Gremialismo cordobés busca ocupar vacante opositora

El pacto dialoguista entre Nación, Provincia y municipio deja en las sombras el rol opositor que se justifica entre dirigentes de distinta extracción partidaria. Es el gremialismo a nivel nacional y local es colecciona méritos para hacer ruido en la hegemonía del diálogo.

Por Yanina Passero
[email protected]

ilustra-saillen-y-pihen-entregando-bombosEl recambio institucional del año pasado no sólo marcó un nuevo ciclo democrático y el fin del modelo “Nac & Pop” practicado por el matrimonio Kirchner. Inauguró una forma de hacer política que buscó ser la antítesis de los usos y costumbres que predominaron durante más de una década. El “diálogo” entre dirigentes nacionales, provinciales o municipales –en todas las direcciones posibles- parece ser el precepto básico del nuevo manual de relaciones institucionales.
Si así no ocurriese, el “desliz” será condenado súbitamente y respuestas reparadoras no tardarán en exhibirse. Nada puede dañar el incipiente pacto que está rindiendo sus frutos. Por caso, recuérdese el anuncio de Mauricio Macri, en compañía del gobernador Juan Schiaretti, de extender el patrullaje de Gendarmería nacional a todo el cordón de Sierras Chicas, con la promesa de ampliar la vigilancia a toda la provincia. El golfista profesional devenido en intendente de Villa Allende, Eduardo “El Gato” Romero, sacó partido de su amistad con el mandamás de la Casa Rosada. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, no tardó en autorizar el traslado del pelotón ante el requerimiento de un macrista pura cepa. Estalló el escándalo.
La inseguridad copó la agenda, irritando al staff schiarettista. Macri se responsabilizó por el descuido de sus adláteres y la historia siguió como si nada hubiese pasado. La lista de ejemplos puede continuarse a los fines de observar lo involucrado que está cada uno de los actores políticos en el acuerdo coloquial, tanto que los roles tienden a confundirse. La oposición pareciera ejercerla aquellos que aún practican el fundamentalismo kirchnerista, filas que comenzaron a sufrir de anorexia.
En el plano local, los contrapuntos históricos entre el peronismo y el radicalismo sólo se dan en el terreno gobernado por los documentos partidarios. Carlos Caserio y Jorge Font, respaldados tibiamente por sus legisladores provinciales u otros dirigentes con más libertad de acción, libran guerras epistolares donde uno le endilga al otro la realización de emprendimientos turísticos de dudosa financiación o el recorte de un programa social como el Paicor. Pega donde duele a un partido de anclaje social como el PJ, pero la respuesta también tiende a herir a los hombres boina blanca a quienes les refrescan sondeos estadísticos que aseguran que su referente y promesa partidaria, Ramón Mestre, concentra un 70% de desaprobación de su gestión.
Schiaretti y Mestre no acusan recibo y se muestran juntos cada vez que tienen oportunidad. Las tensiones del pacto son subcutáneas. No asomarán, al menos hasta que el reloj electoral se ponga en marcha y sus ambiciones políticas sean excluyentes.
El pacto dialoguista entre Nación, Provincia y municipio deja en las sombras el rol opositor que inicia en las extracciones partidarias que representa a cada nivel del Estado para derramar en cada práctica de gobierno. Siquiera el juecismo, con su troupe entrenada para la denuncia serial, reclama la vacante. Es el gremialismo a nivel nacional y local el que colecciona méritos para hacer ruido en la hegemonía del diálogo.
La cruzada antidespidos logró en Córdoba unir, al menos temporalmente a las CGT lideradas por José “Pepe” Pihen y Mauricio Saillén. No sólo comparten enunciados políticos similares o movilizaciones conjuntas, también desarrollan proyectos comunes en la Legislatura.
El líder del SEP –quizás herido por la estrategia paritaria del Gobierno provincial y la legitimación de gremios de Salud que buscan hacerle mella al cabecilla de los estatales- juega al límite. Dejó clara que la sociedad con el macrismo no le incumbe; incluso, para marcar la diferencia se tomó fotos con dirigentes camporistas como la diputada del FpV, Gabriela Estévez. Por su parte, el referente de los recolectores no reniega de su pasado kirchnerista, aunque prefiere que se lo llame peronista y no cristinista.
Si bien las diferencias no son cosas del pasado y empañan la unidad del movimiento obrero local, es un puntapié inicial que deja entrever un objetivo común: llevar la voz cantante opositora, empezando por aquellas políticas de impacto para la masa trabajadora.
En la jornada de ayer, la CGT Córdoba emitió un comunicado que pretende reflejar que la militancia en estos términos será una constante. Denunció el recrudecimiento de los despidos en Córdoba, contabilizando 50 rescisiones de contratos en empresas locales “que agrava el goteo diario”. La preocupación cegetista se traducirá en un plenario extraordinario previsto para la tarde de hoy que podría terminar con un “plan de lucha”, según refieren fuentes sindicales.
La invitación fue extendida a la CGT Rodríguez Peña.