Helicóptero

Lo de la presidenta es tan grosero, tan torpe y supone tanta maldad depredadora que seguramente, pasados los años, las generaciones venideras se preguntarán cómo pudo una mujer así gobernar la Argentina durante dos períodos presidenciales.

Por Gonzalo Neidal

Quizá sea por pura fatiga. O por acostumbramiento. O quizá porque todos sabemos que se va y no tendremos que volver a escucharla en mucho, mucho tiempo. Pero por lo que fuere, es muy difícil de explicar que la amenaza presidencial no haya causado mayor indignación que la que supone una rutinaria mención en los diarios y redes sociales, como un hecho pintoresco de la siempre sorprendente política local.
La presidenta está ayudando a Daniel Scioli para que llegue a la Casa Rosada. Y lo hace a su modo. El que ya le conocemos. Esta vez, en un acto, con su candidato al lado, dijo que “ya tuvimos un presidente que fue Jefe de Gobierno de la ciudad; y se fue en helicóptero”. Una insinuación venenosa y una amenaza no tan velada. Traducida a un lenguaje más directo podría leerse así: “Hay que votar a Scioli porque a cualquier otro podemos desestabilizarlo y obligarlo a huir en helicóptero”. O bien: “Si no es Scioli el elegido, la incapacidad del que fuere terminará con manifestaciones, muertos y el presidente escapando en helicóptero”.
Un gran aporte a la calidad institucional argentina. Una gran ayuda para delinear el perfil de su candidato, también. Porque Scioli estaba sentado a su lado, con la cabeza gacha, aceptando todo lo que decía su jefa. Exhibía, orgulloso, los zapatos embarrados, como diciendo “vengo desde el país profundo, de mezclarme con el pueblo, en consecuencia nadie dude de que soy un heredero digno de este gobierno nacional y popular”.
Lo de la presidenta es tan grosero, tan torpe y supone tanta maldad depredadora que seguramente, pasados los años, las generaciones venideras se preguntarán cómo pudo una mujer así gobernar la Argentina durante dos períodos presidenciales.
Vendrán nuevos tiempos. Ojalá que más pacíficos y con mejor disposición a la conciliación y los acuerdos. El que gana gobierna y el que pierde ayuda, decía Ricardo Balbín. No parece ser éste el espíritu que prima en este momento si el triunfador llegara a ser Macri.
Es increíble que sea la propia presidenta la que alimente con su resentimiento esta perspectiva violenta.