Sensaciones y realidades

Por Gonzalo Neidal

A una semana de los comicios del pasado 25, hay un hecho muy importante que no ha sido abordado por los analistas, al menos con la extensión que merece. Y es éste: la casi totalidad de los comentaristas, periodistas, sociólogos y demás, que habitualmente se encargan analizar la política nacional, vaticinaron unamplio triunfo de Daniel Scioli.
O peor aún, hablaban como si Scioli ya hubiera sido consagrado presidente por una suerte de ley sobreentendida y que todos daban por ineludible. Todos pensábamos que ganaba Scioli con la comodidad de varios puntos de diferencia. Lo que restaba ver era si esa distancia era suficiente para obligar a una segunda vuelta o no. Algo similar ocurrió en 1983 con Raúl Alfonsín. En ambos casos muchos percibíamos que los votos iban en una dirección pero nos allanábamos a pensar que no estábamos en lo cierto.
Ya sabemos lo que pasó. Pero queda sin explicar la sensación generalizada que embargó a los analistas. ¿Fue instalada por los encuestadores? Y en ese caso… ¿fue por simple error de cálculo o bien con deliberada intención? Lo cierto es que había una sensación de triunfo de Scioli por amplio margen que luego no ocurrió.
Y la distancia entre realidad y sensación desencadena reacciones exageradas en una u otra dirección. Pasó con los festejos de Macri. Y con el discurso de Scioli, que lució enojado tras conocer que su sensación previa no se correspondía con la realidad. Y el enojo, se sabe, es un modo del desconsuelo.
Quien también padeció el severo dictamen de la realidad, fue Aníbal Fernández. Él es uno de los creadores de esta distinción entre sensación y realidad. Quizá nadie tenía una sensación de victoria tan grande como él. Su frase a Clara Mariño, cuando ella le preguntó si triunfaría en los comicios, quedará para la historia: “Of course, por diez puntos”, arriesgó.
Por eso, aunque ahora podamos tener la sensación de una clara victoria de Macri el 22 de noviembre, debemos abstenernos prudentemente de vivirla como una realidad.
El humor político de los argentinos se ha mostrado muy cambiante.
Aunque esta vez nos parece que… no… mejor no decimos nada y esperamos a ver si se trata de una sensación o una realidad.