El desafío de la orientación

Mediante una audaz virilidad decisionista, el PRO evaporó al principio de su gestión los fantasmas de la gobernabilidad, pero mientras tanto descuidó y alimentó las caracterizaciones que lo señalan como un “Gobierno de ricos para ricos”. Casi un 45% de los encuestados percibe que el macrismo favorece a la clase alta. En la orientación percibida de su hoja de ruta reside el principal desafío del nuevo gobierno.

Por Ignacio Ramírez
Director de Ibarómetro

Por Guido Moscoso
Director del área de Opinión Pública de Ibarómetro

p072015 será recordado como uno de los años electorales más intensos y competitivos de la historia argentina contemporánea, cuyo desenlace inesperado desafió a muchas de las categorías con las cuales pensábamos (y predecíamos) el comportamiento político de los argentinos. Transitados dos meses desde la asunción del nuevo gobierno —en cuyas escenas inaugurarles se hizo visible la llegada de una nueva estética y un nuevo lenguaje a nuestra cultura política— resulta interesante y necesario examinar las nuevas constelaciones de la opinión pública argentina. A la búsqueda de continuidades, novedades y rupturas, desde Ibarómetro realizamos una encuesta de alance nacional de 1200 casos entre el 10 y el 12 de febrero (cuyo informe completo está disponible aquí) que alumbra aspectos muy interesantes del paisaje político en este incipiente 2016. Mientras que buena parte de los análisis periodísticos suelen estar obsesivamente enfocados sobre la “oferta”, lo que hacen y dicen los dirigentes, aquí en cambio nos centraremos en las percepciones y opiniones de los ciudadanos, esto es: en la “demanda”.
A continuación vamos a recorrer los principales resultados de la investigación, añadiendo a los datos distintas interpretaciones, organizados en tres dimensiones: 1. Miradas sobre el Gobierno nacional. 2. Contexto anímico y 3. Mercado político-electoral.

Miradas sobre el Gobierno nacional
A poco más de dos meses de la asunción de Mauricio Macri como presidente, la encuesta revela un balance positivo: un 56% de los argentinos valora favorablemente su tarea. Como suele ocurrir, desde el mismo dato pueden transitarse adjetivaciones y lecturas divergentes: al conocerse este resultado, algunos analistas pusieron el acento en la hemorragia de popularidad que el 56% entrañaría, ya que las primeras mediciones del GGobierno iluminaban niveles más altos de adhesión. Por el contrario, una lectura alternativa, igualmente válida, enfatizó la fortaleza que significa conseguir un umbral de apoyos por encima del 50%, máxime cuando las opiniones positivas conviven con un clima económico antipático. Desde esta perspectiva se trataría de un “apoyo neto”, despojado de viento de cola. Es temprano para cerrar el debate y habrá que monitorear la evolución de la imagen del gobierno ya que, en cualquier caso, una gaviota no hace verano. Volvamos a los números para conocer los pilares sobre los cuales se edifica el 56% de evaluaciones positivas que recolecta el nuevo gobierno: el 42% de los aprobadores invocan el argumento “representa una alternativa al kirchnerismo” como principal motivo de aprobación; muy por encima del 26% que alude a las medidas o políticas de gestión adoptadas a la hora de explicar su “oficialismo”.
Tal anatomía motivacional de apoyo revela una fortaleza y también una falta: por un lado resulta evidente que el framing“herencia” que se viene desplegando —toda legitimidad se funda en re-escribir el punto de partida— ha sido comunicacionalmente eficaz en un amplio sector de la sociedad. Sin embargo, la teoría de la herencia y la condición de “nuevo/distinto” son herramientas de rendimientos decrecientes; pronto dejarán de ser eficientes y, por entonces, el PRO requerirá movilizar componentes emocionales —como aquella identificación densa que logró el kirchnerismo— o conseguir que los ciudadanos mediante “fríos y racionales” cálculos de desempeño valoren el rumbo en curso. Dado que el PRO no busca estimular las pasiones políticas, su principal desafío radica en pasar de lo distinto a lo eficaz, de modo de construir un contrato transaccional pero estable con sus votantes, a quienes no busca apasionar sino fidelizar. En el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires tuvo éxito recorriendo ese camino. A escala nacional, todavía es una incógnita.

