El fugaz guiño de las encuestas

Las encuestas han ido perdiendo credibilidad. Y se lo tienen bien merecido. Lo que ofrece un pronóstico (y lo que se exige de él) es alguna coincidencia con la realidad que intenta anticipar.

Por Gonzalo Neidal
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macriLas encuestas han ido perdiendo credibilidad. Y se lo tienen bien merecido. Lo que ofrece un pronóstico (y lo que se exige de él) es alguna coincidencia con la realidad que intenta anticipar. Durante muchos años los meteorólogos han sido objeto de la burla popular. Anunciaban lluvia y teníamos una jornada de sol radiante. O al revés. Luego, afinaron la puntería. Ahora se espera lo mismo de los encuestadores.
Siempre hay encuestas que arrojan resultados insólitos, imprevistos. Muchos han de recordar el caso de un encuestador que, hace algunos años, pronosticó el triunfo de la UCR en la provincia de Buenos Aires, para las elecciones de gobernador, en un momento en que la percepción generalizada, incluidos otros encuestadores, señalaban lo contrario. Como el resultado fue el que todos vaticinaban, el encuestador explicó su grueso error por la conducta de los votantes: “no votaron conforme a lo que se esperaba de ellos”, sentenció.
Siempre hay una explicación a las mediciones. Errores de cálculo, cambios de humor de último momento, encuestados que no dicen lo que verdaderamente van a hacer con su voto, etc. En estos días circula una encuesta de Jorge Giacobbe que le da un 57% de imagen positiva al Presidente Macri. El encuestador confiesa su perplejidad: “no sabemos bien por qué”.
Lo que el encuestador está diciendo es que no se explica cómo puede ser que Macri aún conserve altos guarismos de adhesión cuando ha tomado medidas económicas que son odiosas y que afectan directamente el bolsillo de los consumidores. Además, tampoco la situación general de la economía ayuda para que amplias franjas de la población sostenga su apoyo.
En tren de arriesgar hipótesis podría decirse que una explicación es que Macri goza aún del crédito con que cuenta todo presidente en los primeros meses de gobierno. Próximo a cumplir ya ocho en el gobierno, Macri da la sensación de un presidente que está enfrentando con resolución graves problemas que ha heredado. Es probable que, si son ajustadas y representativas las cifras que exhibe Giacobbe, eso pueda significar que una parte de la población haya comprendido esa circunstancia y por eso haya estirado su confianza (que siempre es temporaria) hacia el presidente.
La adjudicación de culpas a la “herencia recibida” es un clásico de todos los gobiernos. Fue Cristina la única que no ejerció ese derecho a la excusa, por llamarlo de algún modo, pues primero sucedió a su marido y luego a ella misma. Todos los demás, lo hicieron y obtuvieron un plazo variable de tolerancia.
Otra hipótesis para explicar las cifras de Giacobbe es la permanencia de Cristina Kirchner y su grupo político en los primeros planos de la prensa nacional, ya sea en las páginas policiales o políticas. O en ambas. Este contraste favorece a Macri y podría muy bien explicar el nivel de aceptación de que goza por el momento.
Probablemente no haya que subestimar los aportes que, desde distintos ángulos, hacen Elisa Carrió y, sobre todo, María Eugenia Vidal, quien es la sorpresa de la política de estos años. La frágil mujer, desconocida en la provincia más grande del país, arrojada a las fieras, comenzó a caminar por el barro ante la mirada sarcástica de los barones peronistas del conurbano. Debía enfrentar al peronismo ahí en su lugar más fuerte y emblemático. Del otro lado, un peso pesado, vinculado a la trama más siniestra de la política y los negocios lícitos e ilícitos. Sin embargo y contra todos los pronósticos, Heidi triunfó y hoy es uno de los principales pilares del gobierno de Macri, que ayuda también a sumar en las encuestas.
La hipótesis más alentadora –aunque también altamente improbable- es la que intentaría explicar los altos registros de Macri en función de una comprensión, por parte de la sociedad, de que los problemas económicos y sociales no son susceptibles de ser corregidos en un breve plazo sino que, por el contrario, necesitan un tiempo mayor y un esfuerzo compartido. En esta hipótesis complaciente, podría añadirse que la población, si bien ha sido perjudicada por el aumento de las tarifas, piensa que los aumentos resultaban inevitables y que ellos redundarán en un mejor servicio en el futuro.
Pero ya se sabe: las encuestas son un territorio resbaladizo que además miden humores inasibles e inconstantes. Hasta el número más sólido de una encuesta pueden disolverse en el aire en pocas semanas. Si la de Giacobbe refleja con alguna precisión el pensamiento actual de los votantes, estaría bueno que el presidente aprovechara esta oleada favorable. Porque puede no durar mucho.