Una gran encuesta llamada PASO

Por Gonzalo Neidal

DYN11.JPGEl domingo que viene es la gran encuesta nacional.
La denominamos PASO pero, en los hechos, no es más que una encuesta. Al menos, en esta ocasión. Cierto es que resultará mucho más creíble que los desprestigiados relevamientos de los expertos. Una gran ventaja es que se trata de una encuesta con una muestra igual al universo completo. Todos dicen a quién prefieren. Y lo dicen con un voto.
En apariencia, no habrá sorpresa acerca de quiénes serán los candidatos que competirán en octubre por la presidencia. Las internas partidarias parecen resueltas de antemano. Sería una gran sorpresa si los candidatos que resultan no fueran Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa.
La percepción general, ayudada por las encuestas, es que las PASO consagrarán una ventaja de Scioli sobre el resto y un segundo lugar para Macri. Scioli ya habla como ganador e incluso como seguro presidente. Y todos lo tratan como tal: el periodismo, las instituciones, los partidos.

Lo que dice Scioli
Scioli ha optado por el silencio. Un silencio locuaz. Enfrenta todas las preguntas pero no responde a ninguna o, si lo hace, se expresa con una voz tenue, casi imperceptible, que los analistas escrutan con una lupa para encontrar en sus palabras algún indicio cifrado que permita intuir qué se propone hacer si accede al poder.
No hay modo alguno de arrancarle a Scioli definiciones precisas ni aún en los temas más relevantes. Expresa, sustancialmente, una continuidad de lo que ya existe. No quiere irritar al kirchnerismo ni rozarlo con una pluma. Teme el enojo presidencial y la pérdida de apoyo de la amplia base (¿25-30%, quizá?) que apoya al gobierno.
En los últimos días los analistas han percibido dos vías por las que Scioli estaría emitiendo un mensaje en código hacia los factores de poder y hacia el electorado no kirchnerista. Por un lado, en la tribuna y en sus gestos públicos, Scioli haría cristinismo puro: viaja a Cuba, elogia a Kicillof, se come los sapos del INDEC, los embates contra la Justicia, los ataques al campo y otras obsesiones K. Pero en privado, en reuniones circunscritas a unos pocos, Scioli tendría un mensaje tranquilizador y más osado respecto de los cambios que estaría dispuesto a emprender.
Otros cultores de la “sciología” han descubierto que es la activa Karina Rabolini quien expresa aquello que el gobernador cree conveniente callar. Ella fue la que dijo, por ejemplo, que quien gobernará será Scioli y que Carlos Zannini sólo acompañará, resolviendo así de un plumazo todas las suspicacias sobre el rol del candidato a vice, impuesto por la Casa Rosada.

Después de las PASO
No está muy claro para qué sirven las PASO en materia de determinación de los candidatos. Sirven sí, para pulsar el ánimo del electorado.
Después de estos comicios internos tendremos un panorama más claro sobre el recuento globular de las preferencias de la sociedad argentina en este preciso momento.
Sabremos, en primer lugar y ateniéndonos a la percepción previa que existe sobre los resultados, si la distancia entre Scioli y Macri pinta como irremontable o bien como posible de torcer en las elecciones de octubre. Este quizá sea el hecho decisivo y la utilidad más importante de estas PASO. Y ese resultado, su cuantía, podría incluso llegar a determinar cambios en las estrategias electorales, incluidos los discursos. Y los candidatos.
Por estos días se ha llegado a comentar algo que al menos existe como posibilidad: que el mentado acuerdo entre Massa y Macri, que finalmente no se alcanzó, pueda tener una nueva oportunidad. Si el resultado lo amerita, según estas versiones, Massa estaría dispuesto a ceder su ambición presidencial a cambio que Macri resigne la candidatura de María Eugenia Vidal en la Provincia de Buenos Aires y resuelva el apoyo a Felipe Solá.
Quedará por evaluar, en todo caso, si la abdicación de Massa, su desaparición del escenario electoral, beneficia efectivamente a Macri o si esa fracción –que se supone mayoritariamente peronista no-K- se volcaría principalmente hacia Scioli al que no pocos visualizan con temperamento independiente.
Siempre en tren de suposiciones, podría especularse también sobre un escenario con un Scioli triunfador pero por una diferencia que no se pueda presumir como definitiva. ¿Qué pasaría con su discurso en ese caso? Quizá se distanciaría del oficialismo para capturar los votos que le faltan de entre los seguidores de Massa y otros peronistas críticos del gobierno, que existen incluso en las filas del PRO.
En definitiva, estamos a punto de vivir una colosal y atrapante encuesta nacional que muy probablemente no sea inocua respecto de la configuración del calidoscopio electoral que seguirá hasta octubre.