Terror fraterno

Por J.C. Maraddón
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ilustra el grito de emma robertsLas existencia de las cofradías universitarias en los Estados Unidos constituyen un asunto tan poco asimilable a los usos y costumbres argentinos como el béisbol o el sistema electoral de aquel país. Son algo así como cofradías organizadas mediante reglas bastante particulares, que en la mayoría de los casos son consensuadas con las propias autoridades de las casas de altos estudios. Estas instituciones eductaivas aceptan su funcionamiento como una especie de tradición a la que hay que seguir alimentando a perpetuidad, bajo la excusa de que sirven para que los jóvenes se adapten con mayor facilidad a la vida estudiantil.
Bajo un férreo orden jerárquico y con estrictas exigencias para el ingreso de nuevos miembros, las actividades de estas asociaciones derivan en muchos casos en sucesos que bordean la crónica policial. Y en su ámbito suelen verificarse desde discriminaciones de todo tipo hasta verdaderas sesiones de tortura, siempre justificadas según una escala de valores que antepone la lealtad a cualquier otro sentimiento. No pocos escándalos escenificados en el marco de estas fraternidades han trascendido fuera de los campus universitarios, y han motivado enconadas críticas que cuestionan la necesidad de seguir dando cabida a este tipo de organizaciones.
El cine, obviamente, se ha hecho eco de las correrías de estos agitadores juveniles, y mediante la exhibición de sucesivas películas nos hemos desasnado quienes asistimos desde afuera a ese espectáculo no muy fácil de comprender. “Colegio de animales”, la desopilante producción dirigida por John Landis y protagonizada por John Belushi, expuso hacia finales de los años setenta la crueldad de estas hermandades, sólo asimilables para nosotros a ciertas prácticas habituales en los liceos y entre los conscriptos que eran reclutados para el servicio militar obligatorio. Linchamientos, bulling y otras finuras por el estilo servían para disciplinar y escarmentar a los más remisos (y a los menos también).
Casi cuarenta años después de aquel largometraje precursor de lo que luego se transformaría en poco menos que un género cinematográfico, la TV por cable está presentando una nueva serie de terror adolescente, en la que una fraternidad universitaria es el eje alrededor del cual se desenrolla la trama argumental. A esta altura, ya sabemos muy bien de qué se tratan esas cofradías. Y por eso, estamos en condiciones de entender “Scream Queens”, la tira estrenada el miércoles pasado por Fox, donde se muestra cuáles son los intereses que animan a los integrantes de Kappa Kappa Tau, una fraternidad de mujeres presidida por Chanel Oberlin, maléfica jovencita encarnada a la perfección por Emma Roberts.
La narración arranca en el año 1995, con un visible interés en que sepamos cómo se desató la cadena de tragedias que continuará veinte años después, en el presente, que es el tiempo en el que se desarrolla el relato. La Universidad Wallace será el epicentro de una sucesión de crímenes brutales, muchos de ellos aparentemente cometidos por un asesino serial, que se escuda bajo un disfraz diabólico. En un cóctel donde conviven lo kitsch con lo horroroso y en un tono que no teme desbarrancar hacia el humor bizarro, “Scream Queens” promete 13 episodios atrapantes, de los cuales ya se emitieron dos la semana pasada.
Mientras sesudos estudios sociológicos intentan que la sociedad estadounidense abra los ojos con respecto a los peligros que entraña el funcionamiento de las fraternidades, una de ellas es la excusa que encuentran los guionistas de “Scream Queens” para retratar la peor cara del cinismo que preside las relaciones humanas en la actualidad. Hasta las más increíbles historias encuentran algún asidero real, como ésta, que por mucho que caricaturice no deja de señalar una problemática candente.