemos tiene bien claro quién es el adversario: el peronismo de Juan Schiaretti y José Manuel de la Sota. Por el contrario, el presidente Mauricio Macri no parece tener la misma certeza; tanto él como su ministro estrella, Rogelio Frigerio, se sienten muy a gusto con el gobernador. Si por ellos fuera, la política mediterránea bien podría ingresar en un estado de hibernación sine die.
Es un juego de realpolitik y todos los interesados comprenden la situación, aunque diste de gustarles. Los radicales, quizá los más empeñados en diferenciarse del peronismo, saben perfectamente que Macri no puede deteriorar la relación que mantiene con Schiaretti debido, entre otras razones, a que Córdoba es el distrito que le dio la victoria. Los macristas, por su lado, sólo esperan instrucciones desde la Capital Federal, aunque siempre cuidando su relación con la UCR por comprensibles motivos estratégicos.
En la Casa Rosada sucede otro tanto. Ya lo hemos señalado en otras oportunidades: Macri no percibe al gobernador como un opositor. Integra un lote de peronistas aceptables, con quienes firmaría un acuerdo político si se le presentara la mínima oportunidad. Por diferentes razones esto no es posible (tampoco Schiaretti podría aceptar un convite semejante, al menos por ahora), pero esto no lo inhibe de cuidar especialmente su relación con el Panal a pesar de las rabietas de su militancia local.
Inhabilitados de recurrir al poder central para refrendar su vocación de antagonistas, las espadas de Cambiemos necesitan actualizar, cada vez con mayor frecuencia, sus motivos de agravio frente al gobierno de Unión por Córdoba. En este punto, la creatividad que despliegan es, cuanto menos, encomiable.
A finales de la semana pasada, se conoció un duro comunicado de la alianza a raíz de la decisión de diferentes intendentes del peronismo provincial por apoyar a Verónica Magario, alcalde de La Matanza, al frente de la Federación Argentina de Municipios (FAM). El documento fue todo lo contundente que podía serlo. Sostuvo que esta posición “pretende complicar la estabilidad política de los actuales gobernantes” y que el PJ de Schiaretti “priorizó sus intereses partidarios (votando) a espaldas de la gente (…) a la ultrakirchnerista Magario”. Con tal apoyo, radicales y macristas protestaron que Unión por Córdoba tuvo “la oportunidad histórica de federalizar institucionalmente a los miles de municipios de toda la Argentina” pero que, a pesar de tal ocasión no lo hizo, demostrando que “quiere volver al pasado que la gran mayoría de los argentinos decidió dejar atrás”. En otras palabras, Cambiemos acusó al oficialismo, sin medias tintas, de haberse convertido tardíamente al kirchnerismo.
No hay dudas que el mensaje es fuerte e inequívoco. Pero, a poco de analizarse, presenta sin embargo dos aristas cuanto menos opinables. La primera es sostener que el peronismo mediterráneo se ha vuelto K; la segunda, atribuirle a la FAM un atributo de gobernabilidad que, en rigor, no lo tiene en absoluto.
No escapa a nadie que, si de algo no puede acusarse a Unión por Córdoba es de entendimiento alguno con la tropa de Cristina Kirchner. La distancia entre tales expresiones ha sido históricamente tan abismal que no merece mayor repaso en este análisis. Tampoco le conviene al gobernador ni a De la Sota, su antecesor y futuro candidato, dar mensajes ambiguos en esta cuestión tan central. Cargar sobre este aspecto, no obstante que legítimo desde una perspectiva agonal, no puede ser considerada como una estrategia capaz de sobrevivir al paso de las horas.
El segundo punto quizá pueda ser sostenido por algún tiempo más, aunque se duda que convenza a alguien. La FAM no es un órgano del Estado nacional, ni tiene la posibilidad de tomar decisiones que sean autoritativas. Es, simplemente, una entidad pública sin fines de lucro que puede representar a los municipios que se adhieran en forma voluntaria. Su presidencia puede que otorgue visibilidad a quién ocasionalmente la detente, pero de ella no se derivan los atributos del poder en el sentido estricto del término. Reclamar por esa posición como si formase parte de la gobernabilidad nacional (tal como podría serlo la presidencia de la Cámara de Diputados, en manos de Cambiemos pese a contar con sólo un tercio del cuerpo) es exagerar las cosas.
Además, no puede obviarse el hecho de que la mayoría de los municipios del país se encuentran en manos del peronismo y no de Cambiemos. Si la FAM dice representar a los gobiernos locales, difícilmente podría ser otro el balance interno de fuerzas. Es complejo apelar a argumentos democráticos cuando se niega, última ratio, a reconocer el derecho de la mayoría a nombrar las autoridades de un cuerpo colectivo.
Detrás de esta virulencia se esconde la frustrada pretensión del intendente capitalino, Ramón Mestre, de liderar la Federación. Suponía que, en tal condición, hubiera tenido un roce que lo hubiera proyectado más allá de la geografía provincial y que lo habría habilitado para integrar el Parnaso macrista, monopolizado por el jefe de gabinete Marcos Peña. Pero, y no obstante que válida (dicen que es lo último que se pierde), aquella esperanza bien podría haber sido una vana ilusión teniendo en cuenta, especialmente, algunos antecedentes de relevancia.
La FAM fue presidida en dos oportunidades por sendos cordobeses. La primera vez por Rubén Américo Martí, antecesor partidario del actual intendente; la segunda, por Eduardo Accastello, entonces alcalde de Villa María. En rigor, y en contra de lo que podría suponerse, ambos dirigentes no lograron mayor cosa con la organización. Martí no pudo (o no quiso) competir por la gobernación cuando tuvo la oportunidad de hacerlo y terminó trágicamente, en tanto que Accastello se debate hoy en medio de las turbulencias generadas por la causa CBI. Si hubo un aporte decisivo de la FAM a sus carreras públicas se desvaneció bastante antes que pudieran usufructuarlo.
Así es la política. Las batallas hay que darlas escogiendo, de ser posible, el terreno más favorable. Cambiemos entiende que, detrás de la FAM de la discordia, se esconden propósitos inconfesables de Unión por Córdoba y pretende develarlos ante la opinión pública. Macri, por su parte, no parece dispuesto a amplificar la polémica más allá de los confines de la provincia. Detrás, asuman las ambiciones de Mestre por liderar el espacio y utilizarlo como trampolín de su candidatura a gobernador en 2019. Pronto aparecerán otros pretextos para la queja… ¿tendrán la suficiente contundencia como para convencer a los escépticos?