Yerros y desmesuras sobre los papeles de Panamá

El caso de los papeles de Panamá y la mención del presidente Mauricio Macri en algunos de ellos, ha generado un chisporroteo abundante pero que difícilmente pueda sostenerse en el tiempo a partir de la endeblez del material revelado.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

2016-04-05_ALONSO_webEl caso de los papeles de Panamá y la mención del presidente Mauricio Macri en algunos de ellos, ha generado un chisporroteo abundante pero que difícilmente pueda sostenerse en el tiempo a partir de la endeblez del material revelado. Pero el tratamiento dado al tema ha dejado tela para el comentario.
En un lugar destacado se cuenta a la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso.
Aunque las acusaciones contra Macri carezcan de solidez y sean malintencionadas, aunque sea evidente que las acciones que se le atribuyen al presidente estén lejos de configurar delito, está claro que alguien que ejerce el cargo de Laura Alonso no puede salir a defender a Mauricio Macri del modo en que. La lucha contra la corrupción involucra a todos, incluso al propio presidente. Todos han de estar sometidos al escrutinio vigilante del funcionario encargado de velar por la honestidad en la función pública. De modo tal que se trata de un cargo donde deben primar la mesura y el equilibrio, atributos que parecen alejados de la configuración psíquica y emocional de la actual responsable del área. La oficina anticorrupción no debe ser un club de fans del presidente.
Muchos errores se cometieron también desde el periodismo. En primer lugar, muchos de quienes informaban sobre los hechos y sus probables implicancias no tenían demasiado claro lo que significa constituir una sociedad off shore, en un país de los que se denomina “paraísos fiscales”.
Existen motivos ilícitos para ello pero también existen muchasrazones que responden a conveniencias comerciales, impositivas o de otra índole. La presunción que asocia a una sociedad constituida en el exterior con el delito, no puede ser sostenida seriamente.
Una periodista, que jugó un papel prominente en el análisis de estos documentos, decía en televisión (citamos de memoria): “En Panamá me dijeron que cualquier sociedad constituida allí podía operar libremente en todo el mundo. ¡Yo no lo podía creer!”. En general, todas las sociedades constituidas en cualquier país tienen libertad de operar en cualquier país si cumplen con las leyes, los registros y otros requisitos. No necesitan que las habilite FOPEA, por ejemplo. Se escucha también hablar de sociedades “fantasma”, lo que coloca un halo de sospecha sobre todo lo que atañe a estas operaciones.
Como ya dijimos anteriormente, existe en el periodismo que criticó al gobierno anterior, una suerte de sentimiento de culpa que intenta salvar con
la búsqueda forzada de una presunta ecuanimidad.
Nos explicamos mejor: algunos periodistas parecen tener miedo de ser acusados de haber sido duros con un gobierno y ahora blandos con el que le sucedió, y que eso suponga falta de imparcialidad en sus juicios. Por ese motivo (y también porque agrandar una sospecha suele ser más atractivo que juzgarla como infundada) es que ahora salen con los tapones de punta cuando aún no hay nada que pueda sostener una acusación seria contra el presidente. Piénsese que, papeles similares a los que hasta ahora se conocen, en cualquier momento de la década anterior, hubiesen sido descartados por insustanciales.
La ecuanimidad consiste, en todo caso, en juzgar con propio criterio, sopesar cada documento con propia cabeza y emitir una opinión sin temor a ser señalado como carente de objetividad. Lo otro, sería compensar indebidamente las culpas, repartir cuestionamientos hacia uno y otro lado, aunque no correspondan.
Por supuesto que, cuando se tengan pruebas o indicios severos de comportamientos inapropiados o deshonestos por parte de quien fuere, del presidente hacia abajo, la crítica deberá caer con firmeza. Pero nada indica que ese momento haya llegado después del destape de Panamá y con la documentación que hasta ahora se conoce.