Perdió, pero no se nota

0 ilustra macri massa y scioli con peluca de la sotaPor Pablo Esteban Dávila

[dc]J[/dc]osé Manuel de la Sota perdió en las PASO contra Sergio Massa; este es un hecho. Sin embargo, muchos comienzan a tratarlo como si fuera uno de los vencedores. Esta aparente contradicción tiene una explicación bastante sencilla: el millón cuatrocientos mil votos que obtuvo (un 6,4% del total) podrían resultar determinantes para que Daniel Scioli triunfase en la primera vuelta o bien para que la oposición forzase un balotaje.
Aníbal Fernández es uno de los que se entusiasma con la primera posibilidad. “El espacio de De la Sota es afín a (Juan) Schiaretti, y siendo afín a Schiaretti es más afín a nosotros mismos que al grupo de Massa”, sostuvo ayer en su conferencia de prensa matinal. Su ilusión podría tener alguna base racional, toda vez que, como buenos peronistas clásicos, tanto Fernández como De la Sota se conocen desde hace tiempo y han sabido mantener cordiales relaciones interpersonales.
No obstante este optimismo, subyace un profundo equívoco en el jefe de gabinete de Cristina Fernández: los votos delasotistas no son todos peronistas. Si así lo fuesen, no hubiera podido mantener el enorme poder del que ha gozado en Córdoba desde 1998. El gobernador ha sabido construir tras de sí una suerte de alianza sociopolítica que ha trascendido (aunque sin eclipsarla) su original base de sustentación justicialista. Entre quienes lo apoyan convergen electores de clase media, del interior rural, centristas moderados, liberales y obreros sindicalizados. De la Sota es un conservador popular moderno, con ese toque de paternalismo que seduce al justicialismo tradicional pero que no agrede a los valores de la clase media argentina no peronista.
Este trasfondo ideológico explica en buena medida el porqué de su éxito en una provincia que supo ser un bastión inexpugnable del radicalismo. Además, sugiere algunas pistas sobre donde podrían ir a parar sus votos en las próximas instancias electorales.
Para desazón de Fernández, la mayoría de los apoyos delasotistas podrían migrar hacia Mauricio Macri, no a Daniel Scioli. Esto lo decían las encuestas en forma previa y es lo que sugiere el más elemental conocimiento político. Quienes optaron por De la Sota lo hicieron porque son opositores, no porque quisieran dar un mensaje de kirchnerismo atenuado. Esto tiene sus razones. Durante sus tres años y medio como gobernador, el cordobés se ha enfrentado con los K por cuestiones tanto institucionales como ideológicas, quizá con mayor consistencia de lo que pudieron haberlo hecho los declamados opositores Massa y Macri. La provincia ha sido radiada de cualquier tipo de apoyo nacional, llegando al extremo de negársele ayuda federal en ocasión de la crisis policial de diciembre de 2013 o durante las trágicas inundaciones de las sierras chicas a comienzo de año. Si por la presidente fuera, ni la coparticipación hubiera enviado hacia estas tierras.
De la Sota no sólo sobrevivió al cerco impiadoso que le tendió la Casa Rosada sino que logró niveles récord de popularidad en el último tramo de su mandato. Esto hizo que muchos cordobeses lo eligieran como candidato a presidente pese a que, en el fondo, sabían que no sería suficiente para “llevarlo a la final”, tal como reclamaba su publicidad. Debe tomarse debida nota de esta singularidad: una provincia compleja y diversa, con escasísimos cordones sociales clientelares, opta por un voto que tiene un fuerte componente testimonial y poco de efectos prácticos. No deja de ser un notable reconocimiento colectivo a un liderazgo que supo sobreponerse a numerosas adversidades.
Buena parte de los apoyos delasotistas provinieron de ciudadanos desencantados con Macri. Todo el mundo sabe –especialmente el kirchnerismo– que el jefe de gobierno jugó siempre aquí de local. Si se juzgara el comportamiento electoral de la gente exclusivamente por criterios utilitarios, hubiera sido mucho más lógico que los cordobeses apoyaran a aquél antes que a De la Sota, dadas las mayores chances de éxito nacionales que, a priori, parecía tener el porteño. Esta presunción, no obstante,no fue verificada en buena medida por los errores del PRO en el distrito.
El factor Luis Juez fue determinante para que esto ocurriera. El actual senador, candidato nonato a su reelección y ya anotado para la intendencia, hizo quedar al macrismo como un harén de aficionados y sumiendo al radicalismo, de paso,en una grave crisis interna. Nadie puede explicar de cómo Macri lo impulsó tan decididamente y porqué toleró pasivamente su propensión al conflicto y a la traición. Al final le salió carísimo: perdió una provincia que consideraba suya a manos de un gobernador que no tenía chances objetivas de competir en octubre. No hay dudas que Juez es un huracán de destrucción política y que, pese a las advertencias, el PRO ignoró esta amenaza.
Tampoco Fernández debería ilusionarse con Schiaretti. El gringo sabe que, a partir de diciembre, será el jefe del peronismo local y que, en función de tal responsabilidad, no puede darse el lujo de erosionar la base política de su partido. En este sentido, los candidatos a legisladores nacionales de Unión por Córdoba han quedado atados a la suerte de Sergio Massa y nadie puede remediar este hecho, ni siquiera un Scioli mendicante y dispuesto a múltiples concesiones. En muchos aspectos, tanto Schiaretti como De la Sota son esclavos de su propio éxito, construido a fuerza de estructura, liderazgo y –un detalle que no es menor– de oposición al kirchnerismo. Les sería muy difícil escaparse de una camisa de fuerza que han tejido en forma tan laboriosa.
La improbable fuga de votos delasotistas hacia el Frente para la Victoria debería potenciar los afanes de Massa y de Macri, beneficiarios naturales de ladiáspora; sin embargo, a los dos les espera un arduo trabajo para apropiárselos. En el caso del hombre del Tigre, jamás logró enamorar a los cordobeses ni seducir a ningún dirigente de peso. Olga Riutort, una de sus primeras referentes territoriales, poco pudo hacer al respecto dado su irreversible alejamiento del ecosistema partidario. Tampoco parece haber cosechado nuevos apoyos en las últimas horas, excepto el civilizado respaldo del gobernador tras reconocer su derrota. No está claro que cosa pudiera hacer, excepto rogar porque los caciques partidarios cumplan los compromisos surgidos tras las PASO.
Macri tiene un futuro más auspicioso, pero también tiene cuentas que saldar. El affaire de Juez lo dejó muy debilitado frente a su electorado, visiblemente defraudado por la incorporación del personaje dentro su círculo rojo. Sus dificultades para hacer que los socios de la Triple Alianza cumplieran con los compromisos asumidos en su propio despacho colaboraron, asimismo, a forjarle cierta aurea de flojera. Resultó inevitable, por lo tanto, que este amateurismo evocara alguna impericia para manejarse en los asuntos del poder local, una sospecha que complicó sus chances y de la que deberá salir pronto si es que desea recuperar el terreno perdido.
De la Sota perdió, pero no se nota. Sus acciones cotizan en alza, y sus electores también. Tal vez encuentre la fórmula, en los meses siguientes, de capitalizar adecuadamente esta derrota tan redituable y con tantas lecciones para quienes desean evitar que Scioli se haga con el triunfo en la primera vuelta.