Todas contentas

Tras la ceremonia de entrega de los Video Music Awards de MTV el domingo pasado, quedó flotando en el ambiente la sensación de que Beyoncé asume el rol de quien está por encima de todo. Y que Rihanna acopia un enorme respaldo para encaramarse como su hipotética sucesora.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

ilustra-rihanna-mtvLas ceremonias de entrega de premios en la industria musical puedan ser leídas como una panorámica acerca de cuál es el meridiano actual de ese negocio que, pese a la crisis que atraviesan las discográficas, sigue moviendo millones. Más aún si los premios se otorgan a los videos, porque es ese el formato en que circulan con mayor profusión los productos musicales, sobre todo a través de los servicios que brinda Youtube, la red social que figura en la mayoría de las encuestas como una de las vías favoritas para escuchar canciones por parte de los usuarios de internet.
El domingo se llevó a cabo en Madison Square Garden de Nueva York una premiación que se planteaba distinguir a los mejores videos del año. Se trata de los MTV Video Music Awards, que vienen con el plus de estar avalados por la cadena de televisión que fue pionera en la difusión de videoclips, allá por los comienzos de los años ochenta. Son muchos los intereses en juego detrás de estos galardones, de la lista de nominados, de los ganadores y de los que animaron la velada con sus performances, que seguramente son objeto de acaloradas negociaciones detrás de escena.
Por lo que se vio en esta edición de los VMA que organiza MTV, había dos nombres de mujer que estaban destinados a acaparar la atención de los espectadores y que competían entre sí por el liderazgo en el panorama del pop internacional. Por una parte, Beyoncé, cuya fama nace a finales de los años noventa, cuando formaba parte del trío femenino Destiny’s Child. Y en el otro rincón, Rihanna, la chica de Barbados que hacia 2005 se probó el traje de estrella de la canción y que no ha parado de meter un hit tras otro durante la última década.
Con 11 nominaciones, Beyoncé llegaba con ínfulas de soberana a una ceremonia que terminó confirmando su mandato, porque cinco de las estatuillas en juego fueron para ella. Además, disfrutó de 15 minutos para poner en escena su actuación, en la que hilvanó algunas de las canciones que integran su más reciente disco, “Lemonade”. El público premió con una cerrada ovación a esta artista que se obstina en sostenerse en lo más alto desde hace casi 15 años, a pesar de que en los últimos tiempos le han surgido fuertes competidoras a diestra y siniestra. Esta vez, sin duda, la industria le reconoció méritos para extender su vigencia.
Pero hete aquí que Rihanna se las arregló para opacar el lucimiento de la estrella estadounidense. Porque aprovechó al máximo las cuatro chances que le dieron de subir a cantar sus temas y porque fue la encargada de abrir y cerrar la premiación, con todo lo que eso implica. Rihanna se hizo acreedora a la distinción Michael Jackson Video Vanguard Award, que le fue entregada por el rapero Drake, quien al presentarla hizo pública una declaración de amor que se contó entre los acontecimientos destacados de la noche, aunque no quedó clara la respuesta de ella ante su colega.
De esta manera, ambas pop stars salieron contentas. Sin embargo, quedó flotando en el ambiente la sensación de que Beyoncé asume el rol de quien está por encima de todo. Y que Rihanna acopia un enorme respaldo para encaramarse como su hipotética sucesora. Una parte importante del show en el Madison Square Garden estuvo bajo su responsabilidad. Se llevó uno de los galardones más codiciados. Y haber enamorado a Drake le garantizó la tapa de las revistas del corazón, que se pelean por la primicia de averiguar si entre el rapero y ella se ha formado una pareja.