El tamaño sí importa

Por Pablo Esteban Dávila

sota1Al final, no hubo sorpresas. Las grandes tendencias que se vaticinaban antes de las PASO se confirmaron sin grandes variaciones. La tríada integrada por Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa –así, en este orden– fue la que se llevó el 90% de los votos, contabilizados sobre la sumatoria de los precandidatos de cada uno de sus espacios. Existían fuertes expectativas por el desempeño de José Manuel de la Sota dentro de la interna de UNA pero, al final, su aliado y competidor se llevó el premio. Una muestra a escala sobre lo que significa el desproporcionado peso electoral de la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, aunque a grosso modo este era un escenario previsto por las encuestas (que esta vez sí dieron en la tecla), la gran incógnita radicaba en los porcentajes que separarían a los principales candidatos entre sí. Como se sabe, el tamaño (de la diferencia, por supuesto) importa. A este respecto, y con el 28% de los votos escrutados, puede decirse que, medido de candidato a candidato, Scioli obtenía más del diez por ciento sobre Macri. Sin embargo, esta diferencia se achicaba a unos seis puntos al tomar a Cambiemos en su conjunto, un dato que parecería habilitar el ballotage. Sin embargo, si al final del escrutinio la diferencia entre el Frente para la Victoria y la principal coalición opositora se estirase a unos ocho puntos (lo que significaría que Scioli hubiera orillado el 39%), el motonauta podría verse beneficiado por un efecto aceleración hacia las elecciones de octubre. Massa, por su parte, aparecía también como un beneficiario del resultado, demostrando que todavía está vivo y con capacidad de daño.
El triunfo de Scioli arroja una serie de dudas hacia el futuro inmediato y que, básicamente, se resumen en una sola: ¿Scioli representa el neokirchnerismo o el post kirchnerismo? La respuesta es altamente provisoria pero, en esta etapa del proceso político, sólo puede estar ligada a otra cuestión: si la distancia que obtuvo contra Macri y Massa se debe a sus méritos como candidato o porque, a pesar de las prevenciones en sentido contrario, la presidente continúa fuerte entre la opinión pública. No es un asunto menor. De resultar finalmente electo presidente de la Nación, el gobernador bonaerense deberá buscar su propia legitimidad política abrevando en una u otra vertiente.
Otra conclusión es que Macri no ha logrado monopolizar la oposición contra el Frente para la Victoria. Los votos reunidos por Massa y De la Sota totalizarían un 22%, cifra que no desluce frente al 30% que obtendría la suma de los precandidatos de Cambiemos. Daría la impresión que, en las últimas semanas, los candidatos de UNA lograron arrebatar al jefe de gobierno porteño parte de la amplia base social que es contradictoria al Frente para la Victoria. También, que la suma de errores del PRO en Santa Fe (con Miguel Del Sel), en Córdoba (con Luis Juez) y en la conformación de la fórmula presidencial (excesivamente porteña), quebraron la inercia alcista del candidato amarillo. Este puede ser un claro mensaje para la estrategia macrista, visiblemente endogámica. ¿Será la señal que algunos esperaban para comenzar a urdir un frente opositor –sino en los papeles, al menos desde lo político– que quiebre la cerrazón del PRO respecto de potenciales aliados? Quedan dos meses apasionantes para dilucidar esta incógnita y, sobre la medianoche de ayer, el propio Massa deslizó alguna pista sobre el tema.
En este marco, Córdoba revalidó sus títulos de mosca blanca dentro del largo regnum kirchnerista. Aquí Scioli resultó tercero, mientras que De la Sota (el cuarto en el cómputo global de los precandidatos) cantó victoria. Lo único que se mantuvo a tono con los resultados nacionales fue el segundo lugar de Macri, claramente derrotado por el gobernador en el distrito. Como curiosidad y desde un punto de vista estadístico, las PASO replicaron casi al dedillo los guarimos de las pasadas elecciones a gobernador.
