La irrupción de Urtubey

Por Gonzalo Neidal

manzur_uturbey_dengue_300113_3_ef_22246Los analistas políticos no han dado demasiada importancia a un hecho que, por el momento, apenas se está insinuando pero que, en su desarrollo, puede llegar a sacudir la campaña presidencial.
Se trata de la incorporación del gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey como virtual vocero de Daniel Scioli para aquellos temas que supongan establecer algún tipo de diferencias entre una posible gestión del gobernador de Buenos Aires con el curso político, económico y de estilo del gobierno de Cristina Kirchner.
Es como si se hubieran dividido los roles. Para las coincidencias, adhesiones a la memoria de Néstor Kirchner, agradecimientos a Cristina, menciones a la profundización del modelo… para todo ello, está Scioli.
Urtubey, en cambio, aparece cuando hay que marcar diferencias, cuando hay que precisar distancias y criterios distintos a los oficiales.

Los números no se mueven todavía
Este fin de semana se publicaron tres encuestas distintas sobre la voluntad de voto a presidente. Son las primeras después de las PASO de comienzos de mes. Con matices, las tres ratifican los números de las primarias. La de un diario oficialista, realizada por ARESCO (que en otro tiempo era muy confiable), da ganador a Scioli sin necesidad de ballotage, por un margen exiguo. Las otras dos, llevan a la segunda vuelta.
Por eso, resulta muy razonable que Scioli intente hacer llegar un mensaje distinto a la pura repetición de los eslóganes K. Es el único modo que tiene de capturar voluntades distintas a las que ya mostraron su adhesión en las PASO. Y a esa nueva franja, probablemente muy crítica del gobierno, sólo se la puede conquistar si se transmite un mensaje que haga pensar que un gobierno de Daniel Scioli será distinto al de Cristina en aspectos sustanciales o, cuanto menos, importantes.
Scioli estaría dando señales alentadoras en privado. En pequeñas reuniones, a los empresarios les dice que comprende sus dificultades. Al agro, que conoce sus padecimientos y que los solucionará. A los sindicatos, que modificará el impuesto a las ganancias para evitar que cada mes una parte creciente de sus salarios vayan a parar a las arcas públicas. Y así. Pero, es evidente, eso no alcanza para configurar un perfil de flexibilidad ni para diferenciarse claramente de Cristina para, de ese modo, ensanchar su base política y electoral.
Pues bien, el modo que al parecer ha encontrado Scioli para marcar diferencias es la palabra de Urtubey.

Tomando distancia
Probablemente sea prematuro decir que Scioli tiene decidido tomar distancia del gobierno a fines de ensanchar su caudal electoral.
Probablemente las señales sean todavía tenues para hacer una afirmación rotunda y definitiva. En realidad, Scioli irá pulsando día por día hasta qué punto lo beneficia o perjudica la intensidad de la relación que mantiene con el gobierno. Y, en función de ello irá reorientando su discurso mucho o poco según vaya necesitando.
Urtubey dijo que le gusta de Scioli su modo de conducción más “horizontal”, con lo cual cuestiona el estilo presidencial, uno de los rasgos más irritantes de Cristina y que causa más rechazo entre los votantes que el gobernador de Buenos Aires debe seducir para triunfar.
También reconoció la existencia de anchas franjas de pobreza, dio la razón a Tévez en su polémica con los funcionarios de Formosa y aceptó que en su propia provincia el flagelo está difundido y que muchos salteños lo padecen.
También expresó que conoce las graves dificultades que tienen los productores salteños por la falta de rentabilidad y que ese es un tema que deberá corregirse.
Desde las PASO en adelante, Scioli no ha tenido buenas noticias. La candidatura de Aníbal Fernández no es ciertamente funcional a su aspiración presidencial. No es Fernández una figura amable que pueda sumarle votos a Scioli. Más bien todo lo contrario: es la presencia misma del kirchnerismo más guarango en su cercanía más íntima y en la provincia decisiva.
Tampoco ha sido feliz el combo electoral de Tucumán. Denuncias de fraudes, movilización popular, represión policial, críticas periodísticas, todo ello ha creado una clima (“sensación”, diría Aníbal) desfavorable para Scioli.
Y ambas cosas, Aníbal y fraude, proceden del corazón mismo del kirchnerismo. Ello y el discurso de Scioli siguen haciendo pensar a los votantes, para bien y para mal, que el candidato oficialista no es más que la continuidad del kirchnerismo. De lo bueno y de lo malo.
Y está por verse si con esa imagen podrá Scioli triunfar en octubre.