Contexto anímico
El estado anímico de la opinión pública muestra las fisuras de “la grieta”, costumbrista imagen televisiva para aludir a la polarización, esto es: el empate político-ideológico que se cristalizó con prolija simetría en el balotaje reaparece bajo una suerte de paridad sentimental, aunque en este caso suavemente escorada hacia la crítica. Un 47,1% manifiesta sentimientos negativos a la hora de mirar el futuro mientras que un 44,3% expresa sentimientos positivos. Los datos en perspectiva aquí sí bosquejan una clara tendencia en dirección hacia la incertidumbre y el pesimismo, apalancados por el deterioro de las percepciones socioecómicas: 7 de cada 10 argentinos consideran que la inflación creció durante los últimos dos meses y cerca del 50% percibe que la pobreza y el desempleo también vienen escalando.
A lo largo de su inteligente y disciplinada campaña, el PRO había suavizado los prejuicios que lo sobrevuelan desde su origen: el sesgo de clase de su staff y de sus políticas. El deterioro del entorno económico y sociolaboral, vuelve a debilitar el aspecto social del PRO; tal es así que de las cuatro cláusulas del contrato electoral solo “reducción de pobreza” suscita una evaluación deficitaria. Por el momento, extendidas percepciones negativas del entorno económico no son incompatibles con una buena evaluación del Gobierno, pero si tales preocupaciones se acentuaran comenzarán a lesionar la imagen del Gobierno y sobre todo impactarán sobre su identidad y posicionamiento. Mediante una audaz virilidad decisionista, el PRO evaporó en un mes los fantasmas de la gobernabilidad pero mientras tanto descuidó y alimentó las caracterizaciones que lo señalan como un “Gobierno de ricos para ricos”. Al respecto, casi un 45% percibe que el macrismo favorece a la clase alta; porcentaje superior del 32% que lo vincula con la promoción de la clase media. La economía tiene intermitencias, pero la identidad de un Gobierno se graba en el imaginario de manera menos oscilante. En la orientación percibida de su hoja de ruta reside el principal desafío del nuevo Gobierno.

Mercado político-electoral
El mercado electoral no funciona rígidamente segmentado en bloques pero tampoco se encuentra desregulado; lo estructuran diversas identificaciones políticas que tal vez no tengan la fuerza vinculante y la estabilidad de la “belle époque de los Grandes Relatos”, pero que sin dudas evidencian la vigencia de clivajes ideológicos y de marcados contrastes en la matriz político-cultural argentina. Es decir, la imagen de individuos desprovistos de ideología que elaboran balances desapasionados sobre la gestión de un gobierno constituye un retrato falso. La encuesta detecta la cristalización y persistencia de dos nuevas identidades políticas, decodificadas con claridad por la mayoría de los argentinos: kirchnerismo y macrismo surgen consolidados como los dos lenguajes políticos que protagonizan la escena política contemporánea. Casi un tercio se manifiesta cercano al PRO mientras que un sector de similar tamaño se identifica con el FpV. En otras palabras, 6 de cada 10 argentinos reparten sus simpatías entre estas nuevas identidades políticas surgidas de las entrañas del 2001 y convertidas hoy en los dos principales atajos cognitivos de los argentinos. Por su parte, el peronismo no kirchnerista recluta un 3% de adhesiones; share modesto que instala el interrogante sobre las posibilidades de expansión que tiene esa propuesta. Analizado desde la demanda, el peronismo no kirchnerista transita un delgado camino ya que al despegarse del kirchnerismo y alentar una revisión retroactiva de su balance, se aleja automáticamente del 30% del electorado y se desliza hacia un terreno hegemonizado por el oficialismo.
En relación a este tema, el estudio aporta un interesante ejemplo de la vidriosa relación entre los datos y el análisis estratégico. Leída de manera agregada, el 59% de la opinión pública se manifiesta en favor de una oposición dialoguista, lo cual pareciera convalidar la estrategia por la que optaron distintos dirigentes del peronismo. Sin embargo al hacer doble clic sobre la base electoral opositora —aquellos que evalúan negativamente al actual Gobierno— se advierte una sorpresa: el 65% prefiere una oposición firme que le ponga límites al oficialismo. Muchas veces el análisis de la opinión pública considerada globalmente conduce a una mala praxis interpretativa que alienta estrategias ineficaces. En síntesis, toda competencia se basa en la alteridad, en el contraste, más que en el parecido. No obstante, y pese a que la encuesta contenga datos que acreditan la vigencia del kirchnerismo como identidad y centro de gravedad de la oposición, el FpV necesita armonizar intensidad con competitividad. En pocas palabras: necesita más dirigentes con buena imagen en la sociedad, porque así como el macrismo entendió que para ganar la elección no podía hacer pre-kirchnerismo, el kirchnerismo deberá aceptar que si aspira a “volver” ya no podrá hacer “pre-macrismo”.
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