Juez senador, un caso de publicidad engañosa

Por Pablo Esteban Dávila

ilustra macri y juez de cartonTodavía es posible escuchar, como una suerte de eco del pasado presente, las publicidades de Mauricio Macri que reclaman el voto para “Luis Juez senador por Córdoba”. No es un error de la pauta. Las piezas continuarán así, inmutables, hasta el 7 de agosto próximo, oportunidad en que comenzará la veda electoral.
Si se tratara de una campaña comercial, podría denunciarse a la coalición Cambiemos por “publicidad engañosa”, toda vez que su oferta electoral puede inducir a error a sus destinatarios o afectar su comportamiento. Es conocido que Juez –esa es su promesa– no será candidato del macrismo. De hecho, ya ha presentado su voluntad de renunciar ante escribano público.
Cuando se conoció la noticia que el líder del Frente Cívico se postularía como intendente en tándem con Olga Riutort, el radicalismo clamó por traición. Macri en persona había apoyado a Ramón Mestre para su reelección, nominando inclusive a Felipe Lábaque como su compañero de fórmula. En teoría, y si bien Juez estaba liberado en el tramo municipal, su nominación al senado gozaba de la aquiescencia tanto del PRO como de la UCR, descartándose que pudiera asumir personalmente un rol diferente y contradictorio con aquél acuerdo. Sin embargo lo hizo, desatando una crisis terminal en la alianza urdida por los operadores macristas.
El presidente radical, Jorge Font, asumió personalmente la tarea de desagraviar a su partido. Días atrás presentó una solicitud ante el juez Ricardo Bustos Fierro para que Juez fuera excluido de la lista de Cambiemos debido a que “su precandidatura a senador (…) constituye un ardid destinado a viciar la expresión del electorado ya que, conforme a sus propias manifestaciones, presentará la renuncia con posterioridad a las Paso”.
Era comprensible que lo intentara. El radicalismo tenía una obligación moral de poner en evidencia la perfidia de este aliado tan incómodo y mostrar su repudio hacia su conducta política. Alargar todo lo que pudiera la pataleta institucional sería una forma de debilitar su imagen de cara a lo que verdaderamente le importa a este partido: la continuidad de Ramón Mestre al frente del Palacio 6 de Julio.
Previsiblemente, el magistrado no hizo lugar a la presentación con un razonamiento de puro sentido común. Argumentó que “corresponde establecer que en nuestro ordenamiento jurídico el pedido de revocatoria debió interponerse ante el órgano que dictó la resolución, esto es ante la Junta Electoral de la Alianza Cambiemos” y que, por ello, “la pretensión efectuada por el Presidente del Comité de la Unión Cívica Radical resulta inadmisible”. Font decidió no apelar el decisorio quejándose, sin embargo, de una resolución tan “lamentable”. El lamento, se entiende, fue folclórico.
Juez ya sabía que no habría forma de quitarlo de la boleta macrista. Al contrario de los radicales, sus intenciones fueron las de invisibilizar su bochornosa vuelta de tuerca. Por tal motivo, intentó por todos los medios de minimizar la rabieta de sus socios, aclarando que su partida sería una cuestión de tiempo y que esta cuestión “no le interesa a nadie”. Exagerar la renuncia antes de las PASO, fue su tesis, era perder el tiempo. Cuando llegase el turno de las generales, las que verdaderamente valen, él aseguró que ya no estaría en la boleta. Lo reemplazaría –eso sí– Ernesto “Pollo” Martínez, aunque secundando a la macrista Laura Rodríguez Machado.
Justo es decir que la agachada juecista contó con la vista gorda del propio Macri. El jefe de gobierno, para decirlo de algún modo, se mostró contemplativo con la jugada del senador. Sin recriminaciones ni advertencias para el futuro inmediato, su campaña mediática siguió casi sin alteraciones, limitándose a cancelar una visita programada para esta semana. Aunque no se duda que Juez le está haciendo pagar un costo político innecesario a sus ambiciones presidenciales, la conmiseración macrista para con el personaje parece no tener límites.
Los radicales apuestan, por lo bajo, que el electorado castigará esta muestra de transfuguismo a través del corte de boletas. Confían en que el tramo de senadores será convenientemente cercenado del presidencial, mostrando la disconformidad pública hacia Juez. Este no es, por supuesto, el discurso oficial del partido. El propio Font se ocupó de aclarar que “(no se dará) esa instrucción” ni que “está en la cultura del radicalismo propiciar masivamente el corte”. Por otra parte, y si se lo hubiera alentado, se corría el riesgo de que el domingo por la noche las urnas hubiesen ignorado la instrucción. Manteniendo la elegancia formal de la que ha hecho gala por estas horas, la UCR bien podría festejar un masivo (y eventual) corte de boletas y, también, desentenderse de las consecuencias si tal acontecimiento no tuviere lugar.
Mientras tanto, se aproxima la prueba de fuego del domingo. Ya lo hemos dicho en otras ocasiones: si el factor Juez no hubiera aparecido en campaña, el decurso de los acontecimientos en la provincia hubiera sido todo lo favorable a Macri que podría preverse. Sin embargo, por capricho o diletantismo (o una combinación de ambos), el PRO decidió complicarse la vida desde el momento en que, contra cualquier pronóstico, decidió que el senador sería uno de sus dirigentes más gravitantes. Para que no queden dudas acerca de este yerro nótese, por si todavía no se hubiera notado, que hace ya rato que el candidato no fatiga la calle en condición de tal; sus novísimas aspiraciones municipales parecen haber absorbido todo su tiempo, incluso aquél que juraba le dedicaría a su jefe porteño.
Para los que no creen en brujas es necesario advertir que, el domingo venidero, el fantasma de Luis Juez sobrevolará los cuartos oscuros cordobeses. Estará en las boletas de Cambiemos pero no será candidato, si es que todavía puede confiarse en su palabra. Quienes, a pesar de todo, opten por votarlo deberán ser conscientes que hacen una apuesta al vacío excepto que, claro está, deseen hacerlo por la mucho menos conocida Rodríguez Machado. Mientras tanto, el rostro del líder del Frente Cívico sonreirá desde cada papeleta ya impresa, con la serena convicción que el tema “a nadie interesa”. Debería cuidarse un poco: con el tiempo, puede que él tampoco le interese a demasiada gente.