Una interna hacia ninguna parte

Cuando, siendo niños, estudiábamos de cómo Cristóbal Colón se había echado a la mar sin saber exactamente que encontraría hacia adelante, nuestra imaginación se disparaba al infinito.

Por Pablo Esteban Dávila

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Cuando, siendo niños, estudiábamos de cómo Cristóbal Colón se había echado a la mar sin saber exactamente que encontraría hacia adelante, nuestra imaginación se disparaba al infinito. La edad ayudaba: no existe nadie más aventurero que un niño, especialmente cuando la aventura consiste, esencialmente, en imaginarse como un explorador de lo desconocido.
En los libros escolares Colón, como buen héroe, estaba rodeado de villanos. Éstos, generalmente, consistían en una gavilla de supersticiosos lo suficientemente convincentes como para que la mayoría de los hombres de mar creyeran a pie juntillas que la tierra era plana y que, en sus confines, había monstruos inenarrables que gustaban de almorzar almirantes intrépidos. Colón no les hizo caso. No sólo los desafió sino que, para coronar la epopeya, descubrió un nuevo mundo y todo lo que vino después.
¿Cómo no ser, entonces, hinchas de Colón? (favor de no confundir con el club de fútbol). Audaz, aventurero, visionario, tenaz. Lindos atributos. Si a esto se le suma que el hombre sospechaba que la tierra era redonda, la idolatría se vuelve racional. Sabía lo que estaba haciendo, aunque la empresa implicara tomar riesgos enormes para los ignorantes.
Esta pequeña remembranza viene a cuento para reflexionar sobre la interna en ciernes del PRO cordobés. El diputado Héctor “la coneja Baldassi” está dispuesto a dar batalla contra la que (supone) es la claque de exucedeístas que maneja el partido. Es el almirante de la nueva política, aquella que cree encarnar por la mera pertenencia al partido de Mauricio Macri. Su macartismo le grita al oído que no puede transar con quienes no tengan un certificado de pureza equivalente al suyo.
La mejor manera de librarse de esta pesada herencia es con una interna partidaria que ponga las cosas en claro. Baldassi está dispuesto a levar anclas como lo hizo Colón y dirigirse hacia donde sea, con tal de dejar atrás a Javier Pretto y su camarilla. –“Demasiadas explicaciones tiene que dar esta gente”, bufa para sus allegados cada vez que habla sobre el tema. Su determinación parece inconmovible.
Ahora bien, ¿sabe exactamente hacia dónde va? Lo que imagina como un nuevo mundo para su partido podría ser, en realidad, exactamente lo opuesto. Marchando hacia la interna (con la misma convicción con que el genovés lo hizo hacia el Oeste) quizá termine por descubrir que, efectivamente, el planeta de la política puede estar rodeado de lugares espantosos, llenos de engendros hambrientos de vanidades humanas. Debería, en este punto, hacerles caso a los supersticiosos que le aconsejan abstenerse de navegar por aguas que no conoce.
Baldassi no puede ignorar que el padrón del PRO es una construcción, por así llamarla, endeble. Como la nueva política no cree en las afiliaciones ni en partidos robustos, casi ninguno de los dirigentes surgidos de esta cantera se ha preocupado jamás por sumar simpatizantes formales que sustenten la estructura de la fuerza. La conclusión es que el PRO, que obtuvo en Córdoba la friolera del 70% de los votos (y que es oficialismo nacional) tiene, apenas, 9.000 afiliados. El Orfeo les quedaría grande.
Pero esto no es lo peor del asunto. De esta cantidad, y de acuerdo a estimaciones internas, sólo 3.000 afiliados estarían en condiciones de ser homologados por la junta electoral y, de ellos, los que estarían efectivamente dispuestos a sufragar no superaría el 50 o 60%. Con estos números, la victoria de Baldassi o de Pretto sería pírrica. Los monstruos que los rodean procederían a comérselos sin remordimiento.
¿Podría calificarse como otra cosa que patética una elección con tal número de votantes? Difícilmente. Las flamantes autoridades que de ella surgieran, aunque legítimas, motivarían sonrisas sardónicas en el radicalismo (el nominal accionista de Cambiemos) y sonoras carcajadas en Unión por Córdoba. El discurso amarillo perdería potencia y, en la primera de cambio, tanto socios como adversarios enrostrarían a sus conductores la responsabilidad por tal raquitismo.
Este es un escenario del cual Pretto está plenamente consciente. Como viejo lobo de la política sabe que, muchas veces, hay que hacerle caso a las supersticiones antes que a los cálculos matemáticos. Baldassi o él mismo podría ganar por mayoría amplia, pero con una cantidad liliputiense de votos. Este resultado no le serviría absolutamente a ninguno de los dos. Quién se proclamara ganador de semejante batalla, antes que César, sería catalogado como el Sargento García. El exintendente de La Carlota no quiere correr ese riesgo porque no deja de recordar que, como decía Perón, del ridículo es lo único de lo que no se vuelve.
Todo esto no es tan difícil de entender pero, sin embargo, no hay señales que las partes se propongan dar el brazo a torcer. Se conoce que a Baldassi se le han caído algunos aliados del grupo “deportes en el recuerdo” (prefieren la cautela y cerrar con la actual conducción) pero que, a pesar de estas bajas, continúa en la porfía. También que Pretto y los suyos, quienes preferirían sin dudarlo un mal acuerdo antes que una buena elección, no están dispuestos a soportar al exárbitro un minuto más de lo necesario. Estos factores complican un posible entendimiento. ¿Cómo parar, entonces, el barco de la discordia antes que alcance el punto del no retorno?
Es una pregunta que sólo puede ser respondida desde Buenos Aires. A diferencia de sus socios radicales el PRO no se ha caracterizado, hasta ahora, por una vida interna formalmente diversa. Esto significa que la conducción nacional partidaria podría dar algunas orientaciones lo suficientemente obligatorias como para evitar que la sangre llegue al río. En esta especulación será determinante lo que el diputado Nicolás Massot, hombre de confianza Emilio Monzó y cordobés “par time”, converse con el presidente de la Cámara baja. Si Massot logra transmitir adecuadamente las consecuencias que tendría la interna pírrica que se proyecta, es probable que lleguen las instrucciones necesarias para abortarla. Cuál sería su contenido (o si satisficiera por igual a los contendientes) es, por supuesto, harina de otro costal.