Cristina, la mártir

Los militantes, los periodistas, los intelectuales y, por supuesto, la propia Cristina están lanzados a la difusión de una nueva etapa del relato.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

2016-07-24_CRISTINALos militantes, los periodistas, los intelectuales y, por supuesto, la propia Cristina están lanzados a la difusión de una nueva etapa del relato. Y podría resumirse de este modo: el gobierno persigue a Cristina en nombre de las clases dominantes del país; lo hacen para vengarse porque en su gobierno, ella favoreció a los pobres y perjudicó a los ricos. La quieren meter presa por todo el bien que hizo en favor de la Patria y de los sectores más postergados de la población. Ese podría ser, aproximadamente, un resumen del relato kirchnerista de este momento.
Por supuesto, no registran la corrupción. Respecto de ella, tienen varias respuestas:
a) Son un invento de la prensa; en el peor de los casos, Cristina puede haberse descuidado y haber permitido que otros robaran a su alrededor. Un simple descuido por exceso de confianza.
b) Todos roban. Al menos Cristina robó para hacer una política a favor del pueblo y de los pobres.
Tampoco registran los desbordantes desequilibrios económicos que dejó el kirchnerismo. Ellos serían simples puntos de vista sobre una realidad que siempre es susceptible de ser mirada de distinta manera. Todos los países tienen déficit fiscal, todos altos niveles de gasto público y, además, un poco de inflación no es malo. Falta energía porque el país creció mucho más de lo previsto. Y así.
En este contexto y ante la necesidad perentoria de realizar los enderezamientos que nos eviten un destino venezolano, la situación de Cristina no podría ser mejor: “¿Vieron que yo les anticipé que vendrían ajustes contra el bolsillo de los pobres? Ahí están los poderosos, los ricos, gobernando en su propio beneficio, metiéndole la mano en el bolsillo a los que menos tienen. Si yo pude darles gas gratis durante una década… ¿por qué no puede hacerlo Macri? Porque él gobierna para los poderes concentrados”. Ponemos comillas pero son nuestras propias palabras que sintetizan, según nuestra opinión, el pensamiento de Cristina.
Siguiendo con este razonamiento, lo mejor que podría pasarle a Cristina sería caer presa en este momento. Con eso se cerraría el círculo y el kirchnerismo podría decir que se trata de persecución política y no de la simple aplicación del Código Penal en el articulado dedicado al robo en ejercicio de la función pública y similares.
Las pruebas nunca alcanzarán, siempre serán exiguas para el peronismo kirchnerista. La supervivencia del cristinismo no tiene en cuenta esos detalles. Es una cuestión de fe más que cualquier otra cosa. De tal modo que, para los militantes más cercanos, carecería de importancia que apareciera un vídeo, certificado por Escribano Público,que mostrara a la propia Cristina embolsando dólares. Para ellos, la ex presidenta es perseguida por ser la abanderada de la revolución nacional y latinoamericana. Y siempre será así.
Afortunadamente, estas explicaciones no alcanzan para que puedan regresar al poder. El resto del peronismo lo sabe y terminará marginando a este sector minoritario que, además, continuará achicándose hasta transformarse en un grupo de izquierda como tantos otros existentes.
Pero la visión populista de la política no desaparecerá. Encarnará en otros protagonistas que se mostrarán más moderados y razonables, más democráticos e institucionales. Llegado el caso, habrá que ver hasta qué punto podrán perfilarse como algo distinto al peronismo que gobernó este comienzo de siglo.