El PC cubano debate sobre su fracaso

El partido único siempre es una trampa donde los que piensan distinto son asfixiados, relegados, postergados, separados, desplazados y castigados por no coincidir con las ideas del jefe máximo que, como se sabe, es el único que tiene todas las respuestas acertadas.

Por Gonzalo Neidal
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hermanos fidel y raul castroLos hermanos Castro tienen miedo a que en Cuba ocurra una suerte de “efecto Gorbachov”. Temen que el sólo entornar la puerta para que corra aire fresco dé paso a un vendaval incontrolable, como ocurrió en la URSS.
Y es muy razonable que tengan tales prevenciones.
Por eso, el VII Congreso del Partido Comunista cubano se visualiza no tanto como un ámbito de discusión de las transformaciones por las que la isla clama sino más bien como un intento de controlar a la tropa propia para que los cambios –que son inevitables- no se lleven puesta a la temerosa burocracia comunista. Un escenario para afianzar convicciones venidas a menos y para convencer a los 1.000 delegados que el socialismo es una maravilla y que a la vuelta de la esquina les aguarda un futuro venturoso.
En su discurso inaugural, Raúl Castro respondió a lo que constituyen demandas populares y que se irán robusteciendo con el paso de los días. En primer lugar, embistió contra la posibilidad de que exista algún partido político distinto delPC. El argumento es fantástico: eso sería debilitar la unidad y hacerle el juego al imperialismo. La diversidad en el pensar es, sin embargo, el único modo de avanzar, de corregir errores, de progresar en la democratización de la sociedad, de acceder a la libertad de pensamiento y de expresión. El partido único siempre es una trampa donde los que piensan distinto son asfixiados, relegados, postergados, separados, desplazados y castigados por no coincidir con las ideas del jefe máximo que, como se sabe, es el único que tiene todas las respuestas acertadas.
Hace bien Castro al defender la necesidad del partido único. Se trata de una posición tan ridícula e insostenible que constituye un punto muy vulnerable de la argumentación socialista. Y debe ser apuntalado con discursos encumbrados.
Otro de los temas que abordó Raúl en su discurso inaugural fue el de las privatizaciones: negó que Cuba vaya a adoptar una política privatista. En la realidad, ocurre que es la actividad privada la que está salvando a los cubanos. Rápidamente cada cubano se va transformando en un emprendedor que cada día niega, en los hechos, los principios sobre los que la sociedad cubana dice edificarse.
Sin embargo, los problemas del socialismo son inocultables y resulta inevitable abordarlos. Castro se disculpó de que las recomendaciones del VI Congreso (2011) no hayan podido ser implementadas sino en una mínima parte (21%): “El obstáculo principal ha sido el lastre de una mentalidad obsoleta que conforma una inercia y falta de confianza en el futuro”, dijo. Y tiene razón. Es una de las principales falencias del sistema que abruma a la isla desde hace más de 60 años.
Dijo también que la “empresa estatal socialista se encuentra en una situación desventajosa en comparación con el sector no estatal”.Y agregó: “La distorsión que trae aparejada la dualidad monetaria junto al discreto desempeño de la economía son las causas que no han permitido aplicar lo acordado sobre las gratuidades indebidas y subsidios porque no se ha podido generalizar el incremento del salario”. En otras palabras: los salarios son misérrimos y el estado debe auxiliar a los ciudadanos con subsidios, que se consideran “indebidos”.
Como fuere y pese a las notorias resistencias a aceptar el fracaso, la economía y la sociedad cubana se van moviendo inexorablemente hacia contextos de mayor libertad económica y política.
Cada día nace una nueva empresa impulsada por un cubano harto de vivir a costa de subsidios y limosna pública. Cada día alguien nuevo se pregunta por qué Cuba no puede tener un sistema democrático, como tantos países del mundo.
Pero, al parecer, para que los cambios se aceleren, hace falta que alguno de los Castro, o ambos, sea convocado por el Creador.