La respuesta es NO, Evo

Evo es un presidente muy singular. En congresos internacionales, por ejemplo, ha expuesto sus curiosas teorías sobre la influencia de la ingesta de pollos sobre la virilidad de los hombres y sobre su calvicie. Ahora, tras su derrota, ha propuesto controlar las redes sociales. Les atribuye a ellas el poder de voltear gobiernos. En otras palabras, las responsabiliza de su derrota.

Por Gonzalo Neidal
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2016-02-22_MORALES_webAunque el escrutinio en Bolivia no ha concluido todavía, los diarios de todo el mundo y las propias declaraciones del Evo Morales hacen entender que finalmente los bolivianos han rechazado la posibilidad de que el actual presidente pueda participar de nuevos comicios para ser presidente tras el vencimiento de su actual mandato en enero de 2020.
Más allá de las razones locales, específicas, que hayan tenido los bolivianos para sentenciar prematuramente la continuidad de Evo, es clara la presencia de una corriente de alcance regional desfavorable para los gobiernos populistas que predominaron durante los últimos quince años en América Latina.
En Perú, los gobiernos de Ollanta Humala y antes el de Alan García, el avance de la oposición en Venezuela, el desplazamiento del peronismo en nuestro país, las crecientes dificultades de Dilma Rousseff en Brasil, la llegada al gobierno de México de Peña Nieto, los crecientes problemas de Michelle Bachelet en Chile, son todos síntomas de una nueva tendencia en la Región. A todo ello habría que agregar la aceptación por parte del gobierno de Cuba del fracaso del régimen que gobernó la isla durante el último medio siglo y su acercamiento inexorable hacia Estados Unidos.
Con la caída de los precios de las commodities, el dinero fácil y abundante se ha terminado y con él la posibilidad de políticas dadivosas y de reparto a manos llenas, base de las políticas populistas. Llegan tiempos distintos y es probable que muchos pueblos de América hayan comenzado a rechazar políticas que llevan a sus países a situaciones de degradación económica y política como las que se observan cotidianamente en Venezuela.
Evo es un presidente muy singular. En congresos internacionales, por ejemplo, ha expuesto sus curiosas teorías sobre la influencia de la ingesta de pollos sobre la virilidad de los hombres y sobre su calvicie. Ahora, tras su derrota, ha propuesto controlar las redes sociales. Les atribuye a ellas el poder de voltear gobiernos. En otras palabras, las responsabiliza de su derrota.
Como fuere, el pueblo de Bolivia y en especial sus sectores más dinámicos, laboriosos y que ofician de motores del progreso en ese país, han frenado la pretensión de Evo de eternizarse en el poder, aspiración de todo gobierno populista, que siempre se ve a sí mismo como redentor, como la única posibilidad que cuenta el país para dejar el atraso y la marginación social. Algo que, por supuesto, nunca logran.