Tamarit se desliga y pasa la pelota: nuevas facultades al Consejo Superior

KD9L6147[dc]N[/dc]ueve meses han trascurrido ya desde que, a comienzos de diciembre pasado, los informes que evalúan los dos proyectos de creación de facultades fueron ingresados a la comisión de Vigilancia y Reglamento del Consejo Superior. Desde dicho momento, los expedientes descansaron sin ser analizados ni discutidos por sus miembros (decanos y consiliarios titulares de los cuatro claustros). Sin embargo, los mismos serían desempolvados en la reunión semanal de hoy, según informó el Prosecretario General, Marcos Oliva, dos encuentros atrás.

Largo camino recorrido
A fines de mayo, desde el Rectorado se comenzaron a organizar reuniones con los trece decanos de la UNC. Además, circunstancialmente participaron los directivos de las escuelas e institutos que pretenden conformarse en facultad. Sin embargo, los 26 miembros restantes del Consejo Superior no han tenido aún la posibilidad de participar de la discusión en cuestión.
Si bien la creación de nuevas facultades es potestad de la Asamblea Universitaria (cuerpo conformado por los trece Consejos Directivos de las Facultades), desde el 2011 la UNC cuenta con condiciones y criterios a cumplir por los proyectos. Dichos requerimientos deben ser evaluados por el Consejo Superior, que a tal fin creó una comisión ad hoc para que analice los proyectos originales a la luz de los mismos.
Actualmente, solo 6 de los 17 miembros de la comisión ad hoc siguen formando parte del Consejo Superior, mientras que los 11 restantes ya concluyeron su mandato. Sin embargo, todos ellos habrían sido invitados por la exdecana de la Facultad de Artes, Ana Yukelson, a participar de la presentación de los informes que esa comisión elaboró.
Yukelson, quien se desempeñó como decana hasta fines de junio pasado, ejerció como presidente de la comisión ad hoc desde que la misma fue constituida, en septiembre del 2013. Así, se cumplió una tradición, en la que la discusión de una nueva facultad es encabezada por el decano de la unidad académica más reciente.
Por esta razón, durante el 2011 la actual vicerrectora Silvia Barei, quien conducía la Facultad de Lenguas, coordinó la discusión sobre el proyecto de la Facultad de Artes. Como resultado de las intensas negociaciones de ese entonces, el Consejo Superior aprobó la ordenanza de requisitos que ahora deberá aplicar.

Dudas sobre los proyectos
En las reuniones de decanos, los titulares de las facultades discutieron sobre el estado de cada proyecto, teniendo en cuenta dicha ordenanza. Las principales diferencias habrían surgido entre aquellos decanos que pretenden hacer cumplir la normativa y aquellos que se enfocarían en concretar la creación, basándose en argumentos políticos.
Si bien tanto la Escuela de Ciencias de la Información (ECI)como la de Trabajo Social ya cuentan con un nivel de autonomía académica, administrativa y financiera mayor que las escuelas de otras unidades académicas, la conversión a facultades mejoraría su peso relativo dentro del entramado político de la UNC. Como facultades, tendrían representación propia en el Consejo Superior y sus Consejos Directivos participarían de la Asamblea Universitaria, pudiendo participar de la elección del Rector.
Dicho argumento no satisfaría a la mayoría de los miembros del Consejo Superior, debido a los altos costos que implica montar la estructura política de una Facultad. La ECI habría presupuestado en más de $1.000.000 anuales (calculado con sueldos de enero del 2014) el monto necesario para pagar los sueldos de los nueve cargos directivos de la Facultad (decano, vicedecano y 7 secretarios).
Además, ambos proyectos contendrían necesidades presupuestarias para aplicar a la creación de nuevos cargos docentes y no docentes, así como a mejoras y ampliaciones edilicias. Dada la relación entre el alto costo presupuestario y el escaso mejoramiento de la calidad y oferta académica, los caciques de la UNC habrían planteado objeciones al avance de la creación. De cara a los miembros de sus respectivas facultades, ninguno de ellos podría hoy darse por satisfecho con la porción del presupuesto universitario que le toca.
Además, añejos anhelos de convertirse en facultad comenzaron a surgir durante este año en distintas dependencias de la UNC. El caso más explícito es el que vive por estos días la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. El Consejo de su Escuela de Biología pretende dotar a la misma de autonomía administrativa, académica y presupuestaria, pero el Consejo Directivo de la Facultad tiene bloqueada la designación del candidato a Director que propuso implementarlo.
Si la jerarquización de Biología se concretase, tras solo 5 años esta dependencia podría reflotar su proyecto para escindirse de Ciencias Exactas como Facultad de Ciencias Naturales, cumpliendo el requisito de “autogobierno” requerido por la normativa. Similares aspiraciones tendrían los directivos de algunas escuelas de la Facultad de Ciencias Médicas, quienes suelen aducir una supuesta preponderancia excesiva de la carrera de Medicina.

Tiempos de campaña
La demora en la discusión de estos proyectos pondría en jaque al rector de la UNC, Francisco Tamarit. En menos de 7 meses, deberá enfrentarse nuevamente a la Asamblea Universitaria, para intentar consagrarse en su cargo por un nuevo período.
Sin embargo, habiendo transcurrido más del 80 por ciento de su mandato, aún no ha logrado concretar ninguna de sus dos mayores promesas. Desde el mismo discurso del día de su elección, Tamarit puso énfasis en dos proyectos puntuales: la creación de dos facultades (Comunicación y Ciencias Sociales) y el establecimiento del sistema de votación directo para elegir al rector y a los decanos de la UNC.
Ninguna de las dos propuestas ha tenido avances significativos. Así como los proyectos de nuevas facultades aún están en discusión, la reforma del sistema de elección ni siquiera se constituyó en un proyecto concreto.
El apuro del Rectorado estaría relacionado con la necesidad de demostrar concreciones a uno de sus sectores aliados antes de llegar a la Asamblea. El hecho de no haber garantizado su discusión en el Consejo Superior hasta ahora, estaría siendo visto con malos ojos desde las partes interesadas.
Con el impulso de hoy, Tamarit buscaría asegurarse una buena coartada para cubrir su incumplimiento: responsabilizar al Consejo Superior (y principalmente a la oposición) si los proyectos no prosperan a tiempo.