Esquirlas de la derrota del FpV

Por Juan Pablo Carranza
[email protected]

p10-2Las esquirlas del séptimo lugar del domingo pasado amenazan con retrotraer al kirchnerismo local a su estado silvestre. La endeble concordia forjada desde Casa Rosada –que inclusive no reunió a todos los caciques- pende de un hilo luego de que Daniel Giacomino ni siquiera lograra superar al MST.
El pase de facturas era una consecuencia lógica de lo que se preveía sería un deslucido debut del FpV. Lo que no estaba en los papeles era calibre de las acusaciones, que comenzaron a tomar estado público en la misma madrugada del lunes.
Primero fueron las pintadas en el Anses. Este bastión K amaneció grafieteado con leyendas que sindicaban a Martín Fresneda y a Gabriela como “responsables” de esta debacle. Giacomino salió rápida y formalmente a desprenderse este evento.
Pero en las redes sociales la interna K adquirió otra temperatura, incluso más beligerante, tal como sucede en los escenarios virtuales. Haidé Giri salió con los tapones de punta contra su compañero de boleta y candidato a senador por el FpV, Fabián “Pipi” Francioni en su cuenta de Facebook. Una medida de la sensación térmica de la interna.
Se sabía de antemano que las chances del candidato no entusiasmaban. Pero la ortodoxia K se arriesgó a conquistar el voto puro “nac & pop”. Comprobó en carne propia la hostilidad en las urnas. Los resultados están a la vista. Si el candidato era el proyecto, el empeño o alcanzó los 3 puntos.
Reducir el resultado exclusivamente al vértice de la boleta no termina de explicar como el oficialismo nacional, luego de 12 años de gestión, no pudo sembrar voluntades propias que emerjan como depositarias naturales de su capital electoral en la segunda ciudad del país. Allí el daño que causó la fuga del sistema político de Carolina Scotto.
Cierto es que ninguna de las encuestas que florecían en los días previos a las elecciones anticipaba una caída tan pronunciada del FpV. Era un secreto a voces que la posibilidad de conquistar al menos una banca no era segura.
Por esta y otras razones la candidatura de Giacomino fue fuertemente resistida por varios de los caciques, principalmente aquellos más identificados con el peronismo. Durante su campaña electoral, Eduardo Accastello, evitó por todos los medios que el soldado de la presidenta alcance la bendición rosada. El desvaído resultado del 5 de julio le quitó este poder de veto y se refugió en Villa María.
Francioni y Martín Fresneda fueron los que más se opusieron a esta arriesgada empresa, a la que por lo bajo siempre calificaron de osada. No querían poner en juego el sello del FpV ante tanta incertidumbre. Es decir, tributarle a Scioli con este resultado. La decisión de Balcarse 50 fue inapelable. Siempre lo son.
Pero el compañero de bancada de Giacomino no la acató y decidió jugar abiertamente con Tomás Méndez junto con un puñado de kirchneristas de menor rango y estrecha simpatía con el sciolismo. La teoría de las dos canastas K. La decorada de naranja seducía más que apoyar a la nave insigne del proyecto.
Incómodo, el secretario de Derechos Humanos de la Nación y apoderado del partido no pudo eludir este arbitrio que resolvió La Cámpora en Capital Federal. Luego de algunos tironeos, el abogado tuvo que aceptar la decisión pero defendió todo el armado de lista que llegó desde la Casa Rosada. No había que cambiarle ni una coma.
Andrés “El Cuervo” Larroque y Eduardo “Wado” de Pedro auspiciaron la candidatura de Giacomino en los despachos porteños. Pero la sponsorización inicial no se tradujo luego en apoyos explícitos. Tampoco eran necesarios desde lo electoral, pero si desde lo gestual. No hubieran movido el amperímetro. Pero el titular de La Cámpora y el sub jefe de Gabinete de la Nación, ni siquiera bajaron a Córdoba para cerrar la campaña. La dejaron a la deriva.
Posiblemente hayan sido más leales al proyecto aquellos que desde un principio se opusieron a la candidatura del ex intendente, que los que le dieron combustible y se subieron al tren de Giacomino, ahora sin ningún tipo acreencia política.
El duelo para el kirchnerismo no puede prolongarse. La campaña nacional ya está en marcha. Las vertientes K que abrevan en la liturgia emocional del kirchnerismo gozarán ahora de los beneficios de la empresa proselitista que comanda Daniel Scioli.
Desde Villa La Ñata ya probaron lo complicado que es penetrar en el territorio cordobés y la impericia de UyO para encabezar este tipo de tareas. No está en los planes del presidenciable del FpV asignarle funciones a las tribus K en la campaña.
Por eso se encarga de administrar la empresa Córdoba personalmente. De a poco comienza a descongelar la operación mediterránea y envía emisarios para entablar relaciones con el peronismo. Hacia ese sector miran también los dirigentes locales K que tienen trayectoria en el justicialismo. Entienden que la alternativa es retomar los canales naturales del PJ. Habrá que ver entonces, en un posible gobierno de Scioli, cuáles serán los privilegios que reciban las tribus K cordobesas.