Apuntes sobre un pintor portugués

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

GEDSC DIGITAL CAMERA[dc]E[/dc]n 1857 el sexagenario pintor portugués Luis Gonzaga Cony se radicó en esta capital, donde fue nombrado por el gobernador Del Campillo como director del aula de dibujo creada ad hoc en la Universidad de Córdoba (que entonces dependía de la provincia). El decreto databa de agosto del citado año. En el Aula Académica de la Concepción, jóvenes alumnos y alumnas copiaban del natural, con la mayor fidelidad de que fuesen capaces, modelos de yeso o ilustraciones de dibujo francés impresas que les proporcionaba el maestro, quien –según recoge Luis Roberto Altamira en su semblanza- “iba y venía con su negro levitón” de un extremo a otro de la sala, entre los bancos de los alumnos. Modelos en yeso de esculturas clásicas fueron adquiridas en Francia a instancias de Gonzaga Cony, excluyendo las Venus desnudas “por no reunir la condición de honestidad” apropiada para el aula.
En diciembre de 1857, el diario El Eco Libre de Córdoba comenta la primera muestra de los alumnos. Al saludar “a los jóvenes y bellas que han puesto sus trabajos en la exhibición”, el diario manifiesta: “Felicitamos de veras a todas esas jóvenes que han presentado por primera vez al público tan bellas producciones, y deseamos vivamente que se ocupen de las bellas artes que son el paraíso donde la inteligencia se deleita y conserva al mismo tiempo esa fuerza angelical que debe haber en el corazón de una mujer.” También destaca el diario a un expositor, “el joven Gigena”: “En la exposición universal de los trabajos del aula de dibujo, que tuvo lugar el 8 del corriente, hemos visto un bellísimo cuadro de este joven; pues con justicia ha recibido de los inteligentes examinadores el primer premio de la 1° clase. (…) Tanto más han llamado nuestra atención las obras de este joven, cuando nos han informado que hace muy pocos meses entró al aula de dibujo casi sin ningunos principios.”
La escuela de Cony se puede decir que echó a andar la historia de las artes plásticas en la Córdoba del ochocientos. En cuanto a los méritos artísticos personales del artista portugués, los juicios históricos no le fueron favorables. Si supo encaminar a notables pintores en el oficio y la creación, él mismo no vislumbró la gloria artística, eclipsada por sus destacados discípulos como Genaro Pérez y Andrés Piñero. Incluso su metodología educativa fue luego objeto de críticas, como la expresada por el pintor Emilio Caraffa en el diario Los Principios de 1901, quien alude a la “pesada capa de equivocación artística que había aquí en esta docta ciudad, resultado de las enseñanzas del buen viejo Cony, (…) aunque tiene mérito por haber sido el primero acompañado de su buena fe”.
Sin duda Luis Gonzaga Cony realizó obras en Córdoba, ciudad donde residió hasta su muerte en 1894, aunque no han llegado hasta nuestros días muchas de sus telas. Su figura de pintor ha quedado condensada en un cuadro suyo, actualmente una de las “pinturas-estrella” del Museo Evita – Palacio Ferreyra: “La llegada del Ferrocarril a Córdoba”, firmada en 1871.
En su obra magna Gonzaga Cony resumió la descripción de los edificios característicos de la ciudad (la Catedral y el Cabildo), la sociedad civil, religiosa y militar de la época, las damas, la banda de música, todos quienes se daban cita en la celebración del arribo del tren; sus propios niños y niñas pintores, en vestimentas helénicas tenían un lugar preferencial; y se veían símbolos y alegorías neoclásicas con un soldado romano y la diosa Minerva incluidos, y otras figuras paganas y ángeles, y hasta un indio tal como los representaba la pintura europea del Barroco; e incluía los retratos de los próceres de la hora, entre otros Sarmiento y Mitre. En esa densidad de imágenes, la máquina del primer ferrocarril, objeto del homenaje, quedaba empequeñecida.
Se afirma que Gonzaga Cony pintó el telón de boca para el Teatro Progreso, inaugurado en 1876. Si esto es así, hay que decir que no fue aquel el primer emprendimiento pictórico de este tipo, por parte del anciano maestro de levitón negro. El mismo año de sus inicios en el Aula de la Concepción, 1857, el diario El Imparcial publicaba a pedido del propio pintor el “programa para un telón de boca”. Traducir a palabras la intención de una pintura nunca vista es una enorme limitación, pero en el texto que entrega Gonzaga Cony al diario, pretende compartir unas “Apuntaciones relativas a un cuadro Histórico, Mitológico y Político.” Concluimos estos breves apuntes con unas líneas extraídas de aquel texto.

“Composición del cuadro
El templo de Apolo, consagrado a las grandes festividades mitológicas, y colocado entre nubes, ocupa el frente. En el centro del templo, y sobre un alto pedestal, se notará el Escudo que sirve de tema, defendido por el amor de la patria, en la figura de un niño que sostiene con su mano derecha el Escudo, y con su izquierda el estandarte de la libertad. En medio del escudo, y en su circunferencia. Se leerán las inscripciones siguientes: 1° de Mayo – Unión y amistad. A su derecha estará la Unión; a su izquierda la Tranquilidad. El Genio de la Nación Argentina ocupará el primer pavimento de la derecha; y el de la izquierda, el Despotismo y la Paz.
En la parte alta y central del Telón, se dibujará entre una nube, el Ojo de Providencia enviando brillantes rayos de luz sobre u círculo de catorce estrellas rodeadas por una culebra que tiene la cola dentro de la boca; y de dos manos juntas que elevan en la punta de una basta bandera el gorro de la libertad: cerca de estas se verá una pira ardiendo.”