El dilema de los conversos PJ recientes

crdoba-el-candidato_433723El triunfo con olor a dudas y sin festejo shockeó al oficialismo nacional, que esperaba en el peor de los escenarios enfrentar el trauma del ballotage desde una situación más ventajosa. El impensado margen de menos de tres puntos entre Daniel Scioli y Mauricio Macri alteró los planes del FpV –más preciosamente del sciolismo- que reunió de urgencia a su estado mayor para recalcular la estrategia electoral.
Scioli ya dio el primer paso y a diferencia de la campaña durante las primarias, cuando eludió el debate presidencial, esta vez optó por aceptar el convite para medirse en un duelo mediático frente al titular del partido recoleto el próximo 15 de noviembre. El resto de las medidas comenzarán a develarse mañana.
Ayer fue tiempo de catarsis. El jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, convocó a los emisarios encargados de cada distrito electoral para reconsiderar los pormenores de los números del domingo, entre ellos Nicolás Milazzo, el supervisor designado para ocuparse de Córdoba.
La impensada performance nacional terminó por opacar lo que fue el mayor crecimiento en una provincia del kirchnerismo de las PASO a las generales (4,5 puntos). Pero hay que reconocer dos realidades. La primera es que el oficialismo partió desde un piso muy bajo. Y la segunda, la más gravitante, que Córdoba quedó consolidada con el faro anti K más claro (ver página 3).
Scioli dedicó mucho empeño para percutir sobre el blindaje del PJ local y apenas lo consiguió. En las últimas semanas luego de repasar varias veces sobre la estructura del justicialismo convocó a un puñado de dirigentes, que ciertamente le redundaron en una mejoría intrascendente para el escenario nacional.
Del botín electoral que dejó vacante José Manuel de la Sota apenas recibió unas migajas. Y sus sendos mensajes a Juan Schiaretti no permearon sobre el electorado. Macri fue el gran beneficiado de la ausencia del gobernador en la boleta. Su crecimiento por encima de los más auspiciosos sondeos se corresponden casi linealmente con el capital que relegó UNA en este tramo electoral (ver página 5).
Las incorporaciones que consiguió Scioli le rindieron en parte. Repuntar casi 5 puntos y superar inclusive a Eduardo Accastello supone una buena nueva para el sciolismo que también mostró un par de falencias en cómo articular la campaña para Córdoba
Si bien en la Capital logró mejorar inclusive los niveles que conquistó Carolina Scotto hace dos años, lo cierto es que sus socios no alcanzaron todo lo que se esperaba. Es cierto que el traslado de votos no es lineal, pero el sciolismo pretendía en cierto punto que el acercamiento con Tomás Méndez aportase una cuota más sustantiva, teniendo en cuenta los números de ADN en las municipales. Pero el comunicador evitó mostrarse durante la campaña y explicitar su apoyo al candidato presidencial K.
El resto del peronismo no K contribuyó pero tampoco alcanzó. El arribo de Carlos Alesandri supuso un repunte en el bastión del dirigentes hasta hace poco en las filas de UPC. El hombre de Calamuchita se quitó el lastre nac & pop y apeló al peronismo de cara a lo que resta de la campaña.
“Esta elección debe llamar a la reflexión a todos los peronistas de Córdoba y debemos evitar quedar atados a nuevos proyectos que nada tienen que ver con nuestra doctrina. Yo nunca fui kirchnerista y acompaño a Scioli porque busca recuperar al peronismo desde su doctrina. Por eso no acepto que se quiera entregar nuestras banderas y nuestro movimiento a Mauricio Macri”, señaló Alesandri, refrendando su filiación naranja.
De todas formas el listado de dirigentes peronistas cordobeses se encuentra bajo un dilema, propio de la sensación térmica poselectoral. Antes de las generales, por Scioli parecía la opción más segura, con las acciones en baja mantener esta apuesta representa un riesgo distinto al inicial.