La actividad necesita un anabólico

La inversión en obra pública debe agilizarse para impulsar nuevos empleos. Los gobernadores reclaman por el tema a la Nación. Córdoba será escenario de la profundización del pedido.

Por Gabriela Origlia

obrerosEl gobierno nacional y también los provinciales enfrentan numerosos desafíos. La necesidad de reordenamiento de la economía abre, a la vez, diferentes conflictos se los sectores más impactados por los ajustes. Aun con la tensión social generada por las medidas, hay quienes reclaman que debería haber menos gradualismo; está claro que el contexto político obliga a actuar posiblemente más lento de lo que algunos quisieran.
Hace pocos días el ministro Alfonso Prat Gay aseguró que “dejando de chorear” la Argentina va a lograr “bajar el déficit fiscal” y que la situación es “delicada”. La frase recordó la del gremialista gastronómico Luis Barrionuevo en el inicio del menemismo, “tenemos que dejar de robar por lo menos dos años”.
Sostuvo que el problema central del déficit “no es la falta de recursos sino el derroche de gastos”. Frente a lo que definió como “situación delicada”, subrayó que el Ejecutivo “trabaja para poner en marcha la rueda de la inversión”, y criticó que el empresariado local siga con dudas mientras que desde el exterior varias empresas están anunciando inversiones.
Un trabajo del Ieral señala que, frente a la meta de un déficit primario del sector público de 4,8 % del PIB para este año y considerando la trayectoria más probable para los ingresos fiscales, la opción de lograr una expansión significativa de la inversión este año (un 36,5 % interanual en términos nominales) requeriría un esfuerzo de contención del gasto en subsidios económicos y beneficios sociales (transferencias corrientes subiendo 26,8 % nominal, con caída en términos reales).
Si se mantiene el objetivo de 4,8 % para el déficit, pero las transferencias corrientes se actualizan a un ritmo de 35 % interanual, entonces la variable de ajuste pasaría a ser la obra pública, con un gasto de capital que pasaría de 2,8 % del PIB en 2015 a 2,5% del PIB en 2016.
Ajustar la obra pública es un riesgo en una economía parada. Allí está la posibilidad de poner en marcha un sector que genera rápidamente empleo a la vez que avanzaría sobre los serios problemas de infraestructura que tiene el país.
En el último análisis de coyuntura de la Bolsa de Comercio de Córdoba, el economista Diego Dequino señaló que la inversión necesaria para llevar el stock de capital a los niveles que en promedio había en los noventa es de US$ 28.000 millones anuales por un período de ocho años. Insistió en que gran parte de esa inversión deberá destinarse a “sanear” los problemas de infraestructura.
Recordó un estudio de la Cepal que menciona que los países de la región necesitan invertir durante los próximos 10 años el 6,2% de su PBI para recuperar y mantener en el tiempo su infraestructura. En ese marco, Argentina tendría una deuda en infraestructura que alcanza los US$ 20.986 millones anuales. El Estado tiene responsabilidad directa sobre US$ 17.200 millones. En el caso de Córdoba, la deuda en infraestructura en Córdoba sería de casi US$1.450 millones, en tanto que la del Gran Córdoba alcanzaría los US$680 millones.
Mañana, en la reunión de gobernadores con el ministro Rogelio Frigerio en Córdoba ese será uno de los puntos destacados: todos reclaman más fondos. No sólo los que la Nación debe comenzar a reintegrar por la retención del 15% de la coparticipación para financiar la Anses, sino para obras.
La administración central hace anuncios, una tendencia que se profundizó en los últimos días a partir del debate por el empleo, pero la transición es más lenta de lo esperado. El monto destinado a la obra pública sería ampliado de $ 180.000 millones a $ 220.000 millones, para lo que se recurriría a un DNU o una ley. Vialidad sería una de las áreas más beneficiadas con unos $ 50.000 millones. Luego continúan los gastos en vivienda y recursos hídricos con $ 45000 millones.
Es probable que las revelaciones de la corrupción que dominó el sector en los últimos años, imponga más cuidados y ralentice los tiempos, pero la economía necesita imperiosamente un anabólico. El más veloz vendría por ese lado.