Larreta cierra “meca” macrista en Córdoba

La Casa de la Ciudad de Buenos Aires abrió sus puertas al calor de la estrategia de armado del PRO en la segunda capital política del país. Pese a que el partido amarillo logró con creces su objetivo, el espacio que acercaría a cordobeses y porteños tuvo una existencia efímera.

Por Yanina Passero
[email protected]

ilustra-larreta-y-la-casa-de-bsas“Fomentar, estimular y promover la integración y los acuerdos de cooperación y trabajo conjunto con las provincias argentinas”. Tales eran los objetivos, redactados en riguroso infinitivo conforme al método, que auspiciaban la instalación en Córdoba de la Casa de la Ciudad de Buenos Aires. Transcurría el segundo semestre de 2012 cuando el ahora presidente Mauricio Macri llegó desde Jujuy para realizar el protocolar corte de cintas. El macrismo iniciaba así el despliegue de su estrategia de armado, con el peronismo de aliado en la figura del exgobernador José Manuel de la Sota.
Por aquel entonces, nadie imaginaba que el partido porteño lograría instalarse con una firmeza superlativa en la segunda capital política del país, la misma que le reportó a Mauricio Macri la diferencia suficiente para poner coto a 12 años de kirchnerismo. La realidad es que la provincia y su arco político, independientemente del color partidario, constituye la plataforma y anclaje de las acciones de gobierno del líder de Cambiemos. Una muestra simbólica, por cierto, que tiene por base el concepto de federalismo perdido, en especial, durante el mandato de Cristina Fernández. Cierto es que nadie tenía la bola de cristal, pese a que la penetración del PRO comenzó a sospecharse con la elección de Héctor Baldassi en las legislativas del año siguiente. Las promesas de cambio y fin de la discriminación del poder central a los ciudadanos de la provincia mediterránea estaban a la orden del día. La Casa de la Ciudad sería el espacio de confluencia, el nexo entre la urbe porteña y la “docta”.
Operadores macristas juraban y perjuraban que no se trataba de a estrategia de campaña. El viciado objetivo los hubiese arrimado al demonizado kirchnerismo y su singular manía de hacer política partidaria con recursos públicos.
La sede del Gobierno porteño permitiría articular convenios de cooperación recíproca con cada jurisdicción estatal de la provincia. De hecho, recuérdese que, momentos antes de la apertura del local ubicado en la coqueta avenida Hipólito Yrigoyen, Macri y De la Sota firmaron un acuerdo de intercambio cultural destacando que el trabajo conjunto entre dirigentes no debía verse como una “cosa rara”. La llamada “grieta” transitaba su momento más profundo.
El paso del tiempo desmentiría a aquellos acérrimos defensores de las nuevas formas de hacer política. El delfín del fundador del PRO, Horacio Rodríguez Larreta, resolvió cerrar la Casa de la Ciudad en Córdoba. Simplificará la iniciativa con un nuevo programa de “casas itinerantes”, sin espacio físico permanente.
No sería la primera vez que un flamante mandatario da por terminado un programa de su antecesor, probablemente porque cuenta con una idea superadora o juega la necesidad de ajustar el uso de los recursos públicos, por citar los motivos más decorosos.
De la pomposa sede de dos plantas que ofrecía ocasionalmente charlas y actividades culturales, sólo quedan rastros de los trabajos para desocupar el mobiliario. Atrás quedó la promesa de articular programas educativos, sanitarios, culturales y turísticos; también la defensa de miembros del PRO local y nacional que afirmaban que la Casa de la Ciudad no era un corriente comité de campaña.