La ruta de la barbarie

“A mi ni me interesa un carajo lo académico, no me importa. Yo no soy universitaria ni me interesa. Yo provengo de la militancia partidaria, soy peronista kirchnerista"

Por Gonzalo Neidal
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2016-02-21_IRIONDO_TAMARIT_TATIAN_webSi no fuera porque ya ningún dicho de los kirchneristas pueden sorprendernos, estaríamos propensos a creer que las palabras que se le atribuyen a la decana de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física (FAMAF) Mirta Iriondo son inventadas por sus enemigos para desprestigiarla o para hacerla pasar por una mujer con quien la naturaleza ha sido un poco avara al momento de la provisión de materia gris.
Dijo la decana: “A mi ni me interesa un carajo lo académico, no me importa. Yo no soy universitaria ni me interesa. Yo provengo de la militancia partidaria, soy peronista kirchnerista. Como Pancho (Tamarit), con el cual venimos trabajando para gobernar la Universidad”.
Sic, sic y sic.
Aunque no estuvimos presentes en ese momento, imaginamos que lo dijo con tono desafiante, como quien exhibe con orgullo un mérito inusual del que se jacta, mientras busca miradas de aprobación y aún de admiración entre quienes la escuchan.
La decana confiesa que su verdadera ambición era la de gobernar la Universidad. Pero ¿para qué querría alguien llegar a la posición a que ella aspiraba, si no es para mejorar la Facultad y la Universidad y apuntar a la elevación del nivel académico como uno de objetivos centrales de su gestión?
La afirmación descarada de la decana es aún más grave tratándose del FAMAF, desde donde se supone debe irradiar el conocimiento en ciencias de las denominadas “duras” y donde se espera, además, que el nivel y todo lo vinculado con lo académico es sustancial. Porque no estamos hablando de la Facultad de Turismo, la de Periodismo o la de Psicología, con todo el respeto que estas importantes disciplinas nos merecen.
Ignoramos si FAMAF funciona en piloto automático o si, por el contrario, su decana tiene un rol decisivo en la formación de los profesionales. Quizá la institución esté lo suficientemente aceitada como para realizar con eficiencia su importante tarea aun cuando contara como decano a una persona completamente incapaz para sus funciones. No decimos que este sea el caso, pero existen severos indicios de que las ideas de las decana no se correspondan con un nivel académico elevado.
Si quien tiene que conducir a la Facultad que forma a los físicos, matemáticos y astrónomos, confiesa su desinterés por lo académico, es probable que la calidad de los nuevos profesionales no esté garantizada.
No es la primera vez que esto sucede. Hacia los setenta algunas Facultades de la UNC (recuerdo Arquitectura), también estaban absorbidas por el concepto “revolucionario” según el cual lo técnico carece de importancia y lo verdaderamente relevante es que los nuevos profesionales tengan “un elevado nivel de conciencia revolucionaria”.
Es evidente que este camino de degradación debe abandonarse. Es la ruta que nos aleja de la Ciencia y nos conduce directo a la barbarie. Si se privilegia la política por sobre el conocimiento, vamos camino a la ruina de las universidades.
Uno se pregunta si los estudiantes y docentes de la FAMAF no tienen nada para decir acerca de los dichos de su decana.