Pase lo que pase, UPC continuará en UNA

cierre de la sotaPor Pablo Esteban Dávila

El peronismo de Córdoba es un caso curioso. Se encamina hacia las dos décadas de gobierno en la provincia y tiene un candidato presidencial que, según la opinión de muchos entendidos, es el más preparado de todos los que están en carrera. Sin embargo, puede que después de las PASO se transforme, en cuanto a su representación nacional, en una fuerza marginal.
Esta contradicción es sencilla de explicar. El próximo domingo, José Manuel de la Sota será uno de los dos precandidatos más votados en la provincia. Junto con él, la lista de diputados y senadores del justicialismo aparecerán al tope de las preferencias de los cordobeses. Pero este logro puede que tenga un festejo efímero: si el gobernador no logra triunfar ante Sergio Massa en la interna nacional de UNA, el partido se quedará sin su macho alfa.
De producirse, esta ausencia no sería un dato menor. En octubre, cuando tengan lugar las elecciones que realmente valen para asignar escaños en el Congreso, no dará lo mismo que la boleta peronista la encabece Massa o De la Sota, al menos en Córdoba. Si las PASO confirmaran una tendencia de polarización entre Daniel Scioli o Mauricio Macri (un escenario todavía hipotético), los esfuerzos que debería realizar el hombre de Tigre para conservar los votos obtenidos por su rival en la provincia serían prodigiosos. Frente a la ocurrencia de tal posibilidad, las especulaciones comienzan a extenderse como reguero de pólvora.

Algunos sostienen que si De la Sota no venciera a Massa, el PJ de Córdoba correría a alinearse detrás de la candidatura de Scioli. Esta hipótesis es apresurada y deja de lado dos importantes premisas. En primer lugar, porque los votantes del cordobés constituyen una coalición que excede al peronismo. Incluye también a liberales, moderados y conservadores de clase media que no admitirían la posibilidad de votar al kirchnerismo en su reemplazo. Esto es tan evidente que, durante la reciente campaña a gobernador, el propio Macri ordenó no golpear a Juan Schiaretti porque un 40% de sus electores podrían votarlo luego en las presidenciales.
En segundo término, el justicialismo tiene listas a legisladores que ya están atadas a la suerte de los candidatos de UNA, se llamen Massa o De la Sota. Inclinarse eventualmente por Scioli sería renunciar a la Cámara de Diputados y perder otra oportunidad de regresar a la cámara alta. Córdoba es la única provincia cuyo gobierno no tiene representantes en el Senado, una clara anomalía que se explica, exclusivamente, por la dialéctica de confrontación con el gobierno nacional.
Es un hecho que inclinarse por Sciolistas las primarias sería políticamente suicida, porque alejaría un importante sector del electorado provincial que hoy apoya al peronismo precisamente por su carácter opositor y porque liquidaría sus chances de contar con representantes nacionales. No vale, en este caso, extrapolar lo sucedido en 2011, cuando el electo gobernador De la Sota decidió retirar las listas partidarias como ofrenda a un posible entendimiento con los K que, por otra parte, jamás llegó. Ahora él es candidato e integra una alianza opositora, por lo que ya no tiene margen político para llevar adelante una maniobra como aquella, mucho menos cuando la elección nacional no está en absoluto decidida.
Probablemente sea por esto que el propio gobernador haya decidido ayer despejar cualquier duda sobre lo que ocurrirá tras las PASO. Ante los micrófonos de Cadena 3, Mario Pereyra le preguntó si “compartirá el espacio después de las primarias” con Massa, dado que últimamente “lo nota más duro con él que con Scioli”. De la Sota respondió indubitablemente que “estamos dentro del mismo espacio; si él nos gana, nuestra responsabilidad es apoyarlo”. Parecería ser el punto final para cualquier tipo de teoría conspirativa.
Por supuesto, los candidatos del justicialismo local se sentirían mucho más a gusto con su histórico jefe a la cabeza y no con Massa. De la Sota es garantía de una gran elección en Córdoba, mientras que el bonaerense no lo es. Quizá por ello el gobernador haya confiado en su sucesor electo su propia campaña presidencial y que probablemente le pida que continúe en tal rol si el exintendente de Tigre resultara ser el triunfador. Esto contribuiría a mantener la base electoral necesaria como para que el peronismo mantuviera su actual representación parlamentaria nacional y, un dato no menor, pudiera continuar con el perfil opositor que lo caracteriza.
Tampoco Scioli vería con desagrado esta situación. Al menos en la primera vuelta, a él le conviene que el ganador de la interna de UNA tuviera una performance destacada, tanto en Córdoba como en el resto del país. Todos los votos que pudieran dispersarse dentro de la constelación opositora sería ganancia para él. Si, en tal contexto, el peronismo mediterráneo eventualmente continuara apoyando a Massa, esto significaría menos votos para Macri y, con ello, mayores posibilidades de triunfo en la primera vuelta del Frente para la Victoria.
Un ballotage sería, por supuesto, otra historia. Si a tal instancia llegaran Scioli y Macri, es seguro que aquél buscaría dentro de la diáspora peronista los sustentos necesarios como para asegurarse el triunfo. Sería en tal momento –y no antes– que el justicialismo podría negociar un apoyo concreto a cambio de algún tipo de entendimiento institucional con la provincia. Cualquier acercamiento antes de aquella frontera política sería apresurado y, a todas luces, inconveniente desde el punto de vista político. Al menos hasta la segunda vuelta, si esta tuviera lugar, no habría novedades de monta en los alineamientos provinciales; las cartas están echadas y los jugadores saben que ya es tarde para retirarse de la partida, cualesquiera sean los resultados que depare el fin de semana.