Macroeconomía y casas de empeño

En 1888, un diario cordobés reflejaba la bonanza ficticia de aquellos años de préstamos ingleses y de alegre emisión de billetes, que conducían a la crisis del noventa.

Por Víctor Ramés
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rames BilletesBancoPcialCbawave bokeh 2 darkEntre 1880 y 1890 se produjo en la Argentina un arco de aparente ascenso y verdadera caída económica. Más que “se produjo”, el mismo fue producido –o al menos consolidado- por la política del presidente Julio A. Roca, cuyo poder y cuyos proyectos subsistieron desde 1880 hasta -mediante sucesores- el año 1904. No es que el progreso, o la modernización dejasen de ocurrir, pero lo cierto es que aquella bonanza era esencialmente hueca. En ese período los capitales ingleses invirtieron en el ferrocarril, el sistema bancario y los frigoríficos argentinos, que integraron el país al mercado mundial en un rol agroexportador. La deuda externa inició un crecimiento que se haría preocupante, al formarse una brecha entre el pago de los intereses y el valor de las exportaciones.

Para hacer posible el sostenimiento del modelo, tuvo que ser una década atravesada por el fraude político, la exclusión y la represión social, en tanto miles de operadores de bolsa especulaban con acciones de todo pelaje. En 1886 asumió la presidencia el cordobés Miguel Juárez Celman quien, entre otras medidas, impulsó la Ley de Bancos Garantidos, que fundaba un sistema de bancos autorizados para emitir moneda con respaldo del gobierno nacional. El Banco Provincial de Córdoba (creado en 1873) se encuadró en ese sistema en 1888, obteniendo los fondos públicos que garantizaban los billetes en circulación, a cambio de la firma de letras de pago de vencimiento anual.

La Ley de Bancos Garantidos le otorgaba injerencia al estado nacional en la política de préstamos de los bancos privados, y a la vez atraía nuevas inversiones extranjeras. Pero en los hechos se produjo un descontrol especulativo y de emisión monetaria, creándose una espiral inflacionaria cuando los pagos de deuda superaron a los nuevos créditos disponibles. El colapso financiero largamente anunciado llegaría en 1890, con la casi bancarrota de la banca británica Baring Brothers, fruto de sus malas inversiones en la Argentina, llevándose puesta la presidencia de Juárez Celman. El descontento social ya se manifestaba en partidos progresistas y en el movimiento obrero organizado.

En Córdoba, el proceso de endeudamiento se replicó mediante autorizaciones para emitir billetes, que en 1888 duplicaron los 4 millones de pesos circulantes, con fondos anticipados por el Estado Nacional. “En el mismo año fue autorizado a aumentar su emisión, llegando a los 14,88 millones de pesos en marzo de 1889”, lo que dejó endeudada a la entidad provincial (Mónica Gómez: El Banco Provincial de Córdoba y la Crisis de Baring). La misma investigadora puntualiza que la actividad del banco cordobés durante ese período se concentró preferentemente en los préstamos, más que en los fondos públicos. “La proporción préstamos/activos totales fue del 98% en 1887, del 77% en 1888 y del 70% en 1889.”

La imagen del préstamo que se paga con un nuevo préstamo, se parece bastante a una huída hacia adelante, hacia el abismo. En Córdoba eran visibles las huellas del contraste entre los palacetes y los rancheríos, la alta cultura y la explotación. Las grandes obras urbanas, los proyectos grandiosos se realizaron hace no mucho más de siglo y medio, y alguien hubo de pagar los costos de la modernización, a la hora del inevitable ajuste. Fijarse en este aspecto ayuda a desmitificar la idea de progreso y a preguntarse por la relación entre los gestos ampulosos y las crisis económicas y miserias sociales que constituyeron su contracara. Todos esos monumentos, esculturas, parques y edificios suntuosos que embellecen la ciudad, tienen una parte proporcional enterrada de privaciones, humillaciones y explotaciones.

Como posibilidad para aproximarse a los ecos de aquella escalada inflacionaria, existen las voces conservadas por los periódicos de los años ’80 del siglo diecinueve. Se encuentran en esos textos expresión de las vivencias percibidas en el horizonte inmediato, como lo refleja el siguiente artículo de La Carcajada de Córdoba del 12 de febrero de 1888. El mismo se publica cuatro días antes del ingreso del Banco de Córdoba al régimen de Bancos Garantidos, creado por ley promulgada el año anterior. Ya era indisimulable la bola de nieve en que se estaba convirtiendo el modelo.

“Media Córdoba empeñada
Y es la pura verdad, sin quitarle ni añadirle un maravedí.
Media córdoba está clavada, es decir empeñada, amarrada con las fuertes cadenas de hipotecas.
Y la cosa continúa viento en popa, no estando lejano el día en que los bancos sean los verdaderos dueños de una mitad de la ciudad.
¡Pero cómo le han soltado hilo al barrilete!
Con razón se han hecho tantas compras estupendas y se ha tirado tanto dinero a la calle. Y decimos esto, porque para nosotros ciertas especulaciones que se han hecho no importan otra cosa que arrojar dinero a la calle por la facilidad con que se obtenía.
Puede aseverarse que todo ese gran movimiento de edificación que se nota en todas partes, se lleva a efecto con plata prestada.
Más claro, son los bancos los que están haciendo trabajar, y por lo mismo son ellos los que más tarde o más temprano tienen que quedar de dueños.
Lo hemos dicho repetidas veces –este movimiento que se nota no para de ser un movimiento ficticio, sin base.
La propiedad ha subido su valor de una manera extraordinaria, pero esto es debido a que era el único venero explotable que se les presentaba a los capitalistas improvisados, a esos Cresos que han aparecido entre nosotros de la noche a la mañana.
Por manera que todo lo que se ve no es sino oropel.
Medio Córdoba está empeñada.
Todos esos mercados, esos Teatros, esos palacetes, esos jardines, y tantas otras cosas que a uno lo deslumbran, son construidos con plata prestada.
Y no se quiera decir que esto no es cierto, una vez que en pueblos como el nuestro son bien conocidos los individuos que tienen capital propio y disponible.
Así, pues, el día que no se puedan satisfacer los compromisos contraídos, medio Córdoba será sometida al martillo del rematador.
Y cuando esto suceda, adiós mi plata, adiós valor de la propiedad, adiós especulaciones.”