Mestre les ganó a todos y ya está en carrera para 2019

Por Alejandro Moreno
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KD9L5416[dc]L[/dc]a sonrisa forzada que mostraba Ramón Mestre en la foto de la cena aliancista del jueves 23 de abril, cuando debió compartir la mesa con Luis Juez y con Oscar Aguad, y con otros dirigentes imantados todos por Mauricio Macri, revelaba que el intendente pasaba por un mal momento.
Mestre había intentado ser candidato a gobernador, impulsado por los intendentes del interior y por la mayoría del partido en la ciudad de Córdoba, pero el dedo de Macri había elegido a la dupla Aguad/Juez, y seguir con ese objetivo parecía conducir a una ruptura histórica de la UCR.
El plan original de Mestre, en 2011, era gobernar la ciudad durante ocho años, pero las dificultades de la gestión municipal, y los terribles antecedentes de Germán Kammerath, Luis Juez y Daniel Giacomino, quienes retrocedieron en sus carreras políticas como consecuencia de pasar por las dificultades del Palacio 6 de Julio, habían convencido a muchos mestristas de la Capital de que debía enfocarse el objetivo provincial. A su vez, los intendentes del interior creían que ya era hora de dejar de negociar con gobernadores peronistas.
Macri tuvo otro plan, seducido por Juez, quien puso como condición para sumarse a la alianza que Mestre no sea candidato a gobernador; prefería a Aguad porque una derrota de la UCR lo colocaba, pensaba él, en la grilla provincial 2019. Luego, Juez se burlaría de Macri y violaría ese acuerdo, bajándose de la lista de candidatos a senadores nacionales.
Por entonces, Juez mostraba su doble discurso: era aliancista para la candidatura Aguad (sería su jefe de campaña) pero anunciaba que apoyaría a Olga Riutort para la Intendencia. Eso era un serio problema para Mestre, porque Riutort aparecía primera o segunda en las encuestas de intención de voto, y constituía un serio riesgo para el radical.

Otro tiempo
Anoche, la sonrisa de Mestre ya era franca: todo había salido mejor de lo esperado.
1) Logró la reelección;
2) Lo consiguió sin angustias, con una ventaja de casi diez puntos;
3) La (en un principio) temible alianza Juez-Riutort terminó cuarta, destartalándose las ambiciones presentes y futuras de los contradictorios socios de LyO;
4) Quedó ratificado como el máximo referente de la Unión Cívica Radical, y ya es el candidato a la Gobernación para dentro de cuatro años (aunque el protocolo del recién reelecto impida que lo confirme oficialmente).
Mestre ganó una segunda gestión y, a la vez, una segunda oportunidad. Tendrá, al menos, la posibilidad de corregir el error de sobreestimar la solidez de su grupo. Hace cuatro años escribíamos que Mestre había llegado al poder antes que el mestrismo; o sea, que detrás del intendente aparecía un grupo de dirigentes todavía frágil.
De hecho, uno de los obstáculos para ir por la Gobernación era que no quedaba un heredero claro en la ciudad de Córdoba. Ahora hay cuatro años por delante para instalar alguno: sea su hermano Diego o Javier Bee Sellares, por ejemplo.
Por eso, el impulso generacionalmente renovador de Mestre provocó una tensión innecesaria en la UCR. Oscar Aguad, Mario Negri y Miguel Nicolás quedaron en la mira del nuevo grupo, y se defendieron como pudieron.
Ahora, Mestre aparece más templado. Negri ha estado a su lado y su hijo es concejal electo. Nicolás solucionó viejas reyertas y también es un aliado del intendente. Pero ninguno de los dos , como tampoco otros referentes internos, lo reconocen como un líder; sí como el dirigente de mayor proyección.
Lo de Aguad es distinto. El diputado nacional se exilió ayer a Bell Ville, donde prefirió festejar con el intendente electo de esa ciudad, Carlos Briner, antes que con Mestre. Probablemente, su ingreso a la Casa Radical habría sido muy cuestionada por la mayoría mestrista. Aguad y Rodrigo de Loredo enviaron sus mensajes vía Twitter casi al mismo tiempo, y coincidiendo en enfatizar que el triunfo fue de la UCR. “Mi partido”, escribieron, como si hiciera falta ratificar el sentido de pertenencia.