Trotskismo local cortó racha: solamente retuvo voto duro

NICOLAS DEL CAÑO FIT VOTAPor Yanina Passero
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Desde que la izquierda pasó del “milagro” de Jorge Altamira en 2011 a la elección histórica en 2013, cuando el Frente de Izquierda obtuvo tres bancas en la Cámara de Diputados de la Nación, cada elección se vive como un “hito revolucionario”. Claro que la algarabía que se siente en los reductos trotskistas por la expansión evidenciada en el último lustro no excede al realismo de sus dirigentes.
Sus aspiraciones son más modestas y los esfuerzos por la pugna del 25 de octubre se concentran en las ligas menores: llevar legisladores al Congreso. La campaña electoral refrescó un objetivo de trabajo que no es nuevo, pero que se renueva pugna tras pugna a la luz de la moderada avanzada que amplía su presencia territorial en varios puntos del país. Pero lo cierto es que la atomización de la izquierda es un punto que les pega de lleno a uno de los pocos espacios políticos que muestran expansión sostenida.
Se observan dos consecuencias a la luz de los resultados. En el plano nacional, si bien el FIT respetó el espíritu de las primarias abiertas de la jornada de ayer y abrió su interna para dirimir la candidatura presidencial entre dos postulantes, Jorge Altamira y Nicolás del Caño; varias fuerzas progresistas se perderán en el camino al no superar el 1,5 por ciento exigido para competir en las generales. El MAS, el MST y el Frente Popular quedaban afuera al inicio del escrutinio provisorio al concentrar cada una el 0,5%, punto más, punto menos. Progresistas, de Margarita Stolbizer pasó a la siguiente ronda cosechando el 2,94%. Estos eran los datos con el 24% de los votos contados en todo el territorio.
A nivel provincial ocurría algo similar. El FIT Córdoba no sorprendió si se tiene en cuenta que logró tres bancas en la Legislatura en las pasadas elecciones provinciales del 5 de julio. Un mes después, con el 51% de las mesas escrutadas, no lograba perforar su techo electoral: lograba el 3,7 por ciento de los votos para el tramo presidencial. Similar porcentaje reunía la sumatoria de las fuerzas progresistas que decidieron jugar en soledad.
buenos-aires-el-precandi_424304En el tramo senadores y diputados por Córdoba el trotskismo obtenía el cuarto puesto, con el 4,7% en cada tramo. Los fríos números permiten dos observaciones: la izquierda obtiene sus mejores resultados, aunque insuficientes, en los tramos legislativos; y de no revertirse la tendencia, no habría representantes por Córdoba del trotskismo en el Parlamento nacional (ver página 8).
Es probable que la izquierda transite por los típicos dolores del crecimiento. Pero resultados como los de las primarias de ayer deberían situar a la búsqueda de homogeneidad a la cabeza de los objetivos de trabajo. El pedido de unidad es compartido por cada una de las fuerzas que componen el espectro progresista, pero no logra su correlato práctico siquiera para los festejos. Altamira y Del Caño esperaron los resultados refugiados en sus respectivos bunker, compartiendo el luto por la muerte de dos fiscales en un accidente de tránsito. En Córdoba sucedió lo mismo.
Sin contar la interna del kirchnerismo bonaerense, la puja de la izquierda fue feroz. Altamira se defendió sin pelos en la lengua de los pedidos de “renovación” de un oponente que tuvo su vendimia en 2013.
“Nadie me puede imputar ego a mí, papá. Demoré siete décadas para que se me vea el ego. Es una vulgaridad. La mayor renovación la hemos desarrollado nosotros conmigo a la cabeza: tenemos gente de 40 años en todas las legislativas, el único que no está en un cargo soy yo, ¿está claro? Hay una especie de estupidez generalizada bajo el rubro del rejuvenecimiento. ¿Y la experiencia? ¿Y la trayectoria?”, se defendía el “decano electoral” en una entrevista a Clarín.
La cita es un reflejo de la acalorada interna que prometía sorpresas, más allá que el espacio no lograba superar su voto duro, también en el plano nacional. Con el 25 por ciento de los votos escrutados del total nacional, el discurso de la renovación de Del Caño se imponía a la experiencia del barón Altamira. La diferencia no definitiva escalaba los ocho puntos al cierre de la edición.