Para arriba

En este 2016, a poco más de 30 años de aquel récord de ventas del disco “Rockas vivas” de su grupo Zas, Miguel Mateos vuelve al ruedo con “Electropop”, un nuevo álbum en el que renueva sus méritos e intenta encajar dentro de un género que goza de actualidad manifiesta.

Por J.C. Maraddón
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ilustra miguel mateosYa desde su primera aparición pública, Miguel Mateos se vio envuelto en una polémica que le generó la aversión de muchos rockeros. Porque en 1981, su banda Zas se ganó el derecho a telonear al grupo Queen en la cancha de Vélez, sin que se supiera muy bien qué méritos artísticos tenía para hacerse acreedor a semejante privilegio. Se suponía que había bandas con larga trayectoria y un perfil mucho más adecuado al estilo de los liderados por Freddie Mercury. Pero fue Zas el que pasó a la historia como banda soporte de ese que representó uno de los primeros shows internacionales trascendentes que se hizo en Argentina.
Poco después, Zas publicó su primer disco, que contaba con un éxito de radio que se impuso inmediatamente. “Va por vos, para vos” encontró el camino despejado para sonar en todas partes, porque su aparición coincidió con la época de la Guerra de Malvinas y con la prohibición de difundir música en inglés. Tras aquella irrupción un poco forzada por los acontecimientos, Zas intentaba una tibia reconciliación y, con su álbum debut, conseguía involucrarse en el tropel de intérpretes rockeros que empezaban a hacerse conocidos para el gran público, tras haber permanecido en el underground desde finales de los años sesenta.
Dentro de esa lista de formaciones juveniles que alcanzarían la cumbre del suceso en los primeros años de la recuperación de la democracia, Zas fue uno de los nombres más aceptados por esa gente que no discriminaba a los artistas por su adscripción o no al género del rocanrol. Con sus canciones de estribillos tribuneros y un entusiasmo sonoro parecido al que por estos días promueve Tan Biónica, el grupo de Miguel Mateos ingresó de lleno en el territorio de la fama a través de su disco “Rockas Vivas”, de 1985, que reunía a los hits de la banda en versiones en directo grabadas en el Teatro Coliseo de Buenos Aires.
El álbum vendió más de 500 mil copias en la Argentina y disparó el lanzamiento de Zas hacia toda Latinoamérica, donde Miguel Mateos se transformó en una referencia ineludible. Sin embargo, mientras el resto de los integrantes iba y venía, Mateos permanecía firme en el timón y ese llevó a que su nombre se incorporase a la denominación del grupo, hasta que finalmente la formación se disolvió y quedó abierta la puerta para la carrera solista del cantante. Pergaminos de popularidad no le faltaban para encarar esa nueva etapa.
Con producción de Michael Sembello, publicó en 1990 su disco “Obsesión”, en el arranque de un periplo en solitario cuyo despegue concitó grandes expectativas. Durante los noventa, su aura de cantante hitero lo acompañó en cada uno de sus pasos, aunque lentamente empezó a quedar atrapado por las telarañas de lo retro. Su público no se renovó, el catecismo rockero nunca terminó de aceptarlo y su repertorio comenzó a acotar su alcance a los memoriosos que recordaban su etapa dorada y que le pedían que volviera a los viejos éxitos, sin prestarle atención a sus nuevas composiciones.
En este 2016, a poco más de 30 años de aquel récord de ventas de “Rockas vivas”, Miguel Mateos vuelve al ruedo con “Electropop”, un nuevo álbum en el que renueva sus méritos e intenta encajar dentro de un género que goza de actualidad manifiesta. En “La ley del pulgar”, el single que salió como adelanto, se lo escucha maduro y elegante. Muy lejos del rock. Pero, sobre todo, muy distante de aquella enjundia que alguna vez lo consagró como ídolo de una generación que, aunque no viera la salida, pensaba que tirando sus abrigos para arriba iba a lograr que todo cambiara para mejor.