Post apertura de sesiones, PJ maniobra para romper su cepo político

El discurso presidencial dejó mal parados a los sectores moderados del justicialismo. La Cámpora redobla la presión. Pichetto resiste y diseña plan para destrabar ley cerrojo. Temen crecimiento de UNA y fracturas en los bloques legislativos.

Por Marcos Duarte
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gioja y pichettoLos principales afectados por el tono del discurso de Mauricio Macri en la apertura de las sesiones ordinarias no fueron, como podría pensarse, los sectores más identificados con el kirchnerismo. En realidad, quienes más sufrieron las referencias presidenciales a la herencia recibida fueron quienes se referencian con los gobernadores peronistas.
Mientras los diputados de La Cámpora montaban una escena de indignación y exhibían carteles con leyendas contra el gobierno, los operadores del justicialismo moderado trataban de imaginar una estrategia para salvar los sigilosos entendimientos que vienen construyendo con los operadores del gobierno.
El peronismo tiene varios frentes de tormenta. Por un lado, el kirchnerismo ortodoxo despliega, sin demasiada consulta, un perfil ultra opositor y de confrontación abierta con el oficialismo. Por otro, los referentes territoriales buscan un plan alternativo que les permita mantener una relación razonable con el ejecutivo con su consecuente provisión de fondos para los distritos que conducen. Luego del mensaje de Macri, estos intereses parecen haberse tornado más difíciles de conciliar.
Desde la trinchera del kirchnerismo blanden las acusaciones presidenciales hacia la gestión de Cristina Kirchner como una declaración de guerra abierta y exigen la solidaridad de los referentes parlamentarios. El blanco elegido por los camporistas es el punto que consideran más sensible para la administración nacional: el paquete de leyes referido a la negociación con los holdouts. Creen que, en caso de aprobarse, el gobierno de Cambiemos obtendrá una dotación de fondos frescos que le permitirá sostener el plan económico sin mayores complicaciones. La apuesta de estos sectores es bloquear ese escenario.
Por el lado del peronismo tradicional el análisis es inverso, creen que el acuerdo con los bonistas les otorga ventajas por dos vías. Por un lado les permite conseguir financiamiento externo para sus administraciones a tasa razonable y por otro los fortalece en la negociación con el gobierno nacional a partir de la necesidad numérica del oficialismo en las cámaras legislativas. Además, están convencidos que la estrategia intransigente solo beneficia a sus principales rivales: los sectores peronistas disidentes representados por Sergio Massa y José Manuel de la Sota.
Los legisladores nucleados en UNA vienen adelantando una posición proclive a permitir el paso de las iniciativas gubernamentales por el Congreso. A cambio, exigirán algunos gestos del gobierno en temas sensibles. Las modificaciones en el impuesto a las ganancias y el trato preferencial para los distritos en los que tienen responsabilidades de gobierno son algunos de los puntos que vienen acordando con los operadores de Cambiemos. En el discurso presidencial hubo párrafos que parecieron implicar una luz verde para esas peticiones.
Los referentes del PJ orgánico creen que este esquema está implicando un desmesurado crecimiento de la alianza entre massistas y delasotistas. Temen que si no recuperan capacidad de generar acuerdos pueda haber pases de dirigentes hacia el esquema de UNA o se generalicen las fracturas como la que encabezó recientemente Diego Bossio. Saben que el gobierno, de no contar con un acuerdo con los bloques del FPV, encarará negociaciones individuales con los gobernadores y legisladores que se muestren predispuestos.
Ante esta situación, el principal operador legislativo de los gobernadores, Miguel AngelPichetto se apresuró a diseñar una estrategia de contención. Por un lado afirmó que el Frente para la Victoria dará quorum para el tratamiento de las leyes que necesita el gobierno. De esta manera intentará generar un clima propicio para retomar las negociaciones sin adelantar, todavía, posición sobre el asunto.
Por otro lado, trasladó a los operadores del oficialismo la necesidad de maximizar los tiempos de tratamiento parlamentario. “Por lo menos tres semanas” habría sido el plazo que habría pedido el líder de la bancada de senadores del FPV. En ese lapso, intentará convocar a especialistas reconocidos que opinen sobre el tema en cuestión.
Obviamente, esto no responde a una necesidad de ampliar los conocimientos sobre el tema en cuestión. Una de las figuras que Pichetto piensa consultar es nada menos que Roberto Lavagna, actual gurú de la dupla Massa- De la Sota. El rionegrino sabe que el ex ministro de Economía de Néstor Kirchner fue el autor de los canjes 2005 y 2010 y tiene una posición crítica con respecto al acuerdo con los holdouts.
Con esta jugada pretende responder en dos frentes simultáneamente. Por un lado gana tiempo para recomponer los esquemas de conversación con el gobierno y, por otro, expone al principal referente del peronismo disidente en la discusión pública. De esta manera, puede meter una cuña en el frente interno de la alianza massa-delasotista.
Más allá de estas maniobras de Pichetto, los referentes del peronismo tradicional saben que, tarde o temprano, deberán resolver el tema de fondo. El proceso de renovación de autoridades está en marcha y la estrategia definida, hasta el momento, es consagrar una conducción hegemonizada por los sectores dialoguistas. Para que este plan tenga éxito deben salir del cepo político en el que se encuentran. La mejor postal de la situación la brindó José Luis Gioja el martes cuando asistió a la performance montada por La Cámpora en silencio y sin portar ninguna pancarta contra el gobierno.