Bajando cuadros

¿Cómo razona Massa? ¿Acaso piensa que el gobierno se paraliza para descolgar cuadros y durante un tiempo prolongado deja de ocuparse de los “temas profundos”, descuidándolos? ¿Piensa que el gobierno no está preocupado por el empleo y los precios? ¿Se le ocurre que el gobierno no puede hacer dos cosas a la vez? O mejor aún: ¿Massa piensa que el empleo y los precios dejan de presentar problemas si los cuadros de Néstor y Chávez permanecieran en sus respectivos lugares?

Por Gonzalo Neidal
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Finalmente, el gobierno nacional se decidió a descolgar los cuadros de Néstor Kirchner y Hugo Chávez de la pared que los lucía en la Casa Rosada.Finalmente, el gobierno nacional se decidió a descolgar los cuadros de Néstor Kirchner y Hugo Chávez de la pared que los lucía en la Casa Rosada.

Muchos pensábamos que esto era algo que debió hacerse bien al comienzo y no con una mora de casi dos meses. Pero el gobierno se maneja con un reloj cansino. Sus tiempos parecen prescindir de urgencias y demandas perentorias. Al menos en estos asuntos que construyen su perfil ideológico.Quizá el gobierno imposte cierta indiferencia en estos temas para diferenciarse de la gestión anterior, que ponía gran énfasis en lo ideológico y lo simbólico.

Lo que resultó llamativo fue la reacción de Sergio Massa, que impugnó la decisión del gobierno y la calificó de “provocación innecesaria”. Entendemos que Massa se refiere únicamente al retrato de Néstor Kirchner y que no objeta el traslado de la pintura de Hugo Chávez. Después de todo, fue Néstor quien fue su jefe político durante tantos años. Sin embargo, Massa no lo aclara y parece que se refiere a ambos.

Los argumentos que propone Massa son verdaderamente insólitos. Aludió la “unidad”, la necesidad de “ocuparse de los temas que nos unen”. No pareciera que las figuras de Néstor y Chávez revistan ese carácter. Si hay algo que sin ninguna duda ha separado a los argentinos, ha sido precisamente la figura de Néstor Kirchner. Y si hay un personaje controvertido en la historia reciente de América Latina, es Hugo Chávez. Hay que agregar a Ernesto Guevara, cuyo cuadro aún no ha sido descolgado.

Pero además, el gobierno ha triunfado en comicios reñidos y, por eso, tiene pleno derecho y también absoluta necesidad de elaborar un perfil propio. Necesita construir su propia imagen. Y esta no puede consistir en la aceptación pasiva del sistema de valores políticos e ideológicos del gobierno al que acaba de derrotar y que fue rechazado por la mayoría de los argentinos.

Lo de Massa es un extremo de la llamada “corrección política”. Repite un casete hasta la fatiga. Aspira a figurar en carteleras de neón como el político del mes y cree que eso puede ser logrado a fuerza de una insípida moderación y una equidistancia de lo que él supone son extremos condenables. Una especie de Papa político que reparte bendiciones a diestra y siniestra, a justos y pecadores.

El otro argumento utilizado por Massa para que los retratos de Néstor Kirchner y Hugo Chávez permanezcan en sus lugares, es muy trillado y grosero: que el gobierno debe ocuparse de “los temas que le importan a la gente”. Y enumeró: el aumento de precios, la inseguridad, el empleo.

¿Cómo razona Massa?

¿Acaso piensa que el gobierno se paraliza para descolgar cuadros y durante un tiempo prolongado deja de ocuparse de los “temas profundos”, descuidándolos?

¿Piensa que el gobierno no está preocupado por el empleo y los precios?

¿Se le ocurre que el gobierno no puede hacer dos cosas a la vez?

O mejor aún: ¿Massa piensa que el empleo y los precios dejan de presentar problemas si los cuadros de Néstor y Chávez permanecieran en sus respectivos lugares?

Entendemos la difícil situación de Massa. Su prédica lo lleva a colaborar con el gobierno pero su ambición de transformarse en un opositor relevante, lo impulsa a diferenciarse.

Es una cornisa difícil de transitar.

Y nos da la sensación de que no lo está haciendo con solvencia.