Senestrari desoye versiones e insiste con el narcoescándalo

Ni el fallo judicial que virtualmente absolvió a los policías que llevó al banquillo de los acusados (y a prisión) ni los dichos de su testigo “estrella”, Juan Francisco “El Francés” Viarnes, desde una cárcel de Paraguay, lograron que el fiscal federal Enrique Senestrari ensaye una autocrítica por su rol en el denominado “narcoescándalo”.

ilustra-viarnes-y-justicia-gritan-a-senestrariNi el fallo judicial que virtualmente absolvió a los policías que llevó al banquillo de los acusados (y a prisión) ni los dichos de su testigo “estrella”, Juan Francisco “El Francés” Viarnes, desde una cárcel de Paraguay, lograron que el fiscal federal Enrique Senestrari ensaye una autocrítica por su rol en el denominado “narcoescándalo”.
El jueves 12 Interpol detuvo a Viarnes en Caáguazú, a 180 kilómetros de Asunción, poniendo fin al estado de incertidumbre sobre la localización del “arrepentido” que generó una causa que tuvo altísimo perfil mediático pero que finalizó con penas leves para los involucrados.
Horas después de enterarse de la captura de Viarnes, Senestrari dijo que hallarlo no era fácil porque “no dejaba huellas ni pruebas” de sus movimientos. Llamativamente, luego trascendió que “El Francés” tenía al menos dos perfiles en Facebook (ambos registrados en el 2014) y que los seudónimos que usó mientras vivía en Paraguay, tanto para ocultarse como para mantener actividad en la red social, eran conocidos por las fuerzas de seguridad, porque los usó en otras causas.
Pese al voltaje de las declaraciones de Viarnes en la entrevista que difundió el domingo el matutino La Voz del Interior, en la cual dijo que “se reportaba directamente ante Sergio Berni”, el ex secretario de Seguridad de la Nación y que “generó el caso” siguiendo directivas pero que luego “le soltaron la mano porque no quiso ir contra De la Sota”, Senestari insiste con su tesis.
El fiscal militante, quién, paradójicamente, pasó de investigador a investigado por su desempeño en el caso, se empecinó: “Quiero a Viarnes en Córdoba y lo quiero juzgar ya”.
Al parecer, no hizo mella en su espíritu el hecho de el Tribunal Oral Federal Número 2 concluyera que no probó sus planteos. Así, si bien su versión de los hechos en el “narcoescándalo” fue descartada por los jueces Hugo Vaca Narvaja, Daniel Herrera Piedrabuena y Mario Garzón, al anoticiarse de las expresiones de Viarnes, lejos de medirse, el funcionario optó por atacar al mensajero y criticó duramente al autor de la entrevista.
Según el fiscal, tanto el medio que publicó la nota como el periodista que la escribió están “en una campaña para declararlo corrupto”. Olvidando que el proceso que fogoneó durante años fracasó por orfandad probatoria y que su desempeño está bajo sospecha, adoptó una postura “docente” y señaló que frente a los dichos del “buchón” que lo motivó a generar la causa “la tarea de la Justicia será buscar pruebas acerca de los hechos”.
Cabe recordar que Senestrari fue quien dejó en libertad a Viarnes y que, en base a la misma imputación, solicitó la prisión preventiva para los policías acusados. Es llamativo que el investigador no tomara en cuenta el prontuario de su informante, quien registra una condena por robo agravado y secuestro extorsivo. A ello se suma que cuando fue detenido y propició con sus dichos el inicio de la instrucción contra los agentes de la extinta división de Drogas Peligrosas llevaba en su poder dólares falsos.
En sus lapidarios fundamentos, el tribunal subrayó su curiosidad por aquella medida y fue claro en su intención de que la sociedad cordobesa tenga precisiones respectó a qué pasó durante los casi tres años que insumió la tramitación del caso, resaltando el Ministerio Público Fiscal tiene el deber de llevar adelante investigaciones serias, integrales, fundadas y objetivas, requisitos que, según valoró, no se dieron en el “narcoescándalo”.
La pesquisa que encabezó el determinado fiscal comenzó en el 2013, cuando los policías implicados fueron separados de sus cargos por su presunta vinculación con el tráfico de estupefacientes. Todo se desató a partir de la denuncia que presentó Viarnes cuando fue detenido por estafa. Luego de un allanamiento en el cual le secuestraron 346.000 dólares falsos, acusó a la división Drogas Peligrosas -para la que trabajaba como “agente encubierto”- de mantener vínculos con “narco”.
Al alegar en el tramo final del juicio, Gustavo Franco, el defensor del ex jefe del área y principal acusado, Rafael Sosa, dijo que el caso fue una “puesta en escena con fines políticos, de dinero y cargos”. Antes, el Ministerio Público había pedido 15 años de prisión para el uniformado, al considerar que comandaba una asociación ilícita.
Además, en la misma sintonía de las últimas declaraciones de Viarnes, lo sindicó como un agente inorgánico de los servicios de inteligencia nacionales y sostuvo que “tenía relaciones innegables” con Berni. Para el defensor, el “testigo estrella” pudo fugarse gracias a su vinculación con el anterior gobierno.
Tras la sentencia, el legislador Daniel Passerini (Unión por Córdoba) opinó en términos similares a los de la defensa técnica de Sosa: Disparó que el “narcoescándalo” fue una “maniobra política del kirchnerismo para pegarle a José Manuel De la Sota” y que el resultado del caso dejó en evidencia que “Senestrai y la plana mayor del gobierno nacional (de Fernández de Kirchner) mintieron”.
Passerini estimó que la procuradora General de la Nación, Alejadra Gils Carbó, Senestrari, Berni y un grupo de medios ligados al kirchnerismo montaron una “puesta en escena” que tuvo como único objetivo “lastimar al peronismo durante las elecciones legislativas de 2013”.
El vicepresidente de la Unicameral también se pronunció sobre las últimas novedades y aseveró que Viarnes confirmó lo que ya sostuvo; es decir, que Berni fue el artífice del “narcoescándalo”. Paralelamente, definió al ex secretario de Seguridad y a Viarnes como “personajes nefastso y peligrosos” y dijo que Berni “pergeñó una maniobra utilizando a jueces y fiscales federales K”.
Según Passerini, en esa jugada “usó al fabulador Viarnes y se apoyó en medios oficialistas para difundir su relato”.
“Sergio Berni no puede despegarse ahora, es parte del kirchnerismo desde 1989 y siempre cumplió ese doble rol de teniente coronel del Ejercito y funcionario K, primero en el Gobierno de Néstor Kirchner, en Santa Cruz, y después en el Gobierno Nacional, desde 2003, como viceministro de Alicia Kirchner en Desarrollo Social y después como Secretario de Seguridad”, manifestó.
Cabe recordar que a lo largo del juico varios testigos dijeron haber visto a Berni en Tribunales Federales de Córdoba, luego de la detención de Viarnes, en julio de 2013.
Senestrari se mantiene firme y defiende su punto de vista, pero en vista del desarrollo de los acontecimientos es previsible que haya costas para él, ya que su capacidad funcional está en la mira. Sin olvidar el revuelo que generó cuando reclamó y, aval de la Corte mediante, logró retener la causa por la muerte del policía Juan Alós, es oportuno recordar otros pasos que dio, como el allanamiento a la Jefatura de Policía con fuerzas nacionales, una medida que generó una situación de conflicto institucional innecesaria, y las privaciones de libertad que promovió para algunos de los implicados, con el fin de llevar agua al molino de una teoría que no prosperó.