Mirando al futuro, UPC busca incidencia parlamentaria

Por Marcos Duarte
mduarte@diarioalfil.com.ar

DYN34.JPG[dc]L[/dc]as especulaciones sobre los movimientos del electorado en las elecciones presidenciales de octubre están a la orden del día. Sin embargo, pocos dudan de quien resulte electo necesita rá un acuerdo parlamentario para poder gobernar.
El actual oficialismo nacional gozó, salvo en una breve etapa, de un cómodo dominio en ambas cámaras. Esto fue una de las claves del poder acumulado por Néstor y Cristina Kirchner. Esta situación les permitió ejercer un poder casi absoluto, sin necesidad de acuerdos con otros sectores políticos.
El ciclo que en que muchos caracterizaron como “la escribanía” al Congreso Nacional parece definitivamente concluido. En el caso de que se mantuvieran los resultados de las PASO, ninguno de los candidatos que aparecen como expectables lograría una mayoría legislativa propia. En particular, la Cámara de Diputados amenaza con ser un terreno sísmico para el próximo presidente de la nación.
El Frente para la Victoria, sostén de un hipotético gobierno de Daniel Scioli es el partido que más bancas arriesga. El oficialismo, renueva los diputados electos en el 2011, en las que su cosecha electoral tocó techos históricos. En esos comicios obtuvo 77 escaños, si en octubre consigue una cantidad similar de votos a la que obtuvo en las PASO solo podría renovar 59. El bloque pasaría a tener 111 diputados, lejos de los 129 necesarios para lograr el quórum.
El radicalismo y el macrismo, quienes funcionarian como bloque oficialista en caso de triunfar Mauricio Macri, crecerían en representación pero no les alcanzaría para contar con mayoría absoluta. La UCR, que mantendría su condición de segunda fuerza en la cámara baja, sumaría 5 diputados más de los que arriesga; mientras que el PRO sumaría 18 representantes. Por su parte, el bloque del Frente Renovador contaría con 12 representantes propios.
El delasotismo observa este escenario con atención. Sus voceros han repetido, ante las insistentes operaciones de todos los sectores políticos, que respetarán su acuerdo con su aliado Sergio Massa. Esta decisión no solo es producto del deber de lealtad que surge del acuerdo entre los dos líderes que los llevó a competir en la interna abierta. Pasadas las PASO, las listas legislativas de Unión por Córdoba quedarán automáticamente adheridas al tramo presidencial encabezado por el tigrense.
Cierto es que el peronismo cordobés supo, en el pasado, resignar su representación parlamentaria en función de mantener el gobierno de la provincia. En el 2011, ante el aluvión cristinista, UPC bajó su nómina de diputados nacionales.
Producto de esta decisión política es que los diputados que logre colocar en la elección de octubre serán ganancia neta y se sumarían a los 3 obtenidos en el turno electoral del 2013, ocasión en la que logró un triunfo con Juan Schiaretti a la cabeza. De esta manera, y si repitiera la performance de las PASO, el justicialismo cordobés podría estructurar una bancada de 6 miembros puros.
En la situación de fragmentación que se augura para la cámara de diputados, la bancada de Unión por Córdoba sería una pieza clave en la construcción de acuerdos de gobernabilidad cualquiera sea el presidente electo. Tanto Schiaretti como De la Sota saben que esa posición de fuerza es la mejor garantía para hilvanar una relación aceptable con el próximo gobierno nacional, prioridad uno de la próxima administración provincial.
Por otra parte, el peronismo local tendrá la oportunidad de corregir uno de sus principales deméritos. El oficialismo cordobés es un caso raro ya que no cuenta con representación en el Senado nacional. La elección del 2009 fue ganada en este tramo por el juecismo, que colocó a los dos senadores por la mayoría; mientras que el radicalismo obtuvo el segundo puesto logrando ubicar al restante. La presencia en la cámara alta, escenario de negociación por excelencia, es un punto clave para Unión por Córdoba.
Por todo esto, el próximo turno electoral es trascendente para la dupla Schiaretti- De la Sota. La gobernabilidad de Córdoba y la incidencia en el escenario nacional pueden depender de la cantidad de bancas que logren conquistar. Todo hace pensar que buscarán coronar el triunfo que, contra todos los pronósticos, lograron el domingo pasado.