De la Sota ratificó la solidez de su base electoral. Probablemente la mayoría de quienes lo votaron lo hicieron a sabiendas que tal vez no triunfaría en su porfía con Massa. Este era un componente de cálculo que no afectaba, a priori, las chances del porteño, su directo competidor en la provincia. A pesar de esta amenaza perceptiva, el gobernador logró imponerse en casi todos los departamentos, tal como lo había hecho Juan Schiaretti un mes atrás. Incluso en la ciudad de Córdoba, decididamente refractaria al peronismo, De la Sota quedó a corta distancia de Macri, que era el claro favorito. Se duda, con esto resultados, que De la Sota pueda transformarse en el jarrón chino que, en forma jocosa, amenaza a convertirse luego del fin de su mandato. Seguirá siendo un referente ineludible, tanto en la provincia como en la Nación.
Es inevitable resaltar, una vez más, la matriz ideológica que diferencia a Córdoba del resto de la geografía argentina. Entre los votos de De la Sota y de Macri, el 75% del electorado cordobés se decantó por alternativas moderadas, centristas. En contraposición, Scioli estuvo incluso por debajo de Eduardo Accastello. En un distrito en donde la relación entre población y empleados públicos es la más baja del país, el dato no es en absoluto menor. ¿Reflejaría, tal vez, el pensamiento político que predominaría en la Argentina si hubiera más mercado y menos Estado? De alguna manera, el reverdecer del estatismo desde el 2003 (impulsado, asimismo, por la carencia de ideas competitivas en la oposición) ha colaborado decididamente para entronizar la hegemonía de los K. Un tanto paradójicamente, la reticencia de corte duranbarbista por hablar de temas substanciales ha fortalecido, por vía indirecta, la estructura funcional y el sprit du corps del kirchnerismo y, por decantación, la candidatura vicaria de Scioli.
Tal vez no le sirva de consuelo pero, en este marco, el triunfo de De la Sota en Córdoba podría representar que tipo de líderes preferirían los argentinos en un país que no estuviera permeado, hasta en los niveles más insospechados, por la presencia del Estado. También, que en la batalla de los discursos siempre primará (a pesar de los intentos de los consultores de la política light) aquellos más intensos por sobre los más insulsos. Cuando, como ocurre con la Argentina, los intensos se basan en mayor presencia del Estado sin el contrapeso de otros relatos de sentido contrario, el resultado será siempre el que se vivió ayer.
Como fuere, es un hecho que Scioli quedaría a pocos puntos de ganar en la primera vuelta si, por supuesto, lograse más del 40% de los votos y quedare a más de diez puntos por sobre su inmediato perseguidor. Esto hace que, para el bonaerense, Córdoba se transforme en una de las comarcas políticas de mayor importancia en el futuro inmediato. El tema, sin embargo, es complejo. El PJ local no puede abandonar a UNA porque sus diputados y senadores se encuentran atados, en adelante, a la suerte de Massa. De la misma manera, los electores que apoyaron a De la Sota difícilmente se inclinen ahora por Scioli, dadas las ideas que predominan en la provincia. Al menos para octubre, cualquier experimento con el justicialismo vernáculo será muy dificultoso de elaborar para el Frente para la Victoria.
El tamaño es importante y, en función de tal principio, los que se compitieron ayer quedaron razonablemente satisfechos con la mensura, aunque sin euforia. Scioli, porque está cerca de la cifra del umbral del triunfo y porque, individualmente considerado, Macri quedó detrás, a más de dos dígitos. El jefe de gobierno, por su parte, porque si suma los votos de Carrió y de Sanz quedaría cerca de lograr una segunda vuelta que imagina favorable. Massa, finalmente, porque demostró que fue capaz de resistir la erosión junto a De la Sota y evitar la polarización tan temida. El escenario continúa abierto, para pesadilla de los candidatos y solaz de los analistas.