El Papa nos habla de terrorismo

Bergoglio vivió en la Argentina de los años de plomo. Su vida política transcurrió en tiempos de alta acción terrorista y su réplica inevitable, la represión militar.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

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En su viaje de regreso desde Polonia, Francisco habló con periodistas y respondió a sus preguntas sobre temas de actualidad. Habló sobre el terrorismo en general y sobre el islámico en particular. Sus palabras dejan margen para el comentario.

“Sé que es peligroso decir esto pero el terrorismo crece cuando no hay otra opción y cuando el dinero se transforma en un dios que, en lugar de la persona, es puesto en el centro de la economía mundial”, dijo Su Santidad. Y para no dejar dudas, agregó: “Esa (la del dinero) es la primera forma de terrorismo. Ese es un terrorismo básico en contra de toda la humanidad. Hablemos de eso”.

¿Por qué dice el Papa que “es peligroso decir esto”? Porque él percibe con claridad que esa fórmula general no responde a la pregunta sobre el terrorismo pero además tiene una clara connotación exculpatoria hacia los protagonistas concretos de los actos de terror. No sólo eso: apunta con el dedo acusador a los países poderosos que son los grandes protagonistas de la economía mundial. Según la visión de Francisco, ellos son los responsables del terrorismo.

Claro que el Papa se abstiene de abundar en detalles y argumentos para sostener esta tesis. Sólo aporta fórmulas genéricas tales como “poner el dinero en el centro de la economía” y otras vaguedades completamente inconducentes para arrimar explicaciones a un tema como el que hoy inquieta a todo el planeta.

También dijo el Papa que “el terrorismo crece cuando ya no hay otra opción”. Se trata de una tesis peligrosa pues construye la imagen de gente en el borde mismo de la desesperación, colocada en esa situación por la dictadura del dinero, que entonces y como consecuencia de su situación, toma las armas y perpetra crueles atentados que matan y mutilan a centenares y aún miles de personas inocentes.

El tono dado por Francisco es en cierto modo exculpatorio de los protagonistas a quienes perdona en el discurso dado que se trataría de gente que “ya no tiene otra opción”.

Bergoglio vivió en la Argentina de los años de plomo. Su vida política transcurrió en tiempos de alta acción terrorista y su réplica inevitable, la represión militar. Él no puede ignorar que su descripción de los terroristas y su razonamiento acerca del origen de esos hechos de violencia, están lejos de explicar las motivaciones que movieron a los jóvenes que se volcaron al terrorismo en los años sesenta y setenta en la Argentina, su país.

Abundaban en las huestes de ERP y Montoneros los estudiantes universitarios y secundarios de clases acomodadas, los intelectuales, los obreros calificados y los militantes de clase media.

Bergoglio vivió en la Argentina de los años de plomo. Su vida política transcurrió en tiempos de alta acción terrorista y su réplica inevitable, la represión militar. Él no puede ignorar que su descripción de los terroristas y su razonamiento acerca del origen de esos hechos de violencia, están lejos de explicar las motivaciones que movieron a los jóvenes que se volcaron al terrorismo en los años sesenta y setenta en la Argentina, su país.

Abundaban en las huestes de ERP y Montoneros los estudiantes universitarios y secundarios de clases acomodadas, los intelectuales, los obreros calificados y los militantes de clase media. A través de las crónicas periodísticas, vemos a diario que los terroristas islámicos en muchos casos provienen de sectores medios de países desarrollados. A veces son hijos de inmigrantes pero no siempre es así. Una realidad que parece no se corresponde con el diagnóstico del Papa. Es probable que el terrorismo tenga múltiples razones que incluyen la economía, reivindicaciones territoriales, aspectos históricos profundos y, ¿por qué no? los de connotación religiosa.

Pero el Papa está empeñado de atribuir culpas “al dinero”, hacia los países más desarrollados y con más peso en la economía mundial, que son los que más aportes pueden realizar, con su producción y capacidad de innovación, a la solución de los problemas que plantea Francisco.

El tono setentista que crecientemente va tomando el discurso del Papa, hace que en la Argentina se vaya transformando en referente de los grupos más radicales y aún violentos. Todos los nucleamientos políticos que cuestionaban a Bergoglio y lo acusaban de las peores atrocidades, han devenido ahora en fervientes adoradores de Francisco, a quien han transformado en una especie de guía espiritual. Apelan a la palabra de Su Santidad para movilizarse contra el gobierno democrático recién asumido y creen leer en el discurso papal –y lo pueden hacer sin mayor esfuerzo- palabras de aliento para su combate al gobierno, al que identifican con los ricos y el dinero.

Cada día que pasa, Francisco parece insistir en su empeño de acercar un leño al fuego.