Presente griego para Tamarit: fin del cupo

ilustra tamarit y kristina con diqueTras varios años e incontables muestras de subordinación partidaria a los lineamientos del “proyecto nacional y popular” que encabeza Cristina Fernández de Kirchner, el rector Francisco Tamarit podría ser una de las víctimas políticas más damnificadas por el último movimiento de la bancada del Frente para la Victoria en el Congreso Nacional.
El miércoles pasado, el Senado le dio sanción a una inesperada reforma de la Ley de Educación Superior (LES), que determina que podrán ingresar “de manera libre e irrestricta a la enseñanza de grado” todas aquellas personas que hayan aprobado la educación secundaria.
Una implementación inmediata de dicha ley trastocaría de sobremanera los meditados pasos que Tamarit pretendería seguir hasta concretar, en marzo próximo, su reelección como titular de la Casa de Trejo.

Cupo en Medicina, polémica de larga data con final inminente
Desde que en el año 2005, la Facultad de Ciencias Médicas implementó por primera vez un sistema de cupo máximo de estudiantes que podrían ingresar a su carrera de Medicina, éste se volvió para las mayoría de las agrupaciones estudiantiles y del progresismo universitario, una fiel representación de los “ataques del neoliberalismo” contra la educación pública.
Durante los últimos 12 años, la feligresía académica del kirchnerismo debió soportar la incoherencia de cuestionar el cupo mientras que los legisladores nacionales del Frente para la Victoria mantenían su decisión (u obediencia) de no modificar una sola disposición de la ley universitaria del menemismo que habilitaba la restricción.
En este tiempo, la cantidad de plazas disponibles creció pero nunca alcanzó siquiera la mitad de la cantidad de aspirantes. Además, incontables emprendimientos privados encontraron en este sistema de ingreso una oportunidad para desarrollar sus negocios, a través de la multiplicación de “academias” que preparan a los aspirantes para el examen de ingreso.
La ley sancionada por el Congreso, establece que “todas las personas que aprueben la educación secundaria pueden ingresar de manera libre e irrestricta a la enseñanza de grado en el nivel de educación superior”.
Además, agrega que el ingreso “en ningún caso debe tener un carácter selectivo excluyente o discriminador”, eliminando cualquier margen para mantener discrecionalmente el cupo en la carrera de Medicina.
De esta manera, caería definitivamente un sistema ideado para lograr mantener los estándares mínimos de calidad en la formación de profesionales de la salud, sin que el Estado se viese obligado a desembolsar sumas astronómicas para garantizarlos.

Tamarit, entre la espada y la pared
Aun cuando la ley modificatoria no ha sido todavía promulgada ni reglamentada, su sola sanción ha generado movimientos telúricos de alcances insospechados en muchas universidades públicas del país.
La UNC no escapa a la situación, y a tan solo un mes del inicio de las inscripciones abundan las preguntas. Por ello, de acuerdo a fuentes del Rectorado, tanto Tamarit como el decano de la Facultad de Ciencias Médicas, Marcelo Yorio, habrían pasado el fin de semana en la Capital Federal, en busca de algún tipo de certeza al respecto de los pasos a seguir.
Sucede que, en la misma sesión, el Senado también sancionó el Presupuesto 2016, sin incluir ningún tipo de partida destinada a garantizar las condiciones mínimas para que las Universidades puedan desmontar el sistema de cupo manteniendo la calidad de la enseñanza.
Desde el lado de Yorio, las principales preocupaciones se relacionan a la inminencia de las inscripciones a la carrera. Empleados de Ciencias Médicas relataron a este diario que el viernes se multiplicaron las llamadas de interesados a inscribirse.
Si la Facultad tuviese que efectivamente recibir a todos los interesados, se enfrentaría a un inmensurable “efecto acumulado”, compuesto por aspirantes de los últimos años que no lograron por el cupo.
Un aumento significativo de estudiantes podría volverse inmanejable con las actuales modalidades de enseñanza, saturando los dispensarios y hospitales de alumnos practicantes. Por ello, Yorio aspiraría a obtener, al menos, un plazo de gracia para generar una transición entre el actual sistema y el ingreso libre e irrestricto.
Allí es donde comienza la encrucijada del Rector. A pocos meses de competir para ser reelecto en su cargo, Tamarit se vería obligado a atender una vez más fuertes tensiones dentro de la variopinta coalición que lo llevó al poder.
Las agrupaciones estudiantiles que tributan a Tamarit (La Bisagra, Sudestada-La Mella) han tenido la “lucha” contra el cupo en Medicina como una reivindicación fija en el manual del buen progresista. Ante la oportunidad generada por la reforma de la LES, difícilmente se muestren pacientes para con un proceso de implementación a largo plazo.
Por el contrario, sufrirían la presión de otras agrupaciones para forzar una liberación inmediata del cupo. Además, sectores docentes y no docentes del ala purista del tamaritista apoyarían la cruzada estudiantil.
El Rector se vería así obligado a terciar entre las necesidades institucionales (y financieras) de Ciencias Médicas y los apuros ideológicos-proselitistas de sus aliados de izquierda. Ante la inminencia de tiempos electorales en la UNC, las consecuencias de dicha disputa aún son imponderables para los operadores universitarios.