La excusa de ser peronista

Por Gonzalo Neidal
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Un peronista conocedor de la doctrina le podría haber señalado aquello que antes que el movimiento y los hombres, está la Patria. O bien, que ya ha caducado aquel mandato de los años 40 según el cual “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”. Perón le dio de baja a su regreso del exilio y lo reemplazó por el más democrático “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Julio Bárbaro podría explicárselo bien.diapason

Hace pocos días, en un programa político de televisión, el ex gobernador de Buenos Aires Felipe Solá criticó en duros términos la gestión de Daniel Scioli en esa provincia. Reconoció que le dejaba una dura carga a María Eugenia Vidal y dijo también que él ya conocía desde un tiempo antes la deplorable labor desarrollada por Scioli.

En la misma conversación, minutos después, Solá dijo que en el ballotage él había votado por Scioli. Y, con cara de quien pronuncia un argumento irrefutable e inobjetable dijo: “Yo voté por Scioli porque soy peronista”.

Sin que lo haya afirmado taxativamente, el razonamiento de Solá parece recorrer un camino como éste: “soy consciente de que Scioli fue un mal gobernador a punto tal que dejó a su sucesora una situación desastrosa. Pero deseo que, no obstante, sea él quien gobierne el país, aunque haya demostrado lo peligroso que sería que esto ocurriera. La razón de mi voto es muy sólida: él es el candidato del peronismo y yo, como soy peronista, debo votarlo aunque tenga la convicción de que sería un pésimo presidente”.

Es un razonamiento increíble. Sobre todo para Solá que no es kirchnerista y que, además, fue candidato por un frente opositor.

Un peronista conocedor de la doctrina le podría haber señalado aquello que antes que el movimiento y los hombres, está la Patria. O bien, que ya ha caducado aquel mandato de los años 40 según el cual “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”. Perón le dio de baja a su regreso del exilio y lo reemplazó por el más democrático “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Julio Bárbaro podría explicárselo bien.

Claro que no estamos objetando la dirección del voto de Solá. Estamos en democracia y cada quien puede votar a quien quiera y debe ser respetado en su decisión. No: lo que estamos tratando es de comprender sus argumentos. Y claramente estamos fracasando en el intento.

Si algo o alguienfalla y estamos seguros de que falla… ¿para qué seguir intentándolo? Hay una famosa frase que se atribuye a Einstein cuestionando a quienes repiten los mismos experimentos y se asombran de obtener resultados idénticos.

Y es cierto: con los criterios de Solá aplicados a la ciencia, estaríamos todavía en tiempos de las cavernas.

¿Ser peronista obliga a Solá a votar en contra de lo que su razonamiento, su percepción y su razón le indican? ¿O le sirven de excusa? Si no hubiera existido el impedimento constitucional y Cristina hubiera sido la candidata del peronismo… ¿Solá la hubiera votado con idéntico argumento?

Habría muchas preguntas para hacer: ¿Qué cantidad de errores, desaciertos y daños al país son necesarios para que se justifique infringir esa ley que, según el dirigente, obliga a votar a alguien de su misma filiación política?

O bien: ¿En qué momento la afinidad política se transforma en simple y llana complicidad?