Mestre, entre un Plan Marshall y la amenaza gremial

A diferencia de lo que sucedía en 2011 (un gobierno nacional hostil, una provincia sin recursos y un gremio lleno de jactancia después del interregno Giacomino), la estrella de los conducidos por Rubén Daniele parece estar declinando. Su oposición al Ente de Obras y Servicios públicos no ha generado solidaridad de ningún otro sector. Es un hecho que este proyecto, más allá de las bravuconadas sindicales, ha mantenido su marcha imperturbable, aprobándose en segunda lectura la semana pasada. El intendente quiere clausurar su primer mandato liquidando, al mismo tiempo, el mito de la invencibilidad de los municipales.

Por Pablo Esteban Dávila

KD9L9313Al contrario de lo que aconteció al asumir su primer período, Ramón Mestre tiene todas las de ganar cuando jure, “por Dios y por la Patria”, desempeñar fielmente su funciones por segunda vez al frente del Palacio 6 de Julio.

Esta no es una expresión voluntarista. Si bien es imposible obviar que el contexto general del país es complicado, tampoco pueden soslayarse algunas circunstancias objetivas que, de seguro, el intendente tiene bien presentes. La primera de ellas tiene que ver con el presidente electo, Mauricio Macri; la segunda con el próximo gobernador, Juan Schiaretti.No escapa a nadie –y desde esta columna se ha llamado la atención sobre el particular en numerosas oportunidades– que Macri tiene dos grandes bastiones propios (la Ciudad de Buenos Aires y la provincia homónima) y otros dos en los que tiene simpatías prevalentes –la ciudad y la provincia de Córdoba–, por llamarlo de alguna manera. El hecho que La Cámpora haya convocado a un ridículo boicot turístico contra el distrito por sus simpatías macristas señala hasta qué punto la reciente suerte del jefe de gobierno estuvo atada a los humores mediterráneos.

Cuando alguien saca más del 70% en un solo lugar, es claro que la categoría de “aliado” debe ser más amplia que restrictiva. Dado este antecedente, se descuenta que Macri hará todo lo posible para que a sus socios cordobeses les vaya bien, independientemente de su nominal origen radical o peronista. Mestre, dentro de este contexto, ocupa un lugar preeminente. No sólo es el intendente de la segunda ciudad del país sino que, después de los gobernadores Alfredo Cornejo y Gerardo Morales, es el radical electo de mayor importancia nacional. Sería natural, por consiguiente, que el presidente lo apoyara más allá de lo institucional, habida cuenta de la imperiosa necesidad del porteño por afianzar una urdimbre nacional que lo respalde y de la que todavía no cuenta.

Es natural que Mestre considere este apoyo como un hecho y que, naturalmente, imagine que consistirá en algo más que buenos deseos. Razones no le faltan. Tendrá línea directa con la Casa Rosada –un privilegio que sólo tuvo Luis Juez con Néstor Kirchner– y siempre podrá facturar que, cuando no abundaban las buenas noticias para Cambiemos, él obtuvo un triunfo que dedicó sin ambages al “futuro presidente de los argentinos”, expresión que, con las pruebas a la vista, resultó profética.

Por si fuera poco, esta ventaja tiene su espejo a nivel provincial. Juan Schiaretti no sólo ha demostrado históricamente su preocupación por llevarse bien con los intendentes de la ciudad (Daniel Giacomino que le debe el hecho de haber terminado razonablemente su mandato) sino que explicita, toda vez que puede, sus intenciones de continuar la senda trazada por José Manuel de la Sota respecto del radical.

Como se recuerda, la cooperación delasotista para con Mestre fue plasmada en el denominado “Pacto del Panal”, un acuerdo tácito que, desde el 2011, funcionó sin mayores inconvenientes. En su momento, la preocupación bilateral era mantener a raya la amenaza que suponía Luis Juez pero luego, una vez que aquella inquietud terminó de desvanecerse, el consenso mutó hacia cuestiones más próximas a la gobernabilidad y a los deseos del gobernador (tampoco verbalizados del todo) por volver a un esquema de bipartidismo atenuado, tal como el que regía antes de la irrupción del juecismo.

Se da por hecho, en general, que Schiaretti llevará adelante un “Pacto del Panal II”, pero todavía sólo unos pocos aventuran que esta reedición vendrá recargada. La razón de la prudencia estriba en lo reciente de las novedades económicas con que alumbrará la nueva gestión de Unión por Córdoba. Si De la Sota quiso ayudar a Mestre más de lo que efectivamente pudo, lo fue debido a las estrecheces con las que Cristina Fernández intentó someterlo durante estos años. Esta no será la situación de su sucesor. Gracias al fallo de la Corte Suprema y las declaradas intenciones de Macri por resolver las cuestiones pendientes con la provincia, el nuevo gobernador tendrá recursos que su antecesor nunca tuvo la chance de disfrutar. Esto le permitirá cumplir con las promesas que, en campaña, realizó respecto de la ciudad, algo que beneficiará al intendente de maneras muy concretas.

Este panorama, tan halagüeño que parece salido de una novela rosa, se ve amenazado por el mismo riesgo de siempre: el SUOEM. Sin embargo, a diferencia de lo que sucedía en 2011 (un gobierno nacional hostil, una provincia sin recursos y un gremio lleno de jactancia después del interregno Giacomino), la estrella de los conducidos por Rubén Daniele parece estar declinando. Su oposición al Ente de Obras y Servicios públicos no ha generado solidaridad de ningún otro sector. Es un hecho que este proyecto, más allá de las bravuconadas sindicales, ha mantenido su marcha imperturbable, aprobándose en segunda lectura la semana pasada. El intendente quiere clausurar su primer mandato liquidando, al mismo tiempo, el mito de la invencibilidad de los municipales.

Nadie espera, por supuesto, una claudicación de Daniele. Mañana habrá una asamblea general que, a fines prácticos, paralizará la Municipalidad. Además, si se considera la distribución geográfica de los CPC en los que habrá medidas de fuerza, es posible que haya complicaciones para ingresar a la ciudad desde Alta Gracia, Villa Allende y por la Ruta 9, lo que expandiría la protesta a un territorio estrictamente provincial. El gremio continuaría, mediante esta vía de acción, ganándose nuevos enemigos entre sectores que, en estricto sentido, deberían permanecer neutrales.

¿Volverá a negociar Mestre después de estas demostraciones? En rigor, ya no podría. La ordenanza de creación del Ente se aprobó conforme la Carta Orgánica y, como es público, contempla las primeras inquietudes planteadas por el gremio. Tal vez en la reglamentación encontrase algún margen pero, en tal instancia, la mayoría de los costos políticos habrían sido pagados. Además, y dadas la expectativas que existen respecto a la ayuda nacional y provincial, la propensión marginal a continuar con el proyecto contra viento y marea es alta. El intendente está convencido que los fondos para obra pública que eventualmente giren Macri y Schiaretti se aplicarían con mayor celeridad mediante las herramientas contempladas en el Ente que si ingresaran a la burocracia municipal, verdadera picadora de carne de la eficiencia.

Dicho en palabras simples: si el SUOEM nuevamente se saliese con la suya, el Ejecutivo Municipal correría el riesgo de dilapidar en minucias lo que, se espera, será un verdadero Plan Marshall para la ciudad. Mestre intuye que no volverá a tener una oportunidad como esta. Está por llover sopa; no se le ocurre, de ninguna manera, andarse con un tenedor a cuestas.