Aprender de los aciertos

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

Macri y Massa
Macri y Massa

Hace un año ya habían ocurrido las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y el resultado había sido más o menos el previsto: 40/30/20 para los principales candidatos: Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa.
Todo venía tal cual se pensaba. Mirando hacia los comicios generales, ve veía llegar un gobierno de Daniel Scioli, apoyado por el Frente para la Victoria de Cristina Kirchner. Toda otra especulación parecía fantasiosa.
Macri había quedado lejos, muy lejos, de su aspiración presidencial y Scioli, muy cerca. De los peronistas que habían votado a Massa, era muy razonable pensar que una parte se volcarían hacia el gobernador bonaerense y eso sería ya definitivo.
Entre los que esperaban un cambio de rumbo a partir de diciembre había ya cierta resignación. Muchos pensaban que Macri haría una buena elección pero que de ningún modo le alcanzaría para contrarrestar el aparato justicialista que tenía tras de sí 14 años de gobierno continuado y contaba con los recursos suficientes como para emprender una campaña electoral dispendiosa. Las PASO acababan de confirmar esto.
Entonces recrudeció la propuesta de una alianza entre Macri y Massa. La única forma de vencer al oficialismo, se decía, era sumar los votos de ambos. Era una propuesta que contaba con muchos adeptos entre el peronismo no K. Se pensaba que Massa estaba mucho más cerca de la oposición (de hecho, era parte de ella) que del oficialismo kirchnerista. Pensar en un acercamiento a Macri parecía altamente posible y conveniente para ambos pues, en caso contrario, el poder caería inevitablemente en manos de Scioli, que gobernaría bajo la influencia de Cristina Kirchner y su grupo político más cerrado.
Macri se negó a esta posibilidad y fue acusado ya de soberbio (por creer que podía derrotar a Scioli con su propia fuerza), ya de gorila (por no querer que su propuesta política se contamine con un peronista que hasta poco tiempo antes había sido uno de los más prominentes funcionarios del gobierno).
En ese momento se hacían todo tipo de cálculos. Uno de ellos era si Massa en realidad le sumaba votos a Macri. Muchos pensaban que la historia del hombre de Tigre estaba muy identificada con el peronismo y que, por esa razón, podía haber mengua en los votantes de Macri, además de una dilución de su propuesta opositora.
Macri optó por no aceptar una alianza con Massa y fue un acierto. Generalmente se invita a aprender de los errores. Está bien. Pero no viene mal aprender de los aciertos. Como ha podido verse después, Massa mantiene su identidad peronista en aspectos sustanciales y una alianza con él hubiera resultado altamente conflictiva para un gobierno de Macri. Massa tiene razonables aspiraciones presidenciales y, desde adentro del gobierno actual, hubiesen sido fatales.
Cada vez más, Massa se orienta a identificarse y sumarse con el resto del peronismo, que mantiene un perfil altamente vinculado a las políticas de los años K: el populismo con fuertes tonos demagógicos. No hay nada para reprocharle, en tal sentido: esa y ninguna otra es la identidad del peronismo. Quizá evite las aristas más filosas y extremas esgrimidas durante los años de Néstor y Cristina. Quizá exhiba otro estilo político. Pero el substrato esencial que lo mueve y orienta es el mismo.
Otra cosa, claro, es realizar acuerdos parciales sobre tal o cual aspecto o medida que el gobierno proponga o bien que nazca de una idea de la propia oposición. De eso se trata la política. Pero la responsabilidad descansa en el presidente. Para bien y para mal.