Pacto por Argentina

Argentina necesita generar un gran pacto entre las diversas fuerzas para promover una serie de reformas consensuadas que, se argumenta, el país necesita.

Por Juan C. Olmeda
Profesor-investigador del Centro de Estudios Internacionales (El Colegio, México)

Pacto-por-MéxicoDesde hace tiempo, algunos actores y analistas políticos vienen impulsando la idea de que Argentina necesita generar un gran pacto entre las diversas fuerzas para promover una serie de reformas consensuadas que, se argumenta, el país necesita. Esta visión se presenta como la contracara de lo que estas mismas voces identifican como lo que ha sido la norma durante los últimos años del kirchnerismo: un escenario de polarización y enfrentamiento que impidió generar acuerdos para hacer avanzar una agenda reformista. Este tipo de acuerdo refundacional, se propone, permitirá pasar de las políticas de gobierno a las políticas de estado. La necesidad de consensos se hace más que necesaria en una situación de gobierno dividido horizontal y vertical que el país experimenta en la actualidad.
Esta perspectiva se sustenta en dos pilares: por un lado, en la visión de que las reformas que llevó adelante el gobierno anterior fueron erradas y por otro, en que el nivel de polarización promovió una radicalización en las acciones gubernamentales que debe ser dejada atrás. En otras palabras, no se trata tanto de que las administraciones kirchneristas no hayan promovido transformaciones sino que estas han sido “malas” para el desarrollo del país.
No es mi intención entrar a discutir en profundidad estos supuestos sino más bien echar algo de luz sobre uno de casos a los que ineludiblemente se hace referencia para ensalzar los beneficios de este tipo de acuerdos: el Pacto por México.
El Pacto por México fue un acuerdo firmado por los tres principales partidos mexicanos -el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN), y el Partido de la Revolución Democrática (PRD)- para impulsar desde inicios de la administración de Enrique Peña Nieto en diciembre de 2012 un conjunto de “reformas estructurales” sobre las que se suponía existía cierto consenso en la sociedad mexicana y que apuntarían a transformar diferentes ámbitos de la vida del país. Este acuerdo se contraponía a lo que había sido la regla en los anteriores gobiernos panistas -Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012)-, que habían fracasado en la sanción de varias reformas similares durante sus años en el poder.
El hecho de que el Pacto fuera presentado oficialmente por el primer mandatario junto con los presidentes de los tres partidos al día siguiente de su llegada a la presidencia, en un acto al que asistieron todos los gobernadores, las autoridades legislativas y las figuras más importantes de la vida social, económica y política del país, no hizo sino reforzar la idea de que se trataba de un gran acuerdo nacional que marcaría el curso del nuevo gobierno.
En concreto, el documento firmado por los partidos planteaba 95 compromisos a ser alcanzados en los ámbitos económico, educativo, político, energético, de las telecomunicaciones, y otros, a partir de reformas constitucionales y nueva legislación que los tres partidos se comprometían a apoyar en las Cámaras del Congreso. El hecho de que el PAN, PRI y PRD controlaban en conjunto un 86.2% de la Cámara de Diputados y un 87.48 % del Senado aseguraba que de sostenerse el acuerdo no habría problemas en avanzar en el camino deseado.
Los meses y años que siguieron supusieron la traducción del acuerdo en reformas concretas en los diferentes ámbitos anteriormente mencionados.
Si bien no me propongo analizar el contenido de las reformas, a continuación enumero y discuto brevemente algunos de los factores que hicieron posible el éxito de la negociación política que derivó en el Pacto, ya que considero que resultan un espejo en donde mirarnos para pensar la viabilidad de propuestas similares para el caso argentino.
-Timming. Tal como señala el investigador del CIDE Rodrigo Velázquez en un trabajo reciente, el momento en el que se propuso y acordó el Pacto fue central para que se alcanzaran consensos y las primeras iniciativas fuesen aprobadas.[1] El hecho de que las negociaciones tuvieran lugar durante los meses que fueron desde la elección hasta la toma de posesión por parte de Peña Nieto hicieron posible que la agenda del nuevo gobierno se delineara con base en lo acordado en torno al Pacto. Vale la pena decir que muchas de las reformas negociadas estaban ya en la agenda del equipo de Peña Nieto, y en definitiva, el Pacto sirvió para darles mayor legitimidad. Como resultado de las negociaciones se estableció un calendario para el tratamiento legislativo de las modificaciones legales propuestas, enfocado en el primer año y medio del nuevo gobierno. Esto logró que las discusiones legislativas se dieran lejos del proceso electoral de renovación de medio término (que en México tuvo lugar en 2015), evitando que las campañas se convirtieran en un problema para la interacción entre los partidos.
-El PRI en el poder. Durante los gobiernos del PAN (2000-2012) el PRI asumió un rol central en la vida legislativa mexicana. Enfrentados al escenario de la falta de mayorías en las Cámaras (con una posición particularmente débil en el Senado) tanto Fox como Calderón vieron a los priistas como aliados naturales para impulsar reformas que consideraban centrales (varias de las cuales fueron luego retomadas en el Pacto). Los resultados sin embargo no fueron lo exitosos que se esperaba. Tanto por las divisiones internas dentro del priismo (profundizadas por la ausencia de un liderazgo reconocido por todos los sectores) como por el rédito político que muchos vislumbran asociado a oponerse al gobierno, el PRI prefirió la mayoría de las veces el conflicto antes que el acuerdo. Por otro lado, tanto las distancias ideológicas como el clima de polarización y conflicto que siguió a las elecciones de 2006 dificultó los acuerdos de los gobernantes panistas con el PRD.
La vuelta del PRI a la presidencia en 2012 dio vuelta este escenario en tres sentidos. En primer lugar, el liderazgo de Peña Nieto encolumnó al partido detrás de su figura. En segundo lugar, la orientación ideológica del presidente y su equipo (más cercana a una visión neoliberal que al nacionalismo revolucionario) acercó posiciones con el PAN. En tercer lugar, la intención compartida por el presidente y la cúpula del PRD de aislar a López Obrador tendió puentes con esa fuerza. Esto fue además posible porque el presidente y el PRI negociaron siempre desde una posición de fortaleza: el partido tenía control de los contingentes legislativos más importantes tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado y una mayoría de las gubernaturas.
El presidente hizo además valer su influencia sobre sindicatos como el de los maestros (el SNTE) o el de los trabajadores petroleros, cercanos tradicionalmente al PRI, que se podían oponer a las reformas (en el primer caso no dudo en promover una acción legal que terminó con la históricamente poderosa secretaria general del sindicato, Elba Esther Gordillo, en la cárcel).
-El protagonismo de los moderados. Los partidos de la oposición salieron del proceso electoral de 2012 con importantes divisiones internas. En ambos casos, el control institucional del aparato partidario estaba en manos de sectores no necesariamente cercanos a quienes habían sido sus candidatos (Josefina Vázquez Mota en el PAN y Andrés Manuel López Obrador en el PRD) y con posturas más moderadas y acuerdistas que los sectores más “radicales” (el calderonismo en el PAN y el lopezobradorismo en el PRD). En ambos casos, las dirigencias partidarias vieron al Pacto como una forma de reafirmar su poder interno y al mismo tiempo aumentar su influencia en la elaboración de las reformas. El consenso social que, se asumía, tenían la mayoría de las propuestas les hacía pensar en que podrían sacar cierto rédito futuro de su participación. En el caso del PRD, el avance en las negociaciones derivó en una ruptura (que sin embargo ya se venía gestando de antemano) que determinó la salida de López Obrador y sus dirigentes afines.
-La disciplina partidaria. A pesar de las divisiones internas anteriormente detalladas, los partidos mexicanos continúan evidenciando muy altos niveles de disciplina partidaria al momento de las votaciones legislativas. Esto fue clave para que los acuerdos negociados entre las cúpulas se tradujeran efectivamente en cambios legales. En el caso de las primeras reformas (la educativa y la de las telecomunicaciones) esto permitió que las nuevas normativas fueran aprobadas en un proceso fast track tanto en el Congreso Nacional como en las legislaturas estatales (en México las reformas constitucionales son aprobadas por el Congreso pero para entrar en vigor deben ser aprobadas por una mayoría de las legislaturas de los estados).[2] Las divisiones internas (particularmente en el caso del PRD) afloraron sin embargo a lo largo del tiempo e hicieron que dicho partido decidiera salirse del pacto cuando comenzaban a discutirse los temas que más controversias generaban a su interior: el de la reforma energética y el de la político-electoral.

