¿Argentina va hacia un ajuste como el de Brasil?

2015-08-20_DILMA_CRISTINA_web2Brasil, el mayor socio de Argentina, está en crisis. Económica y política. La referencia a esa situación empezó a colarse en la campaña de cara a octubre porque hay quienes sostienen que también en el país habrá que avanzar en un ajuste como el que está realizando Dilma Roussef. Un trabajo del economista Jorge Vasconcelos del Ieral analiza parecidos y diferencias entre las dos economías.
Plantea que en ambos las políticas fiscales expansivas no sólo tuvieron poco impacto dinamizador sino que han empeorado la competitividad, al tiempo que deterioraban el cuadro fiscal: hay un vínculo estrecho entre el aumento del déficit del sector público de 4 a 5 puntos del PIB entre 2011 y 2015 y la caída de las exportaciones, que en el caso de la Argentina es del orden de 30 % para ese período y de 23 % para Brasil.
Hay sí diferencias en el plano cambiario. Mientras en Brasil el tipo de cambio real contra eldólar subió 57% desde 2011, en la Argentina se dio el fenómeno inverso, con una caída de 11 %. Y sólo una fracción de la devaluación de la moneda brasileña puede ser atribuida a la crisis política.
Para el economista las historias paralelas de Brasil y la Argentina del último cuatrienio pueden ser descriptas haciendo eje en la falta de crecimiento y el cuadro crítico en el que se introdujo al sector externo. Por detrás de estas variables hay más elementos en común, caso del deterioro de los términos de intercambio, de un 20% aproximadamente desde 2011/12, y de una respuesta semejante de los gobiernos, que intentaron contra-restar sus efectos con políticas fiscales expansivas.
Las políticas aplicadas tuvieron “algún éxito en sostener e impulsar el consumo, pero el valor agregado conjunto de las economías (el PIB) se mantuvo virtualmente estancado porque las otras variables restaron al crecimiento, debido a que se retrajo la inversión y el sector externo hizo una contribución negativa, al caer más rápido las exportaciones que las importaciones”.
Subraya que la economía no creció pero, además, los efectos colaterales fueron muy negativos, ya que se perdió competitividad justo cuando los países más la necesitaban. Al analizar porqué la falta de resultados de las políticas contra-cíclicas frente a la caída de los términos de intercambio, Vasconcelos apunta que el primer impacto del descenso de los precios de las commodities fue equivalente a una caída del tipo de cambio de los sectores afectados, acompañado de una merma en las exportaciones.
La política fiscal expansiva generó un efecto negativo de “segunda ronda” sobre el sector externo: aumentaron las importaciones, con lo que se achicó el saldo comercial, mientras que la inflación comenzó a hacer subir los costos en dólares para todos los sectores, afectando al resto de las actividades de exportación.
El impacto de “tercera ronda” fue en detrimento de la inversión, por varios factores convergentes: a) disminuyó la rentabilidad del agro y de la industria quitando caja e incentivos para nuevos proyectos; b) el aumento del déficit fiscal achicó la masa de ahorros de la economía, recortando los fondos disponibles para la inversión; c) la mayor incertidumbre de origen fiscal y externo desalentó proyectos no sólo conectados con las exportaciones, sino también con el mercado interno.
La caída de la inversión entre 2011 y 2015 ha sido similar en ambos países, de entre siete y nueve por ciento medida a precios constantes: “Esto condiciona hacia delante la capacidad de la economía de volver a crecer, afectando al mismo tiempo la productividad del día a día”.
Advierte que el escenario político en Brasil es incierto y está cuestionada la capacidad de Dilma de lograr el apoyo del Congreso para seguir con el plan trazado a principios de año por lo que es posible que exista una “sobre-reacción” en la devaluación del real hasta la paridad de 3,50 por dólar de los últimos días. Sin embargo, ese nivel no difiere demasiado del tipo de cambio que se necesita para reducir el déficit de cuenta corriente de la Balanza de Pagos hasta un monto financiable por la menguada inversión extranjera directa.
Por tanto, subraya que la devaluación del real es un dato que el próximo Gobierno argentino “no podrá ignorar” a la hora de diseñar su política económica, en línea con las señales que vienen del resto del mundo, en un combo que incluye el fortalecimiento del dólar, la desaceleración del crecimiento de China y la declinación del precio de las commodities.
Para avanzar por el lado de la oferta de la economía conviene dar prioridad a las reformas, que a su vez requieren consenso y cooperación: “Para revitalizar la capacidad productiva del país, esas transformaciones estructurales deberían contemplar la eliminación de las trabas al comercio exterior, el replanteo del Mercosur, la introducción de más competencia en todos los mercados y de mejores regulaciones en aquellos con características monopólicas, el recorte en los subsidios económicos con fuertes efectos distorsivos, una conexión más directa entre los planes sociales y el trabajo y la capacitación, entre otros”.