Un escenario sin grieta

Con la caída del kirchnerismo, la oposición pierde al sector que pudo haber liderado o al menos aglutinado a un importante porcentaje de antimacrismo.

Por Alejandro Rascovan
Dr. en Ciencias Sociales (UBA/EHSS)
Becario Postdoctoral IMHICIHU/CONICET. Docente FSOC/UBA.

buenos-aires-el-flamant_441596Cambiemos llegó al gobierno en gran medida por la grieta creada por el FPV y Cristina Fernández a lo largo del segundo mandato (2011-2015), grieta que el PRO además promovió. Clave fue el resultado de la interna del entonces oficialismo en la Provincia de Buenos Aires, producto del apoyo explícito del kirchnerismo a Aníbal Fernández por sobre Julián Domínguez, para la victoria de María Eugenia Vidal como gobernadora, que terminaría siendo la piedra fundamental del triunfo de Mauricio Macri. Desde el 10 de diciembre pasado la nueva gestión construye su estrategia política y comunicacional sobre la base de la “pesada herencia” y el antagonismo con el gobierno anterior.
Sin embargo, en lo que parece ser una gran ironía, la corrupción, utilizada como medio para hacer política, parece haber terminado con la grieta al ser el sepulcro del kirchnerismo. Esta cuestión abre dos cuestiones sobre el futuro político. ¿Rearmará su estrategia político-comunicacional Cambiemos frente a la caída en desgracia del kirchnerismo? ¿Quién liderará la oposición ahora que el Frente Ciudadano propuesto por CFK parece más inviable que nunca?
El esperable desmembramiento del FPV al no estar en el poder fue parte del debate político durante el transcurso del 2016. Sin embargo, la reciente exposición de situaciones de corrupción como José López y el avance de las causas contra Julio De Vido y Ricardo Jaime aceleró un proceso que Cambiemos hubiera preferido prolongar. La estrategia comunicacional de Macri se sostuvo, en mayor medida, en el acompañamiento de los grandes grupos mediáticos a las denuncias los actos de corrupción de los funcionarios de la gestión pasada, evitando así confrontar sobre las medidas actuales, muchas de ellas de gran conflictividad social. Perder al otro extremo de la grieta le puede entonces resultar perjudicial a un oficialismo que busca escapar de los efectos de la coyuntura y sus propias decisiones político-económicas. Es decir, Macri peligra al quedar expuesto sólo frente a su sombra (el segundo semestre). Si fuesen escritores de una serie, Cambiemos probablemente no debería buscar el vínculo entre López-CFK-NK, el equivalente a profundizar la “lucha” contra la corrupción llegando hasta el último eslabón de la cadena, ya que esto significaría el fin de la “temporada”: después de ir directamente contra CFK no hay más.
Mientras tanto, con la caída del kirchnerismo, la oposición pierde al sector que pudo haber liderado o al menos aglutinado a un importante porcentaje del antimacrismo. Aquellos quienes fueron parte de la experiencia del FPV, a diferencia de otros casos de corrupción, se han visto obligados a distanciarse con mayor vehemencia y velocidad que de costumbre. Un día después del escándalo, el bloque de senadores ya sufrió sus primeras bajas. Si Massa y Solbizer continúan con el alineamiento cuasi-automático con el gobierno, si Lousteau –ex opositor- ahora es embajador por parte del PRO, si el kirchnerismo se encuentra sin rumbo y si las opciones de izquierda tampoco logran encauzar una propuesta electoral atractiva, entonces el escenario para la oposición es también complejo.
La corrupción durante la gestión del FPV como tema de agenda les fue muy útil a todos los actores políticos. Si el episodio López fue la gota que derramó el vaso, entonces los próximos meses serán finalmente los que reordenen el escenario político para el 2017-2019. Es claro que el kirchnerismo puede reformularse, y para eso dependerá fuertemente de qué haga y diga Cristina Fernández. El macrismo deberá también reformular su estrategia en caso de que el kirchnerismo no se recupere, porque lo que menos necesita es atención sobre sus políticas económicas. Más allá de esto, no podemos dejar de mencionar la importancia de rescatar la agenda política que el kirchnerismo –con aciertos y errores- buscó llevar adelante, una agenda que incluyó, entre muchos otros temas, demandas de sectores politizados vinculados con libertades civiles y democráticas.

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