Breve conclusión
No se ha intentado discutir aquí el contenido de las reformas aprobadas a partir del Pacto por México ni tampoco sus resultados (que en muchos casos han sido más modestos de los esperados). Tampoco se han abordado muchas de las críticas que se han hecho al esquema, que privilegió la negociación entre las elites partidarias antes que un proceso de consulta con diversos grupos sociales y la participación de la ciudadanía. Sólo me propuse detallar algunas de las condiciones políticas que lo hicieron posible.
El lector podrá sacar sus propias conclusiones acerca de en qué medidas dichas condiciones se encuentran presente en la realidad argentina. Por un lado, habiendo pasado ya seis meses del inicio del gobierno el primero de los factores expuestos no está ya presente. Aún si unas supuestas negociaciones comenzaran ahora, inevitablemente sus resultados probablemente emergerían demasiado cerca de las elecciones intermedias de 2017. Por otra parte, el gobierno ya ha implementado una agenda de reformas propias que, aunque en algunos casos negociadas con otras fuerzas políticas, han generado importante oposición de otros actores. Los sindicatos, por ejemplo, han dejado en claro que no quieren ser convidados de piedra en ciertos acuerdos.
Asimismo, Cambiemos se encuentra en una posición de debilidad estructural que lo pone en una posición muy diferente de la que enfrentaba el PRI en su momento. Finalmente, la disciplina partidaria parece ser más difícil de asegurar en el caso de los partidos argentinos, en particular cuando la discusión de ciertas reformas tiene lugar.
[1] Velazquez, Rodrigo (2016) “Pacto por México ¿una gran transformación?” Paper presentado en la Conferencia Anual de la Latin American Studies Association. Nueva York, 26 al 30 de mayo.
[2] Barrientos del Monte, Fernando y Daniel Añorve (2014) “México 2013: acuerdos, reformas y descontento” en Revista de Ciencia Política, Vol. 34, No 1, pp 221-247.
Licenciado por Bastión Digital
www.bastiondigital.com.ar